Clemente no es vasco

 La comedia española vive días de cine. Tras películas como El mundo es nuestro, ¿Quién mató a Bambi? o Tres bodas de más, llega ahora a la pantalla grande Ocho apellidos vascos, de Emilio Martínez-Lázaro, director de la saga de El otro lado de la cama y de la hermosa Las trece rosas.

Ocho apellidos vascos (Clemente no es uno de ellos) es una película protagonizada por la madrileña Clara Lago, que hace de vasca, y el malagueño y cómico Dani Rovira, que hace de sevillano y de actor. Les acompañan Karra Elejalde, Carmen Machi, Alberto López y Alfonso Sánchez.

La elección de Rovira parece estar condicionada por la enorme y merecida popularidad del humorista malagueño. Aunque hace un amago de monólogo, Rovi se mantiene dentro de los límites cinematográficos e interpreta su papel. No es el mejor actor del mundo pero se le da muy bien poner caritas y mostrarse confuso o asustado, detalles que ya conocíamos de su actividad como monologuista.

En cuanto a Clara Lago, qué decir de ella sin mencionar su belleza. Pues muchas cosas, hay va la hostia. Por ejemplo, que logra encajar perfectamente como una euskera más; que le va bien el papel de mujer manipuladora aunque, al mismo tiempo, en apuros; y que si es lista podrá labrarse una gran carrera en el cine español. Si es lista.

Siguen a la pareja principal cuatro secundarios de lujo. El mejor de todos, un bruto, torpe y entrañable Karra Elejalde, bien acompañado por Carmen Machi, mujer odiosa a primera vista pero fácilmente querida una vez que la ves actuar. Y por el sur acuden los compadres Alberto López y Alfonso Sánchez con una versión 2.0 de sus míticos personajes Rafa y Fali con acento al estilo Manuel Ruiz de Lopera (¿por qué?).

La película está salpicada de muy buenas dosis de humor y es ideal para echar un buen rato. Me parece, además, una gran iniciativa que se haga cine de ‘unión’ entre el norte (Euskadi) y el sur (Andalucía) de España. Somos un país dividido y separatista (no sólo por los nacionalismos) que no está acostumbrado a crear sinergias entre los pueblos que componen el Estado. Sólo por eso ya merece la pena brindar por el éxito de Ocho apellidos vascos. Eso sí, no nos chupemos las pollas todavía, hablando mal y usando la jerga tarantina. No estamos ante una película memorable como sí lo fue El mundo es nuestro de la que proceden Alberto López y Alfonso Sánchez. Tampoco, mucho menos, llega este título al nivel de una gran comedia europea como la francesa Bienvenidos al norte, una película referencia para Ocho apellidos vascos y a la que se le rinde cierto tributo con una escena de tormenta repentina junto al cartel de carretera que reza “Bienvenidos al País Vasco”.

Floja en la trama, con exhibiciones de desconocimiento del enterismo sevillano (un bar en el muelle de Nueva York con salida trasera a la calle Betis o fuegos artificiales de Feria de Abril lanzados desde el Parque de María Luisa), mucho beticismo y kale borroka, Ocho apellidos vascos es una película que merece la pena ser vista, reída y recomendada pero no alzada al olimpo de la comedia española, ya ampliamente copado, aunque siempre con huecos libres para nuevos visitantes.

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Buenojaire

Los argentinos realmente no saben nada de cómo hablamos los españoles. Tienen una vaga idea bastante alejada de nuestra forma de pronunciar. De hecho piensan que todos los españoles hablan de la misma forma. Nada más lejos de la verdad, queridos boludos míos.

En primer lugar, las imitaciones de español que le he oído a los argentinos son lamentables. Nosotros lo hacemos mejor cuando tratamos de copiarles a ellos. Las cosas como son. En Buenos Aires la gente se cree que en España hablamos como los protagonistas de la película Bienvenidos al norte. Todas nuestras eses las transforman en ches y así dicen cosas como “Echtoy en Buenoch Airech de vacacionech”. A veces me dan ganas de decirles que el único que habla así en mi país es Mariano Rajoy y que no es de buen agrado compararnos al resto con él.

En segundo lugar no saben, hasta que lo escuchan, que en España hay acentos muy diferentes. A mi amiga Vanessa, que es catalana, le pidieron que hiciera la voz del GPS y a mí algunos me han dicho que tengo acento latinoamericano, que no parece que sea español. Por eso me sorprendí cuando la semana pasada me preguntaron “¿Eres andaluz?”. Había truco, la chica me había notado el acento porque ella es madrileña.

Para ilustrar mejor lo que quiero decir, sobre todo para que los argentinos aprendan, pondré ejemplos prácticos de diferentes acentos españoles. Espero que con esto nunca vuelvan a imitarnos tan mal.

Empezaré por el acento vasco. Para ello he decidido tomar prestado un vídeo del cocinero Karlos Arguiñano en el que habla de la situación política en España. Así aprendéis acentos y política al mismo tiempo. Obsérvese que el vasco se expresa con carácter, marcando bien las eses, con seriedad y como  echando el cuerpo hacia delante. Por cierto, espero que os hayáis dado cuenta de que no es lo mismo llamarse Karlos que Carlos.

Tampoco es lo mismo llamarse Andrés que Andreu. Normalmente, si te llamas Andreu, como el cómico de apellido Buenafuente, es porque eres catalán. El acento en este caso también es distinto. Particularmente especial es la forma de marcar la ele, aunque Buenafuente no es en ese aspecto tan catalán como el ex president de la Generalitat Jordi Pujol. Otros ejemplos muy buenos para saber como pronuncia el español un catalán podrían ser la forma que tenía de contar los chistes Eugenio o los programas de televisión de Eduard Punset.

A los argentinos, si acaso, les suena el acento madrileño. Y es curioso, porque en España pensamos que la pronunciación de nuestro idioma más parecida a lo que sería un acento estándar es la de Valladolid. Por lo menos, así me lo aprendí yo, que decían en Noche Hache, el programa que presentaba la mujer a la que voy a poner de ejemplo para el acento castellano, la segoviana Eva Hache.

Acentos en España hay muchos. Son dignos de estudio cualquiera de ellos, desde el murciano al canario pasando por el extremeño y el gallego, por ejemplo. Pero, sin duda, yo me quedo con el mío, el andaluz, aunque sea bastante difícil definir el acento andaluz porque creo que no miento si digo que en cada pueblo de Andalucía se habla de una forma diferente. Aun así hay normas comunes y algunas de ellas las explica Dani Rovira cuando cuenta la versión andaluza de Caperucita Roja. Quizás, después de ver este último vídeo de hoy, los bonaerenses comprendan por qué yo a su ciudad la llamo ‘Buenojaire’.