Ser del Betis

Llevo en mi vida tres derbis fuera de Sevilla y en los tres perdió el Betis. Me pasó por tierras extremeñas hace diez años cuando volvía de Galicia de limpiar el chapapote de una playa coruñesa, me volvió a ocurrir en La Martinica en el primer año de facultad y me ha pasado hoy en Buenos Aires. Eso sí, esta es la primera vez que veo a mi equipo hacer el ridículo ante el eterno rival. No es como para estar orgulloso.

Sin embargo, ser del Betis es algo que no tiene explicación o que necesita mil explicaciones distintas para hacerse entender. El beticismo se hereda, el beticismo se vive y se sufre. Sobre todo se sufre. Hace cinco años, cuando celebramos nuestro primer centenario, se puso de moda un lema “Sólo los elegidos son del Betis”. Ser bético es como tener un gato. Uno se cree dueño de una pasión (o de un animal doméstico) pero la verdad es que la pasión (el gato) lo posee a uno. A los béticos, antes de nacer nos hacen una entrevista de trabajo. Nos examinan el color de la sangre que, por supuesto, es verde. Nos miden la fortaleza del corazón y la templaza de los nervios. Todo tiene que estar dentro de unos parámetros muy exigentes. Y después del examen físico nos hacen el examen psíquico. Nos preguntan si estamos preparados para sufrir y si estamos preparados para la victoria. Eso sí, nos advierten de que lo de la victoria es un ‘poné’, que lo más seguro es que no vaya a pasar, pero que a veces pasa.

Ser del Betis no es cosa fácil. Hoy menos que ayer. Pero no por eso voy a dejar de serlo.

Anuncios

Yo he ido

15-J Yo fui. Yo y miles de béticos más, (al menos cuarenta mil y es posible que hasta sesenta). Por su dignidad y su futuro yo me concentré a los pies de la Giralda para reclamar un Betis de los béticos, el Betis de siempre. Ese equipo perdedor que me regaló mi padre. Ese equipo del que somos manque pierda y también manque gane. Hoy he leído que José de la Tomasa dijo una vez: “Me hice del Betis para perder. Para ganar ya están los bancos”.

José de la Tomasa estuvo en el histórico 15-J, al igual que Jesús Quintero (dueño de sus silencios), Manu Sánchez (Manu, lee mi libro, ayer me lo prometiste), Rafael Gordillo (o cómo decir Dios), Curro Romero (Currobetis), Alfonso Jaramillo (casi tan antiguo como el Betis), Emilio Carrillo, Juan “capitán” Ureña, Vlada “flacucho” Stosic, Hristo Vidakovic, el entrañable José Mari (no el palangana, sino el que vino del Barcelona), Alabanda, héroe López, Cardeñosa (o cómo decir diez), Poli Rincón (o cómo decir gol), Antonio Biosca (ídolo en mi querido San Juan de Aznalfarache), José Manuel Soto que lo dijo todo, Rafa Serna, Pascual González, Jaime Raynaud, Joaquín Parra, Kiko Veneno (vetado por el club, venerado por los béticos), Quino, José Rodríguez de la Borbolla, el médico Víctor López, Jaime Quesada, Ramón Moyano, presidente del Écija, Roberto Ríos (o cómo sacarle dinero a la cantera por única vez en diecisiete años de gestión loperista), Francisco Lola (cómo me hizo reír en su época con Los Morancos), los hermanos Vázquez, hijos del antiguo socio número uno del Betis… Todos ellos y todos los hijos del Betis, del auténtico. Porque, como dijo Gordillo, “Siempre ha habido béticos. Ahora también hay loperistas” y, claro, ésos últimos no estuvieron.

Uno que no pudo estar pero que no por eso dejó de ser aclamado fue Lorenzo Serra Ferrer. De Mallorca vino él dos veces para hacernos un poco más grandes y para hacerse grande a sí mismo. La última vez se fue diciendo: “El Betis será lo que quiera Lopera”. Pero el beticismo se ha cansado de que su equipo sea lo que quiere su máximo accionista.

Hubo una época en España en la que no se podía reivindicar nada. Guillermo Summers, otro bético, reflejó aquella etapa en una viñeta en verdiblanco. La Policía disolvía una manifestación a golpes y un manifestante, un amante de la libertad, un resistente, gritaba: “Viva el Betis manque pierda”. Como en aquella viñeta, ayer entre la Plaza Virgen de los Reyes y la Plaza Nueva gritar Viva el Betis manque pierda era como gritar Libertad.

Una pancarta rezaba: “Lopera, no te quiere ni el Gran Poder”. Y todos le dimos la razón, el Señor de Sevilla no puede querer a quien se cree el Señor del Betis. Mientras una cantidad de béticos mayor a la que salió a celebrar la Copa del Rey de 2005, ésa que Lopera secuestró en su casa durante un año, le gritaban al máximo accionista que su tiempo ya ha pasado y que no le queda otra que marcharse, el Consejero Delegado se recluyó en su casa de la calle Jabugo, sosteniendo su organigrama de chóped y emitiendo una nota de prensa en la que dijo lo de siempre. Y la transmitió a través de la radio oficial del club, ese medio de comunicación en el que yo tomé mi alternativa periodística.

Sí, porque yo que fui el 15-J, empecé en Radio Betis y trabajé por amor al arte (al arte bético) durante más de un año y al final salí por mi propio pie orgulloso de haber hecho feliz a algunos béticos, de haber entrevistado a algunos béticos, de haber dado su primera oportunidad radiofónica a mis amigos béticos Antonio Moreno, Laura Montes y Pepe Oropesa y de haber hechos nuevas amistades béticas como Reyes Aguilar y Nuria Tomás. Y de otras cosas y personas inconfesables.

Y yo que fui el 15-J y que trabajé en Radio Betis renegando de Lopera desde 1999, cuando me di cuenta de quién era semejante personaje, antes de salir ayer de mi casa enfundado en las trece barras de mi corazón verdiblanco, sintonicé Radio Betis por primera vez en cuatro meses (por primera vez desde que abandoné ese barco) y escuché estupefacto mi voz de bético dirigiendo un programa que ya no existe. O tengo el don de la ubicuidad o mucho me temo que Lopera, a través de sus pretores, se sirvió de mi voz de bético en una redifusión con sonido de disco rayado para no dar la cara, para no dar la oportunidad de decir: Aquí estamos, Lopera; pero sin poder evitar que dijéramos: “Aquí estamos, Betis. Por tu dignidad y tu futuro”.