Mumalá es nombre de mujer

Cada 25 de noviembre se celebra el día mundial contra la violencia hacia la mujer. Este año he tenido la oportunidad de sumarme a los actos que la organización Mumalá desarrolló dos días antes en la mítica plaza de Mayo, centro de todos los centros de Buenos Aires.

Bajo el nombre “Ponete la camiseta contra la violencia hacia las mujeres” Mumalá organizó partidillos de fútbol sala de equipos mixtos en los que jugaron personalidades de la política, la selección femenina de fútbol, la cultura y la comunicación de Argentina.

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Yo llegué después de un largo recorrido en Subte vestido como un futbolista profesional y como el único español que participaba en el acto lúdico-reivindicativo de la plaza de Mayo. Iba para jugar unos 10 minutos, pero terminé la tarde disputando tres encuentros y haciendo de árbitro (o referí) en otros tres o cuatro.

Quiero decir con esto que las Mumalá son mujeres que te hacen partícipe de su lucha. Uno no puede acercarse y ya está. Esta señoras y señoritas saben cómo transmitir el mensaje.

Mumalá (Mujeres de la Matria Latinoamericana) pretende hacer visible a la mujer en los ámbitos en los que aparentemente sólo existe el hombre.DSC_0234 Por otro lado, esta organización de militantes feministas trabaja para que, por ejemplo, en Argentina no muera una mujer cada dos días a manos de un hombre. Por eso una de las invitadas al acto del día 23 fue la diputada Victoria Donda, impulsora de la ley 26.485 para la declaración de Emergencia Nacional en el Congreso de la Nación que pretende prevenir y erradicar todas las formas de violencia hacia la mujer.

En Argentina hay mucho trabajo por hacer para conseguir la igualdad entre hombres y mujeres. En este país se está discutiendo ahora una ley del aborto, un derecho que en España parecía protegido hasta hace poco.

Mumalá está en una lucha en la que también se discute el tema de la trata de personas. En mi opinión, tener una mujer presidiendo un país no necesariamente ayuda a eliminar las desigualdades de género, pero debería ayudar. Igualmente, sin organizaciones sociales como Mumalá, estos temas ni entrarían en la agenda política, ya presida la nación un hombre o una mujer. En todo caso, la violencia de un sexo sobre el otro es un acto repudiable que deberíamos erradicar entre todos de nuestra sociedad.

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Un cementerio y una marcha (LGTB)

El sábado viví un día intenso que terminó bien entrada la madrugada. Fue un día de contrastes también, que comenzó en un cementerio y terminó en una marcha por los derechos de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (LGTB).

Pasado el mediodía me encontraba frente a la puerta del cementerio de La Recoleta. Había quedado allí  para ver tumbas, especialmente la de Evita. Nos costó bastante encontrar el lugar de descanso de la segunda esposa de Juan Domingo Perón.

En un descuido imperdonable, habíamos buscado su nombre en el mapa por el apellido del marido en vez del Duarte que le venía de familia.Subsanado el error, fue más fácil localizarla.

Encontrar la tumba de Evita supuso finalmente una enorme decepción. La gran dama argentina se encuentra en un mausoleo familiar en una angosta calle del cementerio. Llama más la atención la cantidad de gente que se detiene a contemplarla que la tumba en sí.

Al salir del cementerio, tomamos choripán en el parque Francés y caminamos hasta la Facultad de Derecho, la Floralis Generalis y la Biblioteca Nacional, para la que queda pendiente otra visita con más tiempo para ver la exposición de dibujos de Luis Alberto Spinetta.

La tarde-noche fue totalmente diferente al comienzo del día en La Recoleta. Nos esperaba la plaza de Mayo, en donde comenzaba la marcha LGTB.

Nunca había estado en un día del Orgullo. Siempre lo había visto por televisión. La verdad es que la experiencia fue alucinante. Sin duda repetiré el año que viene, me encuentre en la ciudad que me encuentre.

Una de las grandes cosas que tiene Argentina es el matrimonio igualitario, que por suerte va siendo más común de lo que era cuando España lo aprobó hace siete años. La sociedad no puede obviar que hombres y mujeres son iguales en derechos y obligaciones, como lo son también indistintamente de su condición sexual. Argentina en ese sentido hace ya unos años que dio un paso al frente. Pero todavía tiene que dar más pasos y por eso había mucha gente pidiendo una ley de identidad de género y la legalización del aborto. Son muchos los que no quieren que estas leyes se aprueben, pero todos sabemos que acabarán perdiendo.

La calle más larga

Dicen los argentinos que la avenida 9 de Julio es la calle más larga del mundo (también es bien ancha). Recuerdo que cuando vine por primera vez a Buenos Aires en agosto del 2011, me agobié muchísimo al salir del hotel en el que me hospedaba en la avenida de Mayo.

El centro de Buenos Aires es una selva. Si te quedas parado en un semáforo y no viene ningún coche, aunque esté en rojo, te empujan para que cruces la calle. Estoy viviendo en una de las diez ciudades más pobladas del mundo y eso se nota. La 9 de Julio es probablemente la mayor representación del gigantismo bonaerense. Aquí hay pantallas de televisión que anuncian la programación del Luna Park,

  grandes carteles publicitarios con el rostro de Leo Messi y el famoso relieve de Evita Perón que utiliza la presidenta Cristina Fernández como telón de fondo en sus ruedas de prensa.

La 9 de Julio existe incluso bajo tierra, no sólo por el Subte, que de alguna manera nace y muere aquí, sino porque bajo el Obelisco hay una serie de galerías comerciales donde uno puede encontrar cualquier cosa que pueda llegar a necesitar en la vida.

En el entorno de la 9 de Julio se encuentran lugares emblemáticos de Buenos Aires como la plaza de Mayo donde se reúnen las madres y abuelas de desaparecidos durante la dictadura, la Casa Rosada, el Café Tortoni (en avenida de Mayo) y el Teatro Colón (en la misma 9 de Julio), que dicen es la mejor ópera del mundo.

Otra de las grandes avenidas porteñas es la calle Corrientes, donde hay decenas de librerías que venden y compran libros de segunda mano, varios teatros y cines con toda clase de programación y algunos de los mejores lugares para comer o tomar algo. La calle Corrientes, sin ser tan larga como la 9 de Julio, es tan extensa que llega hasta mi calle (Salguero) y sigue más allá, un camino que en el Subte son unas siete u ocho paradas según la línea.

En definitiva, todo en Buenos Aires es megalítico e infinito. Pero esto es también un mito, como la argentinidad. Y eso me recuerda que mi grupo favorito es argentino. Os presento, si no lo conocéis, a la Bersuit Vergarabat.