Bienvenidos a Sarajevo

Se llama Volver a Nacer pero a veces es un volver a morir. La última aparición de Penélope Cruz en la gran pantalla trae una buena noticia y es que nuestra oscarizada actriz no se parece tanto a ella como de costumbre.

Volver a Nacer es una fábula sobre la vida y la muerte, una película que juega constantemente al despiste. Es un laberinto en el que perderse que permite al espectador pararse a contemplar algunos de los más bellos fotogramas del cine que llevamos visto en este siglo.

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Tres viajes a Sarajevo (1984, 1992 y 2008) sirven para contar la historia de Gemma (Penélope Cruz), una periodista italiana que durante años estuvo soñando con ser madre. Y a pesar de situarse entre Sarajevo y Roma, dos ciudades sin mar, la película empieza y termina en agua salada.

Venuto al mondo, que así se llama la película en la versión original, es la adaptación de la novela homónima de Margaret Mazzantini, esposa de Sergio Castellitto, quien dirige este largometraje en el que se asigna el papel de tercer esposo de Gemma. Por si fueran pocos los lazos familiares, Pietro Castellitto, hijo del matrimonio Castellitto-Mazzantini, pone cara la ansiado vástago de Gemma.

La película gira en torno a los ojos azules del joven Pietro y con ellos vamos descubriendo a Gemma, Diego (Emilie Hirsch), Gojco (Adnan Haskovic) y Aska (Saadet Aksoy). Un reparto internacional con actores de Italia, España, Estados Unidos, Bosnia Herzegovina y Turquía que hace soñar con una industria del cine europea que sería un regalo para los cinéfilos del viejo continente. De momento, tendremos que conformarnos con este pequeño tesoro que apunta al Goya para Penélope.

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Futuro

El futuro, ese tiempo que nunca llega pero que siempre está a la vuelta de la esquina, se me presenta como un gran interrogante. En realidad, el futuro siempre es una incógnita, pero en la España del 2013 y a punto de cumplir 29 años la incertidumbre adquiere el tamaño de un gigante.

Parece ser que ganarse la vida como periodista va a ser misión imposible. No por eso voy a arrojar la toalla antes de tiempo. Lo que quiero decir es que habrá que ampliar la búsqueda de trabajo a otros campos. Sin avergonzarse ni mucho menos de optar a ser cajero de supermercado o camarero en bodas, bautizos y comuniones.

Una cosa es ganar dinero para seguir viviendo y otra cosa es hacer algo para mantener la ilusión de mi vida. Yo estudié periodismo por vocación, porque quería garantizar la libre formación de la opinión pública. Y me siento periodista. Aunque no tenga un medio de comunicación en el que expresarme, tengo este blog, tengo las redes sociales y tengo, por supuesto, los bares. En uno de ellos me reuní ayer con tres amigos ex compañeros de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. Los cuatro coincidimos en que no queremos dejar de ser periodistas. Los cuatro estamos en paro. Los cuatro tenemos ideas y ganas. De momento sólo puedo decir que estamos preparando un programa de radio en el que reivindicaremos la presencia de nuestra generación (años 80-90) en la vida activa de este país.

Por otro lado, tengo pendiente la publicación de mi segunda novela. Sigo buscando editorial y no voy a rendirme por muchas respuestas negativas que puedan ir llegando a mi correo electrónico. Asimismo tengo una extensa colección de relatos breves en los que quiero trabajar sin prisa pero sin pausa. Y he vuelto a la poesía. Buenos Aires me dio eso, el alma de poeta que tenía perdida. Así que soy más escritor que nunca.

Del mismo modo me gustaría ampliar mi experiencia con el mundo de la cultura. A partir de la semana que viene formaré parte del equipo que va a realizar la película Tarántula Blues del novel director Joaquín Díaz. Nunca he hecho cine y es un reto que me apasiona. Joaquín tendrá que explicarme muchas cosas pero no me van a faltar las ganas de aprender. Además, otro de los objetivos que tengo para 2013 es escribir mi primer guión para una serie de televisión. Quizás no me salga nada interesante, quizás sea algo que se quede guardado en un cajón, pero quiero probar. Sé que no voy a escribir House, Anatomía de Grey o Mad Men, esas series que tanto me gustan. Pero también sé que quiero escribir una ficción seriada. Y siempre quise conocer el mundo del cine por dentro.

Por último, mantengo mi vinculación con la política. Mis compañeros del equipo de comunicación de Equo me han hablado de una etapa de esfuerzo que recién empieza. Espero poder aportar mi granito de arena para que este proyecto que me devolvió la confianza en la política pueda seguir creciendo.

Así que, ya veis, el futuro seguirá sin llegar nunca, pero los frutos no dejarán de madurar mientras nos esforcemos en cuidar el árbol.

Año nuevo en tierra antigua

Vuelvo a pisar suelo patrio. Llegué a Sevilla poco antes de las dos de la tarde del 31 de diciembre tras casi dos días de viaje en los que me dio tiempo de visitar Roma por primera vez y de cagarme de frío en Barcelona.

He dejado muchas cosas pendientes en Buenos Aires. Muchas cosas y a mucha gente. Pero eso es bueno, porque significa una excusa para regresar cualquier día. No le quepa duda a nadie de que volveré a Sudamérica en cuanto pueda. Quizás vaya como viajero o quizás como aventurero, pero me volveréis a leer desde allá.

Este Buenos Aires del 2012 ha sido para mí una de las mejores cosas que me han pasado en la vida. En Boedo he vuelto a sentir la pasión del futbolista fracasado que soy que se conforma con meter un gol en una pachanga de entre semana. En Belgrano ha crecido mi yo escritor que es como decir mi yo entero. En ese barrio me he recuperado para la poesía. Y todo lo que sucedía durante dos horas a la semana en la cafetería Manhattan tenía su prolongación a lo largo de la semana en otros barrios porteños. En Barracas encontré una casa siempre abierta habitada por argentinos con corazón andaluz (¿O tal vez era al contrario?). En Almagro tuve mi casa gracias a mi casero y compañero de piso y a la vecina de arriba, que fue la primera persona en recibirme (amiga del amigo de un amigo…). En Chacarita me nació el interés por el guión de cine y fui testigo de la lucha de las televisoras comunitarias por su legalización frente a una sociedad que sólo está pendiente del enfrentamiento entre Gobierno y grupo Clarín. En el Microcentro todo fueron libros; la mayoría argentinos pero dejando sitio a una novela hecha en Sevilla por un amigo mío. En Palermo tuve todo el tiempo del mundo para pasear y para amar la lluvia. En el barrio Chino creé un pasaje para mi próxima novela. En La Boca sacié una resaca con choripán recién hecho.

En Puerto Madero de noche sentí una enorme nostalgia de la que vino a salvarme un SMS que me provocó las únicas lágrimas de esta aventura. En San Telmo descubrí la labor social de la revista Hecho en Buenos Aires, de la que hablaré aquí próximamente. Pero en San Telmo lo más importante fue que lo viví todo con alguien que me construye, me derriba y vuelve a edificarme.  En el Once tuve la primera despedida (la más importante). Buenos Aires se ha metido en mí a través de cada uno de sus barrios.

Y ahora estoy en Sevilla. Otra vez en casa. Extrañando Argentina. Otra vez indignado con la situación de España. No sé qué me deparará el 2013, sólo sé que el 2012 fue un año de cambios en el que perdí muchas cosas (pareja, trabajo, independencia familiar) pero en el que gané otras muchas (literatura, conocimiento, acción política, ganas de vivir). Sólo quiero que dentro de un año pueda mirarme y decirme, como ahora, que estoy haciendo lo que quería hacer aunque el destino siga sin ser demasiado nítido.

Español, ¿yo?

Tanto en mi pasaporte como en mi DNI aparece la palabra España. Español es mi nacionalidad, por tanto. Tengo esa condición con sus correspondientes derechos y obligaciones (cada vez más obligaciones que derechos) simplemente por el lugar en el que nací. Otra cosa es el sentimiento.

Me suelo hacer esta pregunta muchas veces. ¿Soy español? ¿Me siento como tal? Los primeros días de diciembre son propicios para que me asalten las dudas. El 4 de diciembre de 1977 mi pueblo salió a la calle a pedir la autonomía que hoy tenemos. El 6 de diciembre de 1978 el pueblo español aprobó en referéndum su Constitución.

No tengo una respuesta clara. Supongo que no me molesta ser español, pero que tampoco me molestaría dejar de serlo. Ahora que estoy tan lejos de mi casa, me siento andaluz por encima de cualquier otra cosa. Tengo la certeza, además, de que Andalucía ha sido y sigue siendo pisoteada por España (o Castilla). Teníamos varias lenguas y una identidad como pueblo que fueron sepultados con la entrega de las llaves de la ciudad de Granada en 1492. Teníamos un Estatuto de Autonomía en marcha cuando se inició la Guerra Civil Española. Teníamos a Blas Infante y lo fusilaron. En nombre de España le pegaron por la espalda un tiro a Manuel José Caparrós en Málaga sólo por colgar en el balcón de la Diputación Provincial una bandera verdiblanca. Tenemos una forma de hablar de la que se mofan constantemente. Tenemos una fama de vagos injustificada que sólo responde a la envidia de aquellos que viven bajo un clima espantoso. Tenemos más de un millón de paisanos repartidos por todo el mundo. Tenemos una tradición de Gobiernos que han ido negociando en Bruselas políticas agrarias que han matado nuestro campo.

¿Y qué nos da España a nosotros? Andalucía no tiene siquiera una voz en el Congreso de los Diputados como la tienen Cataluña, País Vasco, Galicia, Navarra, Aragón, Canarias, la Comunidad Valencia…

¿Me siento español? Sí cuando juega la Roja. Sí cuando veo que la bandera española se torna morada en su tercera franja. Sí cuando las plazas se llenan de indignación. Sí cuando un grupo de gente detiene un desahucio. Sí cuando mi país avanza en sanidad y educación. Sí cuando leo Mortadelo y Filemón.

¿Me siento español? No cuando hablo con un catalán o un vasco. No cuando miro lo que España hizo en América. No cuando con un 30% de paro desde Madrid nadie enciende la voz de alarma.

Sé que soy andaluz, sé que soy sevillano y sé, como Lorca dijo, que estoy más cerca del chino bueno que del español malo.

El cine, bien

En el tiempo que llevo en Buenos Aires estoy cumpliendo con mi habitual cita con el cine. Hoy he disfrutado de la segunda sesión. La primera fue la semana pasada en el Abasto Shopping y la segunda ha sido en el cine Lorca de la avenida Corrientes. De momento llevo una película argentina y una franco-libanesa. Ambas con buen resultado. Ambas con un toque de comedia, la argenta más que la segunda.

Ni un hombre más es la absurda historia de un plan perfecto que sale mal. La protagoniza Valeria Bertuccelli, a quien en España pudimos ver en Un novio para mi mujer haciendo el papel de ‘la Tana’. Esta nueva comedia argentina me gustó por muchas cosas: las localizaciones en Puerto Iguazú, el creciente enredo que empieza con un secuestro-homicidio involuntario, el toque guaraní de la cinta y el tema del reparto del botín, que, como dirían acá, es todo un tema.

Por otro lado, Y, ahora ¿dónde vamos? (Et maintenant, on va où?), fue una grata sorpresa. Entré a la sala sin saber de qué iba y pensando que vería una película en lengua francesa. Sin embargo, toda la acción transcurre en un pequeño pueblo de Líbano y los diálogos, salvo pequeñas irrupciones del inglés, son en idioma árabe. La película ya rompe la estética habitual del cine en el inicio, cuando vemos a un grupo de mujeres enlutadas bailando camino del cementerio en el que descansan a un lado los cristianos y al otro los musulmanes. Hermosa historia la de Y, ahora ¿dónde vamos?, que en ciertas ocasiones recuerda a la francesa 8 mujeres y que concluye con el mismo recurso estilístico que utilizara en su día la española Y, tú ¿quién eres?. Si no fuese una película excelente, que lo es, bastaría con la escena del hachís para recomendarla.

El cine, bien. En cambio, la lectura me dejó decepcionado hace unos días. Terminar El libro de las ilusiones de Paul Auster se convirtió en un reto y en una agonía al mismo tiempo. El escritor neoyorquino me defraudó por segunda vez, como ya hiciera con Sunset Park, aunque todavía no le pongo en la lista negra. No lo hago porque me parece que Auster tiene grandes historias que contar y que cuando se limita a narrarlas, lo hace muy bien. Pero si no disfruto con sus libros es porque se pierde en detalles que para mí son superfluos y que me aburren. Ahora estoy con Murakami, leyendo Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, un libro de 900 páginas. Difícil me parece que no le sobre ninguna. Y mientras tanto, exploro Los perros románticos de Roberto Bolaño.

Por Auster, en una librería de Corrientes, me dieron 10 pesos.

Argentineando al fin

Parecía que nunca iba a llegar el día pero llegó. Aquí estoy. Ya soy uno más en Buenos Aires, aunque los efectos del largo viaje (24 horas entre vuelos y tiempo de espera en el aeropuerto de Roma) me hacen ser un poco inconsciente de lo que  recién comienza.

En los últimos días me he preguntado muchas veces qué venía a hacer tan lejos. Todavía no lo sé. Supongo que vine a buscarme. Alguien como yo que continuamente escribe sobre la identidad tiene que preguntarse quién es. Estoy buscando mi sitio, probando si es Buenos Aires o si es otro. Por eso seguramente es por lo que estoy aquí. Lo demás; la crisis, mi situación personal, la falta de expectativas en España, son elementos circunstanciales que no hicieron sino favorecer algo que tenía decidido hacía mucho tiempo.

Ahora tengo que ir viendo cuál es mi Buenos Aires. De momento ya tengo barrio. Estoy viviendo ya en Almagro. En los próximos días iré definiendo mis lugares frecuentes: el sitio de la compra, las calles de paseo, algunos bares, quizás un cine, puede que un parque, ojalá una piscina, esperemos que un trabajo. También iré perfilando los lugares de mi próxima novela, que empieza en la plaza Cortázar o plazita Serrano del barrio de Palermo.

De momento, hoy aterricé, viajé con Tienda León hasta mi nueva casa, conocí a un par de personas que me facilitaron mucho mi llegada, comí con ellas y salí a hacer mi primera compra en Buenos Aires. No sé si he ido al mejor o al peor supermercado, ni si era el más barato o el más caro. Os digo lo que he comprado y el precio y ya vosotros me dais vuestra opinión si queréis. Para que os hagáis una idea del cambio, el euro se está cambiando 6 a 1 con respecto al peso argentino en el mercado oficial.

Bandeja de pimientos rojos (338 gramos) 12,50 $

5 sobres de sopa de verduras 7,18 $

1 kilo de pasta de colores 5,79 $

1 litro de leche entera 7,99 $

1 berenjena (275 gramos) 4,95 $

1 bote de dulce de leche (400 gramos) 16,39 $

1 bote de tomate frito 4,65 $

1 litro de zumo de naranja 7,09 $

Copos de maíz azucarados (300 gramos) 9,49 $

5 maquinillas de afeitar 17,79 $

1 litro de champú 12,95 $

1 cebolla (255 gramos) 1;78 $

2 bolsas de plástico 0,30 $

Total 108, 85 $ = 18,14 €

El día me deja también algún posible plan de futuro. En este sentido no descarto dos cosas: la primera, visitar La Pampa y la segunda, ir a uno de los conciertos de Norah Jones en el Luna Park los próximos 8 y 9 de diciembre.

Además, The Kiss actuarán el 7 de noviembre en el estadio de River Plate y Natalia Oreiro sigue viva (lo digo porque hace mil que no se la escucha en España). También parece que sigue vivo el ex presidente Néstor Kirchner y si no, fijaos en el cartel que me encontré esta mañana:

Buenos Aires (57)