Lo que me llevé del SEFF

La XIII edición del Sevilla Festival de Cine Europeo (SEFF por sus siglas en inglés) se llevó a cabo en la ciudad hispalense del 4 al 12 de noviembre de 2016. Durante esa semana larga de cine tuve la oportunidad de ver hasta trece títulos distintos de muy diferentes temas y narrativas. A continuación, hago un breve resumen de lo que me llevé del SEFF a través de esas trece películas que me dio tiempo a visionar.

DOGS, Bodgan Mirica. Rumanía, Francia, Bulgaria y Catar, 2016. 104 minutos.

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A las primeras de cambio llegó la primera decepción del SEFF. Dogs tenía una pinta estupenda pero resultó un despropósito enorme. Se trata de un thriller rumano en el que no se explica nada y en el que parece que lo único que le interesa al director es vender muerte e imágenes morbosas pero olvidándose de la historia y de las necesidades del espectador al que deja totalmente desamparado cuando los títulos de crédito hacen su aparición en escena. Es entonces cuando uno se pregunta: y todo esto, ¿por qué?

Por cierto, sensación que ya me ocurrió el año pasado con otra película rumana: One Floor Below de Alexandru Baciu.

THE BALLAD OF GENESIS AND LADY JAYE, Marie Losier. Estados Unidos, Francia, Alemania, Bélgica, Holanda y Reino Unido, 2011. 72 minutos.

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Lo más extraño que he visto en el SEFF ha sido esta película documental que explora el concepto de pandroginia. Genesis P-Orridge, nacida Neil Andrew Megson, conoció a Lady Jaye en una habitación de tortura BDSM, se enamoró de ella y descubrió quién era realmente. Desde entonces, ambas se sometieron a varias operaciones de cirugía estética para convertirse en gemelas perfectas. La pareja se redescubrió en la pandroginia, una ruptura de la dualidad hombre-mujer y un canto hermoso y raro a las nuevas realidades de género. Esta balada de Marie Losier me pareció una locura maravillosa.

LA MANO INVISIBLE, David Macián. España, 2016. 84 minutos.

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Isaac Rosa es uno de los mejores escritores españoles contemporáneos, un excelente periodista comprometido con su sociedad y uno de los más certeros retratistas de la ruptura humana que ha provocado la crisis en nuestro país. Sus novelas están escritas desde las entrañas pero usando toda la materia gris del cerebro de un escritor de izquierdas. Llevar una novela de Isaac Rosa al cine no es algo que pueda hacer cualquiera. Sin embargo, David Macián sale triunfante del envite en La mano invisible, una película que es carne cruda y que merece estar en todas las salas nacionales. El mérito es aun mayor si tenemos en cuenta que ha sido realizada mediante crowfunding. Al final de la cinta uno sale preguntándose si el guión no lo ha escrito Jordi Évole y, cabizbajo y herido, surgen otras cuestiones: ¿cuándo nos robaron la conciencia de clase? ¿Qué tiene que pasar para que renazca la solidaridad obrera? ¿En qué momento los pobres aceptamos que estaba bien enfrentarnos a nuestros semejantes y no a quien nos explota?

AMERICAN HONEY, Andrea Arnold. Reino Unido y Estados Unidos, 2016. 158 minutos.

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Vi el trailer de American Honey varias semanas antes de plantearme mi agenda en el SEFF y tuve claro que no me la iba a perder, así que la marqué en rojo cuando tuve el abono del festival en mis manos. Asistí un lunes por la noche con la sensación de que me iba a ir contento de la sala de cine. Nada más lejos de la realidad. American Honey es una promesa que no se cumple. Una road movie en la que el espectador se pasa 158 minutos esperando a que llegue el momento de quiebra que lo cambie todo. El resultado es una película plana con una banda sonora para enmarcar y unas ganas terribles de preguntarle a Andrea Arnold si nos ha tomado por tontos. Hacer películas, no sé, pero venderlas se le da muy bien.

SORDAS, Génesis Lence. España, 2016. 15 minutos.

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No es más que un cortometraje de quince minutos en el que lo más importante son los pequeños detalles que el film va mostrando. Sordas podría definirse como un catálogo de situaciones cotidianas para las personas no oyentes en las que seguramente no habrás reparado antes si tienes intacto el sentido del oído. A su favor habría que decir que deja con ganas de más. Habrá que estar atento al recorrido profesional de Génesis Lence, quien no duda en prestarse a proyectos de temática social tan necesarios en nuestro cine.

MARISA EN LOS BOSQUES, Antonio Morales, 2016. 90 minutos.

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Marisa es una Amélie a la española. La protagonista de esta película se dedica a solucionar las crisis personales de los demás mientras no termina de solucionar sus propios problemas. A veces ñoño, no se le puede negar la belleza visual a este largometraje que tiene un toque absurdo bastante cómico y que presenta al espectador varias formas de vivir sobre el alambre. Algunos de los personajes mantienen el equilibrio mejor que otros pero ninguno acaba impactando contra el suelo. Una cinta correcta, aprueba sin nota.

SECUESTRO, Mar Taragona. España, 2016. 105 minutos.

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Antonio Dechent fue galardonado con el premio Canal Sur Radio y Televisión a la Trayectoria Profesional. No vamos a descubrir a Antonio a estas alturas. Huelga decir que el premio es más que merecido. Como colofón a la gala en la que se le rindió homenaje, se proyectó Secuestro, una muy buena película digna de la sobremesa de Antena 3, en la que Dechent es un policía encargado de investigar un caso cada vez más enrevesado. Blanca Portillo, José Coronado, Vicente Romero (Con el culo al aire) y Macarena Gómez completan el reparto de una película digna de ser vista.

EL DÍA MÁS FELIZ EN LA VIDA DE OLLI MÄKI, Juho Kuosmanen. Finlandia, Suecia y Alemania, 2016. 92 minutos.

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Creedme si os digo que no me gusta el boxeo pero, en cambio, me encantan las películas de boxeadores. Debe ser por la épica narrativa que suele acompañarlas. El día más feliz en la vida de Olli Mäki se salta un poco los cánones del género. Para su protagonista, lo importante no es el combate por el campeonato del mundo, sino haberse dado cuenta de que está enamorado. Basada en hechos reales y rodada en blanco y negro, esta película aguanta dieciocho asaltos sin besar la lona pero tampoco gana por K.O. Divertida, hermosa y brillante, eso es El día más feliz en la vida de Olli Mäki.

IN BED WITH VICTORIA, VICTORIA, Justine Triet. Francia, 2016. 97 minutos.

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Casi la incluí por casualidad en mi selección del SEFF. Me faltaba una entrada por canjear y me venían bien el sitio y la hora. Gracias a los planetas por alinearse a mi favor. Me reí muchísimo con In bed with Victoria y me marché a casa muy contento. Lo que vi fue una comedia fresca, en un pequeño apartamento de locos que a veces parece el camarote de los hermanos Marx y en el que vive Victoria, una abogada a la que un amigo mete en el mayor marrón de su carrera profesional. En sus 97 minutos subyace un análisis de las relaciones de pareja desde tres perspectivas bien distintas: los que se llevan a matar pero viven en un ni contigo ni sin ti, el exnovio obsesivo y acosador, y aquellos a los que los fracasos anteriores les llevan a poner en riesgo el verdadero amor. Incluye un juicio surrealista en el que llegan a declarar un dálmata y un chimpancé.

KEEPER, Gillaume Senez, Bélgica, Suiza y Francia, 2015. 95 minutos.

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Keeper no es una película para adolescentes aunque tenga todos los ingredientes para ello: protagonistas de quince años, primer amor, embarazo no deseado de una menor de edad y un prometedor portero de fútbol que sueña con jugar en la élite y hacerse millonario. Sin embargo, Keeper es un dramón para todos los públicos y también un buen número de sonrisas de complicidad con la joven pareja protagonista, que parece vivir un amor indestructible. Plantea muchas preguntas y rompe ciertos estereotipos recurrentes en el caso que nos ocupa. El mayor éxito de Keeper es que consigue mover al espectador de la butaca y colocarlo en el centro de la pantalla. ¿Qué haría yo en el lugar de él o de ella? Altamente recomendable.

UNITED STATES OF LOVE, Tomasz Wasilewski. Polonia y Suecia, 2016. 104 minutos.

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Situación inicial: Polonia ha dejado atrás el comunismo y se abre al mundo. Sus protagonistas también desean hacerlo: se habla de viajar al extranjero y de la posibilidad de comprar un coche mientras las mujeres se empoderan en una sociedad cien por cien machista y ultracatólica. La fotografía nos muestra una ciudad helada, desértica y decadente en la que conviven personas con ansias de libertad y modernidad. Parte de esas ansías encuentran respuesta en el sexo y, sobre todo, en las relaciones prohibidas. Eso es United States of Love, cuatro maneras de amor prohibido. Buena película situada en el siglo pasado pero con una temática bastante actual.

LAND OF MINE, BAJO LA ARENA, Martin Zandvliet. Dinamarca, 2015. 100 minutos.

Under sandet (Martin Pieter Zandvliet, DK/DE, 2015)
Under sandet (Martin Pieter Zandvliet, DK/DE, 2015)

Lo mejor que vi en el SEFF se llama Land of Mine, que en su versión en castellano se ha titulado Bajo la arena. Ahí, bajo la arena de una playa danesa, es donde se sitúa la acción. La II Guerra Mundial ha finalizado y un grupo de soldados alemanes menores de edad es obligado a encontrar y desactivar las minas antipersona que han dejado sepultadas sus camaradas durante la invasión nazi de Dinamarca. Al grupo lo vigila un sargento muy agresivo, al estilo de La chaqueta metálica, cuyo corazón no es tan de piedra como parece a simple vista. Enorme trabajo de Martin Zandlievt y del reparto al completo para hacer de Land of Mine una película digna de enmarcar. Aplaudan de pie si la ven. Se lo merece.

NOCTURAMA, Bertrand Bonello. Francia, 2016. 130 minutos.

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Película prohibida en Francia. ¿Cómo no sucumbir ante tal reclamo? Nocturama “cuenta” la historia de un grupo de jóvenes que no tienen demasiado en común y que, no se sabe por qué, decide cometer en París una serie de atentados de forma sincronizada para luego, tampoco se sabe por qué, esconderse en un centro comercial a esperar que pase la noche. Necesito explicar cuánta rabia me produjo perder 130 minutos de mi vida viendo semejante despropósito. Mi reacción fue dormirme varias veces ante algo tan infumable. Me parece una tomadura de pelo. No hay más que morbo y violencia gratuita jugando con el sentimiento de millones de personas que se vieron afectadas de una u otra forma por los  auténticos atentados de París hace un año. Por mí, como si la prohíben en Arkansas o en Navalmoral de la Mata. Les estarían haciendo un favor a los cinéfilos del lugar.

EN RESUMEN

No ha sido para mí la mejor edición del SEFF pero siempre resulta una suerte poder visitar en noviembre varias de las cinematografías que se están dando en el viejo continente. Me quedé con ganas de ver Gurumbé, Canciones de tu memoria negra; La voz en lucha; Sólo el fin del mundo; La prunelle de mes yeux; Le cancre; Ma loute; Personal Shopper; Albüm; Belle dormant; Europe, she loves; Toni Erdmann; Aunque tú no lo sepas, la poesía de Luis García Montero;Mister Universo. Llamadme fatiguita si queréis pero es que me encanta el cine.

Se confirma mi maldición con el Giraldillo de Oro. Nunca he visto la película ganadora del festival. Parece que no se me da bien elegir. Este año, el premio más importante del SEFF se lo llevó Ma loute, de Bruno Dumond.

 

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I love San juan de Aznalfarache

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Foto: Carlos Amado para el grupo de Facebook “Sanjuaneros por San Juan”.

Soy de San Juan de Aznalfarache, un pueblo inusual con un nombre igualmente poco frecuente. Los castellanos quisieron domar cristianamente su antiguo nombre árabe y se ve que no les bastó con imponer al santo Juan con el que llegó la Orden de Malta, sino que le dieron vuelta al Hins-Al Faray que designaba hasta entonces la villa. Así que tenemos un nombre propio bastante complicado de pronunciar Az-nal-fa-ra-che. No intenten pronunciarlo como un autóctono si no son del sur porque pueden hacerse daño en la boca. La zeta se transforma en una hache aspirada y la última sílaba hay que pronunciarla por bulerías con un sonido de ese más que de ce-hache.

Más difícil que pronunciar su nombre es entender su idiosincrasia (otro palabro). Somos el pueblo con mayor inmigración de la provincia de Sevilla, somos el pueblo que está más cerca de Sevilla capital y más lejos de sus otros vecinos (Mairena del Aljarafe, Tomares, Gelves…). Somos el pueblo con más centros comerciales por metro cuadrado y más parados mirando escaparates. Somos el pueblo del “todo gratis”, el pueblo donde se tardan más de veinte años en construir un teatro, el pueblo donde siempre gana el PSOE (salvo una experiencia homosexual entre IU y PP en los noventa) pero todo el mundo critica al alcalde de turno. Somos ciudad dormitorio con ruidos que no dejan a muchos dormir. Somos cuna de escritores (Mateo Alemán y Cano Pavón, también adoptamos a José de Zorrilla para que terminase su don Juan), cantantes (Miguel Rodríguez, el ‘Sevilla’, Patricia Vela), deportistas campeones de Europa (el futbolista del Atlético de Madrid Enrique Collar y el atleta “Penti”, presunto y reciente doping aparte). Somos la orilla donde la luna más pura brilla y se respira mejor. Somos punto de venta de drogas, sede de Canal Sur Televisión, rifa casi diaria de 500 euros para la papeleta que coincida con las tres últimas cifras del Cupón de los Ciegos, Cristo del Sagrado Corazón mirando a Sevilla sobre la tumba del fascista Cardenal Segura (nuestro particular y querido Valle de los Caídos), muralla árabe de Almanzor a la que le dejan crecer las malas yerbas, dos (Betis y Sevilla) y otros dos (CMD San Juan y Loreto) equipos de fútbol, escenario cinematográfico (7 Vírgenes, Padre Coraje, Juncal…), Semana Santa con calendario propio, barrio alto y barrio bajo (cuestas y más cuestas), feria y mercadillo ambulantes según el año, sanjuaneros todos nacidos en Sevilla desde hace décadas con hospitales en Sevilla y Bormujos, elija usted.
Tenemos mil necesidades, un millón de promesas incumplidas e incalculables sueños rotos. Pero también tenemos fuerza y esperanza. Al menos yo pienso así y trato de poner mi granito de arena para cambiar nuestra realidad y nuestra imagen. Por eso no comprendo ni comprenderé al que se va a vivir fuera de San Juan y reniega de su origen. Yo he hecho patria de San Juan allá donde he ido o vivido. Mi pueblo no es el mejor pero podemos mejorarlo, depende de nosotros.

Joaquín Dholdan: “Ganarle otra vez a Brasil en Maracaná rompería el mito”

Joaquín Dholdan nació en Uruguay y, aunque lleva 15 años erradicado en Sevilla, se nota. Tiene una clínica dental en la calle Feria y su última novela, Estuario, fue publicada por Anantes a finales de 2013. No sólo escribe, sino que también actúa. Podemos verle encarnando al rey san Fernando en la webserie Capitán Nazareno inspirada en el cómic de Agustín Israel Barrera. Autor prolífico y bloguero empedernido, guarda buena relación con mucha gente, a pesar de eso, en esta entrevista, no se convidó a un mate. Será que no había desayunado todavía.

José Ibáñez y Joaquín Dholdan en un encuentro literario. Foto: Ismael Rojas.
José Ibáñez y Joaquín Dholdan en un encuentro literario. Foto: Ismael Rojas.

JOSÉ: Yo no sabía que san Fernando era uruguayo.

JOAQUÍN DHOLDAN: Ni yo lo sabía, eso fue idea de Jesús el de Un Gato en Bicicleta que me conocía y se le ocurrió que yo hiciera el personaje.

J:¿Qué es Uruguay, en qué se diferencia de Argentina y por qué existe?

JD: En una perspectiva mundial Uruguay y Argentina son la misma cosa. No debe haber dos países tan parecidos. No hay un motivo geográfico. Debería ser la misma región pero somos hijos del imperialismo. El imperialismo decidió en algún momento que ese puerto natural no fuera de nadie y fomentó la posible formación de una república independiente. Eso, con el paso del tiempo y las corrientes migratorias hizo que adquiriera una personalidad propia que podríamos llamar la república Oriental del Uruguay.

J:¿Qué le debe España a Uruguay?

JD: Haber sido el refugio, en un momento muy importante, de una cuna intelectual y política exquisita que forman los anarquistas que escaparon de la dictadura en España. Para suerte nuestra, esa gente cuajó allí y creó un país con unas características muy particulares con dos momentos cumbre. El primero se dio en la década de los 50 con leyes ultramodernas en ese tiempo como ley de divorcio, voto femenino, leyes laborales, que Uruguay fue de los primeros países que las tuvo, y el doble Campeonato del Mundo de Fútbol, que para nosotros es muy importante. Y el segundo es ahora: la legalización del aborto, de la marihuana, el matrimonio igualitario, el plan CEIBAL que logró una conexión con la educación en zonas muy muy marginales. Es uno de los países con más bajo índice de analfabetismo del mundo. Haber protegido a esa intelectualidad española repercutió en todo eso y en la misma España.

J: Tal y como está la situación en España y tal y como está en Uruguay con el gobierno de Pepe Mujica, ¿te dan ganas de volver?

JD: Sí, todas las noches. Eto’o dijo una frase preciosa que yo siempre se la robo… ¡Eto’o, eh!… dijo “Yo vivo en Europa pero duermo en África”. Yo, en cierto modo vivo en Sevilla y duermo en Montevideo. Me nombraste a Pepe (Mujica)… Hace como 3 años cuando Pepe recién estaba en el primer año de presidencia, hicieron Callejeros en Montevideo y se le encontraron en una esquina y le preguntaron por España. Entonces Pepe dijo: “España está cometiendo el error de estar más pendiente de Europa que de nosotros cuando nosotros somos realmente sus hermanos”. Yo creo que a España y a Portugal les iría mejor si hicieran alianza con el Mercosur.

J: ¿Qué te parece la situación actual de España?

JD: El imperialismo es esto. Los grandes capitales no tienen patria. Hay víctimas de guerra o de hambre. Acá el Santander te niega un préstamo pero en Uruguay te lo dan sin intereses… lo mismo que hacían acá hace 10 años. Yo a mis amigos los aviso pero es muy difícil no creer que tu vida pasa por tener el último iPad.

J: ¿Hay algún libro mejor que Las venas abiertas de América Latina de Galeano para entender la situación de esa parte del mundo?

JD: No sé si mejor pero hay varios muy buenos. Me gustaría que se escuchara más la opinión de los artistas. Jesús Vigorra le preguntaba en El Público Lee a los escritores latinoamericanos si América Latina tenía arreglo, Galeano dijo que sí. Yo tenía preparada mi respuesta si me hubieran llamado para ir al programa. Hubiera dicho que sí, que lo que no tiene arreglo es Europa. Y no había crisis.

Galeano también escribió Patas arriba. La escuela del mundo al revés, también está Prohibido pensar de Sandino Núñez. De todas formas, yo creo que la perspectiva debe ser occidental y no europea o latinoamericana.

J: ¿Dónde te sitúas con respecto al libro electrónico?

JD: Me va a gustar siempre el papel pero estamos en transición. No este, sino otro libro electrónico que todavía no se ha inventado será el libro del futuro. A mí me gusta el libro hasta cuando lo fotocopian. Los libros son caros. Tenemos que combatir la piratería pero también el precio. Los músicos y los cineastas ya entendieron que se les había ido de la mano el precio. Lo importante es que el libro llegue a la gente, no importa cómo.

J: ¿Distingues de alguna forma entre lo que publicas en papel o lo que ofreces en internet?

JD: No. Manuel Vilas dice que tiene un blog porque es gratis. Hernán Casciari ofrece su revista gratis y si te gusta la puedes comprar después de haberla leído. Creo que tenemos que aprender de este tipo de experiencias. Yo tengo ciertas cosas publicadas en mi blog que son mejores que otras que publiqué en papel.

J: ¿Quién es más conocido mundialmente Benedetti o Forlán?

JD: Lamentablemente, Forlán, que ahora se va a jugar a Japón donde quizás no conozcan a Benedetti. A mí me gustaría que la gente conociera a Benedetti pero más a Onetti o a Felisberto Hernández. Pero el fútbol tiene una penetración bestial, un Mundial es uno de los pocos momentos en que todos los países del mundo estamos de acuerdo en cuáles son las reglas del juego.

J: ¿Cómo se ganan dos copas del Mundo con sólo 3 millones de habitantes?

JD: Uno de los grandes misterios. Es un fenómeno cultural. En Uruguay, al nacer, tu primer regalo es un balón. También tiene que ver con la migración, con la cultura inglesa. La gente entiende la vida a través del fútbol, desde los intelectuales hasta las clases más populares que descargan su furia gritando en una cancha. En el último clásico Peñarol-Nacional hubo una gran pelea en la cancha y el juez condenó a los jugadores por las agresiones y por el mal ejemplo para la sociedad.

J: ¿Qué hará España en el Mundial de Brasil y qué hará Uruguay?

JD: España el Mundial lo va a perder y está bien eso. Debe aprender que no importa y recuperar la humildad perdida por culpa de los periodistas deportivos no por culpa del seleccionador o de los jugadores que, a veces, parecen más listos que los periodistas deportivos, debe ser el único lugar del mundo en el que eso pasa.

Uruguay tiene el reto de sobrevivir en el primer grupo de la historia en el que juegan tres campeones del mundo: Italia, Inglaterra y nosotros más Costa Rica que no te extrañe que sea la que pase. Si sobrevive, llegará lejos, pero será milagroso salir campeón. Soñamos con otra final en Maracaná contra Brasil pero rompería el mito del maracanazo.

J: ¿Cuántas veces hay que probar el mate para que te guste?

JD: El mate tiene un componente social que no tiene la cerveza; se puede conversar y tomar al mismo tiempo. Hay truco. Se puede empezar por el mate dulce pero al mate amargo hay que tenerle paciencia, inclusive para los tomadores de mate los primeros dos o tres son demasiado amargos.

J: ¿Qué tienen en común Montevideo y Sevilla?

JD: Tienen muchas similitudes. Montevideo es más grande pero tiene la misma población que Sevilla. La personalidad de la gente es parecida y a nivel cultural tienen mucha semejanza, ambas son ciudades del sur del país y capitales. A nosotros nos pasa que al ser capital del Uruguay tenemos una cierta actitud con respecto al resto del país que no puede ser demasiada porque tenemos Buenos Aires al lado. Yo creo que a Sevilla le pasa eso también. Es la capital de Andalucía pero tiene en Madrid y Barcelona a sus hermanos mayores.

J: Palabras prohibidas a uno y otro lado del Atlántico

JD: En Uruguay no se puede decir coger ni las señoras se pueden llamar Concha. No es buena idea decir en Uruguay que una mujer es pija. Mi mujer me dijo al llegar acá: “Trabajo en una tienda de pijas” y yo dudé de que fuera buena idea. Hay un palo flamenco que se llama cachucha, eso en Uruguay se utiliza para referirse al coño. Por el otro lado, un uruguayo no debería decir en España “correte a un lado”.

J: ¿Hay mucha guasa con la marihuana?

JD: Hay drogadictos de todo el mundo queriendo irse a vivir al Uruguay ahora (se ríe).  Es un tema de evolución, no es obligatorio fumar marihuana, simplemente está permitido.

J: ¿Cómo tiene los dientes un odontólogo?

JD: Tristemente depende de la cuna de la que uno venga. En Uruguay uno puede conocer la clase social de la persona por la boca y en España va a empezar a pasar lo mismo. Yo sufrí una boca peor porque venía de un barrio humilde y tuve que hacer la carrera para arreglármela.

J: ¿Por qué saliste de la Facultad de Odontología de Sevilla?

JD: Yo viene a Sevilla gracias a la Facultad pero llegó un momento en que tuve que elegir porque tenía tres profesiones: mi consulta, las clases en la Facultad y escribir. El ambiente universitario es muy competitivo con unos valores que no son exactamente los que a mí me gustan. En Uruguay la Universidad es pública, es laica, gratuita, cogobernada, autónoma, se dan debates, la presencia estudiantil es muy importante… Yo propuse una serie de cambios que no se iban a dar con una serie de talleres, fundé una ONG que hoy se mantiene pero me tuve que salir de la Facultad.

J: ¿Cómo resumimos tu biografía?

JD: Mi prioridad es escribir. Con diez años dije en mi casa que quería escribir y entonces mi familia me respondió que me iba a morir de hambre porque en Uruguay ya había dos o tres escritores de éxito que lo iban a seguir siendo hasta que se murieran. Me dijeron que eligiera una profesión con la que vivir y con la que me identificara. Tuve un momento en que pensé que me había equivocado, que me tenía que haber dedicado solo a escribir pero he podido compatibilizar ambas cosas, aunque tengo cierto estigma de que entre los escritores soy el dentista y entre los dentistas soy el escritor.

J: ¿Con qué personajes te identificas?

JD: Me gustan mucho las obras de Manuel Vilas. Me identifico también con los personajes y con la obra de Sara Mesa. En Uruguay me gusta mucho Henry Trujillo por el suspenso y Mario Delgado Aparaín que tiene un libro que se llama La balada de Johnny Sosa que es un negro sin dientes que canta blues en prostíbulos. El negro tiene una prótesis dental. Me identifico con él como paciente.

J: ¿Qué le debes a otros escritores?

JD: Todo. Ojalá le dieran el nobel a Stephen King, un escritor popular que tiene cosas excepcionales y que me dio el mejor consejo para un escritor: escribir mucho y leer mucho. Luego hay otros autores a los que les debo mucho como Quiroga, Alejandro Dolina, Manuel Vilas, Vila-Matas, Fernando Mansilla… seguramente a vos.

J: ¿Te han dado las gracias por escribir alguna vez?

JD: Sí. Yo escribía cuando estudiaba en la revista Prisma de la Asociación Odontológica de Uruguay. Hacía una página de humor en una revista que llegaba a todo el país a dos mil odontólogos y recibía la repercusión de forma inmediata en la Facultad. Recientemente sacaron un cuento mío en una separata.

J: ¿Qué te gustaría que le pasara a Estuario?

Estuario, Joaquín Dholdan. Anantes Gestoría Cultural, Sevilla, 2013.
Estuario, Joaquín Dholdan. Anantes Gestoría Cultural, Sevilla, 2013.

JD: Que lo leyera mucha gente, que fuera de mano en mano y trascendiera. También quisiera que la gente fuera a otras lecturas a través de Estuario y que la gente se acercara a la duda, a las dudas que planteo en la novela. La duda acerca. No le hagas caso a las cosas de las que estoy seguro porque te puedo alejar si no estás de acuerdo, en cambio si te planteo una duda nos hacemos compañeros de duda.

J: ¿Cuál es el sol de tu bandera?

JD: Mi familia. Yo dudo mucho de poner agradecimientos en mis libros porque siempre se queda fuera mucha gente pero me cuesta obviarlo porque yo tengo un espacio y un tiempo para escribir gracias a mi esposa y mi hijo. Hace muchos años que tengo resuelto con quién duermo cada noche y eso me hace ganar tiempo para ponerme a escribir.

Una nube con la forma de Groenlandia

Miraba el cielo buscando formas en las nubes. Lo había aprendido de una amiga la vez que visité París. Desde entonces, en cualquier sitio que me encontrase, me empeñaba en alzar la vista para descifrar formas blancas sobre tapices azules, rojos, negros o grises.

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Unos meses atrás, la nube que más llamó mi atención tenía la forma de Groenlandia. Me extrañó ver el mapa de la isla helada sobre el cielo de Mendoza. ¿Qué hacía Groenlandia sobrevolando Sudamérica? Las nubes son caprichosas.

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Como aquella ave fénix de algodón que escupía fuego en el atardecer invernal de Sevilla.

Pero la que estaba contemplando aquella tarde, era una nube medio suicida que se precipitaba desde lo alto hasta rozar el suelo de Aznalfarache.

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Era como un remolino de agua condensada; una especie de escalera al cielo o quizás un tubo de aducir abierto desde una nave extraterrestre. Me encaminé hacia la nube y comprobé asombrado cómo mi cuerpo comenzaba a elevarse. De pronto me vi subiendo cada vez más alto y más alto. Alcancé el origen del tubo y fui escupido hacia una reconfortante nube-cama. Desde aquella alfombra voladora estuve paseando durante días por los cielos de medio mundo. Al final, la nube-cama se hizo lluvia y caí con ella a pocos metros de la península Arábiga.

Año nuevo en tierra antigua

Vuelvo a pisar suelo patrio. Llegué a Sevilla poco antes de las dos de la tarde del 31 de diciembre tras casi dos días de viaje en los que me dio tiempo de visitar Roma por primera vez y de cagarme de frío en Barcelona.

He dejado muchas cosas pendientes en Buenos Aires. Muchas cosas y a mucha gente. Pero eso es bueno, porque significa una excusa para regresar cualquier día. No le quepa duda a nadie de que volveré a Sudamérica en cuanto pueda. Quizás vaya como viajero o quizás como aventurero, pero me volveréis a leer desde allá.

Este Buenos Aires del 2012 ha sido para mí una de las mejores cosas que me han pasado en la vida. En Boedo he vuelto a sentir la pasión del futbolista fracasado que soy que se conforma con meter un gol en una pachanga de entre semana. En Belgrano ha crecido mi yo escritor que es como decir mi yo entero. En ese barrio me he recuperado para la poesía. Y todo lo que sucedía durante dos horas a la semana en la cafetería Manhattan tenía su prolongación a lo largo de la semana en otros barrios porteños. En Barracas encontré una casa siempre abierta habitada por argentinos con corazón andaluz (¿O tal vez era al contrario?). En Almagro tuve mi casa gracias a mi casero y compañero de piso y a la vecina de arriba, que fue la primera persona en recibirme (amiga del amigo de un amigo…). En Chacarita me nació el interés por el guión de cine y fui testigo de la lucha de las televisoras comunitarias por su legalización frente a una sociedad que sólo está pendiente del enfrentamiento entre Gobierno y grupo Clarín. En el Microcentro todo fueron libros; la mayoría argentinos pero dejando sitio a una novela hecha en Sevilla por un amigo mío. En Palermo tuve todo el tiempo del mundo para pasear y para amar la lluvia. En el barrio Chino creé un pasaje para mi próxima novela. En La Boca sacié una resaca con choripán recién hecho.

En Puerto Madero de noche sentí una enorme nostalgia de la que vino a salvarme un SMS que me provocó las únicas lágrimas de esta aventura. En San Telmo descubrí la labor social de la revista Hecho en Buenos Aires, de la que hablaré aquí próximamente. Pero en San Telmo lo más importante fue que lo viví todo con alguien que me construye, me derriba y vuelve a edificarme.  En el Once tuve la primera despedida (la más importante). Buenos Aires se ha metido en mí a través de cada uno de sus barrios.

Y ahora estoy en Sevilla. Otra vez en casa. Extrañando Argentina. Otra vez indignado con la situación de España. No sé qué me deparará el 2013, sólo sé que el 2012 fue un año de cambios en el que perdí muchas cosas (pareja, trabajo, independencia familiar) pero en el que gané otras muchas (literatura, conocimiento, acción política, ganas de vivir). Sólo quiero que dentro de un año pueda mirarme y decirme, como ahora, que estoy haciendo lo que quería hacer aunque el destino siga sin ser demasiado nítido.

La nueva Córdoba

Madre nada más que hay una, pero ciudades con el nombre de Córdoba hay, al menos, dos. Yo conocía la andaluza. Desde ayer conozco también la Córdoba argentina.

imageEn esta ciudad no hay judería ni mezquita-catedral, aunque sí hay unas iglesias impresionantes y un callejón de la memoria en el que recuerdan a los asesinados por la mano del conquistador español, de la dictadura militar y de otras manos igualmente sangrientas. Tampoco hay en la Córdoba argentina salmorejo, pero tienen acá unos hojaldres llamados criollos que están muy buenos.

La nueva Córdoba, que ya no es tan nueva pero que está bien maquillada, se diferencia no sólo de la vieja Córdoba, sino también de Buenos Aires, la única ciudad argentina que le gana en tamaño y población. Córdoba es más limpia que Buenos Aires y menos ruidosa. Su arquitectura no es tan caótica y el acento de su gente es distinto. Acá no se marca el “yo” ni la “lluvia”.

Por cierto que la lluvia está amenazando. De momento es sólo un augurio. Espero que se quede en eso porque dentro de un rato voy a salir de viaje para Villa Carlos Paz, un pueblo de la sierra.

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Si los encantos de esta ciudad pudieran parecer pocos, ayer tuve el placer de reencontrarme acá con una amiga cordobesa recién llegada de Sevilla. Suele pasar desde que españoles y argentinos decidieron no dejar nunca de moverse de un lado al otro
del Atlántico.

La noche y los libros

El 15 de diciembre Buenos Aires se dividía a grandes rasgos entre la Noche de las Librerías y el concierto de Serrat y Sabina. El primer evento tenía lugar a lo largo de la calle Corrientes en torno al centro de la ciudad y el segundo, en el estadio de Boca Juniors. Del primero tuve consciencia directa. Del segundo me llegó un recordatorio luminoso cuando terminaba para mí la noche.

A las 7 de la tarde llegué a la librería Sudeste (Corrientes al 1773, casi esquina con Callao) para asistir a la charla “Desmitificación del acto de escribir” de Gustavo di Pace, quien, además, firmó ejemplares de su libro de relatos Mi Yo Multiplicado. Con un título tan egocéntrico parece mentira que di Pace dijera “escribir es un trabajo contra el ego de uno mismo”. Pero, ¿qué otra cosa iba a decir alguien que enseña a quienes quieren aprender a escribir? A la gran obra se llega por medio del ensayo y error y en medio de ese aprendizaje es recomendable pasar los textos por el ojo revisor de un amigo, un familiar o un crítico. Capaz que no siempre nos gustarán las opiniones que otros tengan de lo que nosotros habíamos escrito. ¿Y qué? ¿Debe eso desanimarnos para continuar creando? Ni mucho menos. Aunque, como dijo Tito Cosa, “la gran escena escrita con la ginebra de la noche es una mierda con el mate de la mañana”. No importa. Los resultados llegarán después de muchas probaturas.

Como yo me dedico a escribir, a ustedes les invito ahora a leer unos versos míos que han nacido en Buenos Aires este diciembre de 2012. Ya están avisados de que me pueden criticar si quieren pero no por eso harán que pierda el ánimo de seguir ficcionando.

EXTRAÑAR TUS DEDOS (FRAGMENTO)

He quedado con vos

para soñar tus labios

para contar tus años

y rejuvenecer contigo.

[…]

Voy a quedar sin vos

para esperarte

para extrañar tus dedos

para cantar la ausencia

de tu frente.

Buenos Aires (935)Salí de Sudeste con una idea que sugiere un cuento y que, ahora que lo pienso, puse en práctica sólo media hora más tarde. ¿Casualidad? También salí de Sudeste con una bolsa llena de libros. Todos ellos de autores argentinos: Tres Jueces para un Largo Silencio de Andrés Lizarraga; El Señor Galíndez de Eduardo Pavlovsky; El Oro de los Tigres de Jorge Luis Borges; Libros Sin Tapas de Felisberto Hernández; Todos los Fuegos, el Fuego de Julio Cortázar; Boquitas Pintadas de Manuel Puig; y Los Siete Locos de Roberto Arlt. Esta larga colección de literatura argentina añade un problema más al sobrepeso de mi equipaje para el retorno a Sevilla. Ya veremos cómo me apaño.

La noche siguió en La Boca (que no en La Bombonera), terminó en Barracas en casa de unos amigos y mientras esperaba el colectivo en parque Lezama, unos fuegos artificiales me recordaron que habían pasado por Buenos Aires Serrat y Sabina.

Español, ¿yo?

Tanto en mi pasaporte como en mi DNI aparece la palabra España. Español es mi nacionalidad, por tanto. Tengo esa condición con sus correspondientes derechos y obligaciones (cada vez más obligaciones que derechos) simplemente por el lugar en el que nací. Otra cosa es el sentimiento.

Me suelo hacer esta pregunta muchas veces. ¿Soy español? ¿Me siento como tal? Los primeros días de diciembre son propicios para que me asalten las dudas. El 4 de diciembre de 1977 mi pueblo salió a la calle a pedir la autonomía que hoy tenemos. El 6 de diciembre de 1978 el pueblo español aprobó en referéndum su Constitución.

No tengo una respuesta clara. Supongo que no me molesta ser español, pero que tampoco me molestaría dejar de serlo. Ahora que estoy tan lejos de mi casa, me siento andaluz por encima de cualquier otra cosa. Tengo la certeza, además, de que Andalucía ha sido y sigue siendo pisoteada por España (o Castilla). Teníamos varias lenguas y una identidad como pueblo que fueron sepultados con la entrega de las llaves de la ciudad de Granada en 1492. Teníamos un Estatuto de Autonomía en marcha cuando se inició la Guerra Civil Española. Teníamos a Blas Infante y lo fusilaron. En nombre de España le pegaron por la espalda un tiro a Manuel José Caparrós en Málaga sólo por colgar en el balcón de la Diputación Provincial una bandera verdiblanca. Tenemos una forma de hablar de la que se mofan constantemente. Tenemos una fama de vagos injustificada que sólo responde a la envidia de aquellos que viven bajo un clima espantoso. Tenemos más de un millón de paisanos repartidos por todo el mundo. Tenemos una tradición de Gobiernos que han ido negociando en Bruselas políticas agrarias que han matado nuestro campo.

¿Y qué nos da España a nosotros? Andalucía no tiene siquiera una voz en el Congreso de los Diputados como la tienen Cataluña, País Vasco, Galicia, Navarra, Aragón, Canarias, la Comunidad Valencia…

¿Me siento español? Sí cuando juega la Roja. Sí cuando veo que la bandera española se torna morada en su tercera franja. Sí cuando las plazas se llenan de indignación. Sí cuando un grupo de gente detiene un desahucio. Sí cuando mi país avanza en sanidad y educación. Sí cuando leo Mortadelo y Filemón.

¿Me siento español? No cuando hablo con un catalán o un vasco. No cuando miro lo que España hizo en América. No cuando con un 30% de paro desde Madrid nadie enciende la voz de alarma.

Sé que soy andaluz, sé que soy sevillano y sé, como Lorca dijo, que estoy más cerca del chino bueno que del español malo.

El cine no comercial

La oferta cultural de Buenos Aires es inabarcable. Desde ayer, por ejemplo, se está celebrando un festival de jazz en el que algunos conciertos son gratuitos, el Centro Cultural de la Cooperación celebra su décimo aniversario, mañana llegan los estrenos a las salas de cine, el sábado hay un concierto a una cuadra de mi casa y, por supuesto, hay miles de propuestas diferentes en las salas de teatro del circuito Corrientes, el off Corrientes y el oficial con el Teatro Colón a la cabeza.

Yo hoy quiero hablar del cine, de una forma no comercial de entender el séptimo arte. Se trata de una serie de salas, no demasiadas, que me recuerdan al Avenida de Sevilla y a lo que, a veces, hace el Ábaco de Camas. Me estoy refiriendo al cine Lorca y al Arteplex, también a las salas del INCAA (aunque a éstas todavía no he ido).

En todos estos cines se pueden ver películas que ni se llegan a estrenar en el circuito comercial. Películas como Y, ahora ¿dónde vamos? de la que hablé hace unos días o como Moonrise Kingdom, que ya tuve ocasión de ver en Sevilla. También se permiten el lujo de reestrenar grandes joyas de la historia del cine como Casablanca y, por supuesto, todo el cine argentino pasa por la cartelera del Lorca, el Arteplex y el INCAA.

Quiero volver al último título que acabo de nombrar. Se cumplen 70 años del estreno de Casablanca. Yo, lo confieso, nunca antes la había visto. Estaba en pecado mortal hasta la tarde de ayer. Creo que no descubro nada si digo que estamos ante una de las mejores películas de la historia. Tendré que ser más personal si quiero transmitir lo que yo sentí al ver Casablanca.

Pues bien, llevo todo el día tarareando la melodía de A time goes by y no puedo ni quiero borrarme de la memoria el rostro de Ingrid Bergman como pasado por un filtro de seda mirando al sentimental de Humphrey Bogart.

A pesar de ser una ficción, creo que jamás había sido testigo de una historia de amor tan verdadera. El cine tiene estos logros. Que los siga manteniendo depende, en gran parte, de que existan salas no comerciales como el Lorca, el Arteplex y el INCAA en Buenos Aires o el Avenida en Sevilla.

Siempre nos quedará el cine no comercial.

Un jardín japonés y un libro español

Argentina son los argentinos y sus circunstancias. Y la mayor de esas circunstancias es que los argentinos proceden de muchas partes, sobre todo de Italia y España, pero también hay colectividades de japoneses, alemanes, chinos, armenios y polacos, más toda la inmigración lationamericana que no  para de crecer. Todos estos pueblos han dejado su huella en la ciudad de Buenos Aires, donde es más difícil encontrar la huella de los pueblos originarios.

Junto a la plaza Güemes, por ejemplo, se encuentra la plazoleta Ararat en honor al monte más alto de la Armenia histórica. Aunque Ararat, donde Noé dejó aparcada el arca, pertenece hoy a Turquía, sigue siendo uno de los símbolos nacionales de Armenia. Así mismo, hay un jardín holandés, una plaza de Italia, otra de Alemania, un monumento a los españoles, una plaza de Cataluña, un barrio chino, los colores de la bandera sueca en la camiseta de Boca Juniors… y un jardín japonés.

Entrar al Jardín Japonés de Buenos Aires cuesta 16 pesos (2,50 euros) y decir que la cámara es tuya y las fotografías son para uso personal. Después de eso, uno se da cuenta de que el jardín parece por fuera mucho más espectacular de lo que es por dentro. Aun así es un sitio lindo para visitar en el que se puede pasar un rato bastante agradable.

Pasé la mañana de ayer paseando por el Jardín Japonés y los alrededores aunque dejé la visita para el zoológico y el Jardín Botánico para otro día. E hice bien, porque por la tarde me esperaba un amigo español en la avenida de Mayo.

El farmacéutico y doctor de la Universidad de Sevilla, Manuel Machuca está en Argentina estos días con una agenda muy apretada. Machuca fue nombrado este lunes profesor honorario de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y está participando hoy en la Jornada de Atención Farmacológica que organizan la OFIL (Organización de Farmacéuticos IberoLatinoamericanos) y la UBA. Además, ayer presentó su primera novela Aquel viernes de julio en la sede de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) en la avenida de Mayo y mañana lo hará en Rosario, donde también participará en la 2ª Reunión de Ciencias Farmacéuticas. 

Aquel viernes de julio es un libro cuyo inicio se sitúa en la noche anterior al estallido de la Guerra Civil Española. Cuenta la historia de Borja Quincoces, un señorito andaluz que se enamora de Chari, una gitana del barrio de Triana.

Según Manuel Machuca, es una novela que habla de la identidad y en la que no ha querido ser partidista a la hora de abordar uno de los episodios más tristes de la historia de España. De todos modos, quienes conoces a Machuca sabemos de qué parte está. Prometo hacer una reseña cuando haya leído el ejemplar que me llevé ayer firmado por el propio autor. Otro día también os hablaré del sitio al que fuimos a cenar después algunos de los que estuvimos en la presentación de la novela.