Año nuevo en tierra antigua

Vuelvo a pisar suelo patrio. Llegué a Sevilla poco antes de las dos de la tarde del 31 de diciembre tras casi dos días de viaje en los que me dio tiempo de visitar Roma por primera vez y de cagarme de frío en Barcelona.

He dejado muchas cosas pendientes en Buenos Aires. Muchas cosas y a mucha gente. Pero eso es bueno, porque significa una excusa para regresar cualquier día. No le quepa duda a nadie de que volveré a Sudamérica en cuanto pueda. Quizás vaya como viajero o quizás como aventurero, pero me volveréis a leer desde allá.

Este Buenos Aires del 2012 ha sido para mí una de las mejores cosas que me han pasado en la vida. En Boedo he vuelto a sentir la pasión del futbolista fracasado que soy que se conforma con meter un gol en una pachanga de entre semana. En Belgrano ha crecido mi yo escritor que es como decir mi yo entero. En ese barrio me he recuperado para la poesía. Y todo lo que sucedía durante dos horas a la semana en la cafetería Manhattan tenía su prolongación a lo largo de la semana en otros barrios porteños. En Barracas encontré una casa siempre abierta habitada por argentinos con corazón andaluz (¿O tal vez era al contrario?). En Almagro tuve mi casa gracias a mi casero y compañero de piso y a la vecina de arriba, que fue la primera persona en recibirme (amiga del amigo de un amigo…). En Chacarita me nació el interés por el guión de cine y fui testigo de la lucha de las televisoras comunitarias por su legalización frente a una sociedad que sólo está pendiente del enfrentamiento entre Gobierno y grupo Clarín. En el Microcentro todo fueron libros; la mayoría argentinos pero dejando sitio a una novela hecha en Sevilla por un amigo mío. En Palermo tuve todo el tiempo del mundo para pasear y para amar la lluvia. En el barrio Chino creé un pasaje para mi próxima novela. En La Boca sacié una resaca con choripán recién hecho.

En Puerto Madero de noche sentí una enorme nostalgia de la que vino a salvarme un SMS que me provocó las únicas lágrimas de esta aventura. En San Telmo descubrí la labor social de la revista Hecho en Buenos Aires, de la que hablaré aquí próximamente. Pero en San Telmo lo más importante fue que lo viví todo con alguien que me construye, me derriba y vuelve a edificarme.  En el Once tuve la primera despedida (la más importante). Buenos Aires se ha metido en mí a través de cada uno de sus barrios.

Y ahora estoy en Sevilla. Otra vez en casa. Extrañando Argentina. Otra vez indignado con la situación de España. No sé qué me deparará el 2013, sólo sé que el 2012 fue un año de cambios en el que perdí muchas cosas (pareja, trabajo, independencia familiar) pero en el que gané otras muchas (literatura, conocimiento, acción política, ganas de vivir). Sólo quiero que dentro de un año pueda mirarme y decirme, como ahora, que estoy haciendo lo que quería hacer aunque el destino siga sin ser demasiado nítido.

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10 kilómetros hispano-argentinos

El cartel de la 3ª Maratón Hispano Argentina lo dejaba bien claro: “No se suspende por lluvia. ¡Te esperamos!”, pero a las 6 de la mañana la tormenta era tan estruendosa que me despertó de golpe. Tenía pensando levantarme una hora después y salir un poco antes de las 8 hacia los bosques de Palermo donde la carrera empezaba a las 9.

Algunos pensaréis, “están locos estos romanos, una carrera un lunes a las 9 de la mañana”. No os precipitéis, los argentinos saben muy bien lo que hacen. Hoy es feriado por el día de la Soberanía Nacional que fue el jueves. Aquí hace tiempo que se celebran las fiestas los lunes como se hará en España a partir del próximo año.

Llovía a mares a primera hora del día pero, por suerte, el cielo se calmó. Incluso había salido el sol cuando llegué al Monumento a los Españoles. A unos doscientos metros de allí estaba la línea de salida. El recorrido de la carrera formaba un total de 10 kilómetros. Sin embargo, en Argentina le llaman Maratón a las carreras populares, aunque la distancia no sea la que recorrió Filípides para anunciar en Atenas el triunfo de Grecia sobre los persas. Así que, aunque sea de mentirijilla, puedo decir que he corrido una Maratón en Buenos Aires.

Después de levantarme a las siete de la mañana un día de fiesta y recorrer media ciudad en Subte (14 estaciones en 2 líneas diferentes), pobre de mí, cometí tres errores en la prueba. El primero fue no llevarme nada de abrigo para cubrirme después de correr. Lo lamenté mucho cuando al llegar vi que habían preparado un guardarropa. El segundo error fue salir demasiado fuerte. Quería ir a un ritmo de 4’30″/km y en los dos mil primeros metros lo conseguí, pero mi velocidad decayó a partir del tercer kilómetro. No demasiado, pues completé la carrera en 48’50” (hubieran sido 45 minutos de mantener el ritmo inicial). Y ahí, en la llegada, me di cuenta del tercer equívoco. El chip que registra el tiempo de los corredores me lo había puesto sobre el pecho, atado al dorsal. Una de las chicas de la organización me aclaró que mi tiempo no quedaría grabado porque el sensor sólo visualiza el chip si lo llevas en el botín. Imagino que oficialmente no habrá constancia de que finalicé felizmente los 10 kilómetros. Lo cual es una lástima porque creo que he sido el primero de mi pueblo. Pero no importa; mis piernas saben que ellas han corrido durante casi 49 minutos sin parar ni un segundo y las he invitado a un relajante baño al llegar a casa.

Al terminar, agotado, un poco frustrado por lo del chip, bebí agua mientras por los altavoces sonaba la sevillana “Yo siempre fui con Triana”. Cuando ya me marchaba de vuelta al Subte de Plaza de Italia, una grabación emitía aquella mítica canción del toro y la luna. Para celebrar este día de hermandad hispano-argentina, os dejo con la voz de oro de Toni López y su grupo Los Centellas.

Un jardín japonés y un libro español

Argentina son los argentinos y sus circunstancias. Y la mayor de esas circunstancias es que los argentinos proceden de muchas partes, sobre todo de Italia y España, pero también hay colectividades de japoneses, alemanes, chinos, armenios y polacos, más toda la inmigración lationamericana que no  para de crecer. Todos estos pueblos han dejado su huella en la ciudad de Buenos Aires, donde es más difícil encontrar la huella de los pueblos originarios.

Junto a la plaza Güemes, por ejemplo, se encuentra la plazoleta Ararat en honor al monte más alto de la Armenia histórica. Aunque Ararat, donde Noé dejó aparcada el arca, pertenece hoy a Turquía, sigue siendo uno de los símbolos nacionales de Armenia. Así mismo, hay un jardín holandés, una plaza de Italia, otra de Alemania, un monumento a los españoles, una plaza de Cataluña, un barrio chino, los colores de la bandera sueca en la camiseta de Boca Juniors… y un jardín japonés.

Entrar al Jardín Japonés de Buenos Aires cuesta 16 pesos (2,50 euros) y decir que la cámara es tuya y las fotografías son para uso personal. Después de eso, uno se da cuenta de que el jardín parece por fuera mucho más espectacular de lo que es por dentro. Aun así es un sitio lindo para visitar en el que se puede pasar un rato bastante agradable.

Pasé la mañana de ayer paseando por el Jardín Japonés y los alrededores aunque dejé la visita para el zoológico y el Jardín Botánico para otro día. E hice bien, porque por la tarde me esperaba un amigo español en la avenida de Mayo.

El farmacéutico y doctor de la Universidad de Sevilla, Manuel Machuca está en Argentina estos días con una agenda muy apretada. Machuca fue nombrado este lunes profesor honorario de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y está participando hoy en la Jornada de Atención Farmacológica que organizan la OFIL (Organización de Farmacéuticos IberoLatinoamericanos) y la UBA. Además, ayer presentó su primera novela Aquel viernes de julio en la sede de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) en la avenida de Mayo y mañana lo hará en Rosario, donde también participará en la 2ª Reunión de Ciencias Farmacéuticas. 

Aquel viernes de julio es un libro cuyo inicio se sitúa en la noche anterior al estallido de la Guerra Civil Española. Cuenta la historia de Borja Quincoces, un señorito andaluz que se enamora de Chari, una gitana del barrio de Triana.

Según Manuel Machuca, es una novela que habla de la identidad y en la que no ha querido ser partidista a la hora de abordar uno de los episodios más tristes de la historia de España. De todos modos, quienes conoces a Machuca sabemos de qué parte está. Prometo hacer una reseña cuando haya leído el ejemplar que me llevé ayer firmado por el propio autor. Otro día también os hablaré del sitio al que fuimos a cenar después algunos de los que estuvimos en la presentación de la novela.

De pronto la lluvia

Por la mañana, después del desayuno y la ducha, pasé un rato probándome pantalones cortos. Mario, mi compañero de piso, me había dejado que escogiera los que más me gustasen de su placard. Elegí tres y ya me había vestido con intención de salir a la calle cuando por la ventana de mi habitación vi que el cielo había ennegrecido. Ayer el calor era insoportable y hoy la lluvia parecía inminente. De hecho, lo era.

A pesar de la posibilidad real de que las nubes empezasen a descargar gran parte de su contenido líquido, mantuve mi idea de salir a la calle. Me dirigí por Gorriti hacia Palermo. Mi objetivo estaba a unos veinticinco minutos a pie desde Almagro. Pretendía llegar a la plaza Cortázar o plazita Serrano antes de que la lluvia hiciese acto de presencia. Era muy importante llegar hasta allí porque es en esa plaza en donde comienza el libro que estoy escribiendo. Llevaba papel, bolígrafos y la cámara de fotos con los dos objetivos. Pensé que si llegaba a la plaza y, una vez allí, se ponía a llover, no me sería difícil refugiarme en alguno de los bares del Palermo Viejo.

Como la lluvia me sorprendió mucho antes de que alcanzase mi destino final y la tormenta arreció durante horas, os dejo una fotografía que hice en agosto de 2011 de la placa conmemorativa que hay en la plaza Cortázar, pero prometo que volveré pronto y subiré más fotos de este pequeño sitio que me gustó tanto.

Al final la lluvia se vino con todo, como dirían acá. Clarín habló de diluvio. Hubo problemas en algunos barrios, sobre todo porque hace unos días se convocó una huelga de recogida de basura y esto ha aumentando los efectos del agua que cayó hoy.

Ya me avisaron antes de venir de que el tiempo era muy cambiante. En Buenos Aires llueve durante todo el año y aunque estemos en verano, no es de extrañar que el cielo se cierre de repente y empiece a descargar con furia como lo hizo hoy al mediodía. Yo salí con un impermeable, pero parece que a muchos les cogió por sorpresa el cambio del tiempo, si no, fijaos en esta foto.

En 24 horas las temperaturas han descendido 13 grados. Si uno se asoma al balcón o sale a la calle lo nota bastante. Probablemente hoy vaya a ser la primera noche que duerma con las ventanas de la habitación cerradas. Lo bueno es que no me molestarán los mosquitos, lo malo es que había asado previsto para dentro de media hora y hemos tenido que cambiar de planes.

Argentineando al fin

Parecía que nunca iba a llegar el día pero llegó. Aquí estoy. Ya soy uno más en Buenos Aires, aunque los efectos del largo viaje (24 horas entre vuelos y tiempo de espera en el aeropuerto de Roma) me hacen ser un poco inconsciente de lo que  recién comienza.

En los últimos días me he preguntado muchas veces qué venía a hacer tan lejos. Todavía no lo sé. Supongo que vine a buscarme. Alguien como yo que continuamente escribe sobre la identidad tiene que preguntarse quién es. Estoy buscando mi sitio, probando si es Buenos Aires o si es otro. Por eso seguramente es por lo que estoy aquí. Lo demás; la crisis, mi situación personal, la falta de expectativas en España, son elementos circunstanciales que no hicieron sino favorecer algo que tenía decidido hacía mucho tiempo.

Ahora tengo que ir viendo cuál es mi Buenos Aires. De momento ya tengo barrio. Estoy viviendo ya en Almagro. En los próximos días iré definiendo mis lugares frecuentes: el sitio de la compra, las calles de paseo, algunos bares, quizás un cine, puede que un parque, ojalá una piscina, esperemos que un trabajo. También iré perfilando los lugares de mi próxima novela, que empieza en la plaza Cortázar o plazita Serrano del barrio de Palermo.

De momento, hoy aterricé, viajé con Tienda León hasta mi nueva casa, conocí a un par de personas que me facilitaron mucho mi llegada, comí con ellas y salí a hacer mi primera compra en Buenos Aires. No sé si he ido al mejor o al peor supermercado, ni si era el más barato o el más caro. Os digo lo que he comprado y el precio y ya vosotros me dais vuestra opinión si queréis. Para que os hagáis una idea del cambio, el euro se está cambiando 6 a 1 con respecto al peso argentino en el mercado oficial.

Bandeja de pimientos rojos (338 gramos) 12,50 $

5 sobres de sopa de verduras 7,18 $

1 kilo de pasta de colores 5,79 $

1 litro de leche entera 7,99 $

1 berenjena (275 gramos) 4,95 $

1 bote de dulce de leche (400 gramos) 16,39 $

1 bote de tomate frito 4,65 $

1 litro de zumo de naranja 7,09 $

Copos de maíz azucarados (300 gramos) 9,49 $

5 maquinillas de afeitar 17,79 $

1 litro de champú 12,95 $

1 cebolla (255 gramos) 1;78 $

2 bolsas de plástico 0,30 $

Total 108, 85 $ = 18,14 €

El día me deja también algún posible plan de futuro. En este sentido no descarto dos cosas: la primera, visitar La Pampa y la segunda, ir a uno de los conciertos de Norah Jones en el Luna Park los próximos 8 y 9 de diciembre.

Además, The Kiss actuarán el 7 de noviembre en el estadio de River Plate y Natalia Oreiro sigue viva (lo digo porque hace mil que no se la escucha en España). También parece que sigue vivo el ex presidente Néstor Kirchner y si no, fijaos en el cartel que me encontré esta mañana:

Buenos Aires (57)