La calle más larga

Dicen los argentinos que la avenida 9 de Julio es la calle más larga del mundo (también es bien ancha). Recuerdo que cuando vine por primera vez a Buenos Aires en agosto del 2011, me agobié muchísimo al salir del hotel en el que me hospedaba en la avenida de Mayo.

El centro de Buenos Aires es una selva. Si te quedas parado en un semáforo y no viene ningún coche, aunque esté en rojo, te empujan para que cruces la calle. Estoy viviendo en una de las diez ciudades más pobladas del mundo y eso se nota. La 9 de Julio es probablemente la mayor representación del gigantismo bonaerense. Aquí hay pantallas de televisión que anuncian la programación del Luna Park,

  grandes carteles publicitarios con el rostro de Leo Messi y el famoso relieve de Evita Perón que utiliza la presidenta Cristina Fernández como telón de fondo en sus ruedas de prensa.

La 9 de Julio existe incluso bajo tierra, no sólo por el Subte, que de alguna manera nace y muere aquí, sino porque bajo el Obelisco hay una serie de galerías comerciales donde uno puede encontrar cualquier cosa que pueda llegar a necesitar en la vida.

En el entorno de la 9 de Julio se encuentran lugares emblemáticos de Buenos Aires como la plaza de Mayo donde se reúnen las madres y abuelas de desaparecidos durante la dictadura, la Casa Rosada, el Café Tortoni (en avenida de Mayo) y el Teatro Colón (en la misma 9 de Julio), que dicen es la mejor ópera del mundo.

Otra de las grandes avenidas porteñas es la calle Corrientes, donde hay decenas de librerías que venden y compran libros de segunda mano, varios teatros y cines con toda clase de programación y algunos de los mejores lugares para comer o tomar algo. La calle Corrientes, sin ser tan larga como la 9 de Julio, es tan extensa que llega hasta mi calle (Salguero) y sigue más allá, un camino que en el Subte son unas siete u ocho paradas según la línea.

En definitiva, todo en Buenos Aires es megalítico e infinito. Pero esto es también un mito, como la argentinidad. Y eso me recuerda que mi grupo favorito es argentino. Os presento, si no lo conocéis, a la Bersuit Vergarabat.

Anuncios

Maradona en el mundial

Maradona no es una persona cualquiera, ya lo dijo Calamaro, y ayer el genio del fútbol mundial volvió a demostrarlo tanto en el banquillo dirigiendo a la selección argentina como en la rueda de prensa posterior al partido digiriendo gustoso la carne cocinada de más de un periodista.

Argentina disputó anoche uno de esos partidos del siglo o como lo llamaron en Sudamérica; “La batalla del Río de la Plata”. Uruguay contra Argentina en el Estadio Centenario de Montevideo, el mismo escenario en el que los uruguayos ganaron la primera Copa del Mundo de Fútbol frente a los argentinos en 1930.

El de anoche (madrugada en España) fue un partido tosco, en gran parte aburrido. Uruguay tuvo a Argentina contra las cuerdas durante bastante tiempo, pero al final se impuso el equipo de Maradona. El D10s del fútbol, mil veces convertido en ceniza y mil y una renacido de ellas, estalló de júbilo al ver como Mario Bolatti, centrocampista de Huracán, un obrero entre las estrellas albicelestes, llevaba el balón (en argentino, la pelota) hacia el fondo de la red uruguaya.

Atilio Costa Febre, locutor de Radio Mitre se volvió loco con el gol de Bolatti. Su narración del tanto fue espectacular. En ella mezcló política con geografía y evocó la mítica canción La argentinidad al palo de Bersuit Vergarabat. En Radio Continental, en cambio, Víctor Hugo Morales se lo tomó con más calma. Seguramente en su narración pesara algo su nacionalidad de origen; la uruguaya, y eso condicionó su alegría de argentino naturalizado.

Gol de Bolatti por Víctor Hugo Morales

Sin embargo, si hablamos de Maradona, de goles que valen su peso en oro y de Copa del Mundo de Fútbol, es inevitable evocar la voz de Víctor Hugo Morales y recordar mientras se eriza la piel la narración del gol de México’86 en el Estadio Azteca con el trasfondo de la Guerra de las Malvinas. Calamaro también mencionó el Estadio Azteca en una canción hecha con política y fútbol, al fin y al cabo, los materiales con los que está hecha Argentina.

Buen provecho.