Buenojaire

Los argentinos realmente no saben nada de cómo hablamos los españoles. Tienen una vaga idea bastante alejada de nuestra forma de pronunciar. De hecho piensan que todos los españoles hablan de la misma forma. Nada más lejos de la verdad, queridos boludos míos.

En primer lugar, las imitaciones de español que le he oído a los argentinos son lamentables. Nosotros lo hacemos mejor cuando tratamos de copiarles a ellos. Las cosas como son. En Buenos Aires la gente se cree que en España hablamos como los protagonistas de la película Bienvenidos al norte. Todas nuestras eses las transforman en ches y así dicen cosas como “Echtoy en Buenoch Airech de vacacionech”. A veces me dan ganas de decirles que el único que habla así en mi país es Mariano Rajoy y que no es de buen agrado compararnos al resto con él.

En segundo lugar no saben, hasta que lo escuchan, que en España hay acentos muy diferentes. A mi amiga Vanessa, que es catalana, le pidieron que hiciera la voz del GPS y a mí algunos me han dicho que tengo acento latinoamericano, que no parece que sea español. Por eso me sorprendí cuando la semana pasada me preguntaron “¿Eres andaluz?”. Había truco, la chica me había notado el acento porque ella es madrileña.

Para ilustrar mejor lo que quiero decir, sobre todo para que los argentinos aprendan, pondré ejemplos prácticos de diferentes acentos españoles. Espero que con esto nunca vuelvan a imitarnos tan mal.

Empezaré por el acento vasco. Para ello he decidido tomar prestado un vídeo del cocinero Karlos Arguiñano en el que habla de la situación política en España. Así aprendéis acentos y política al mismo tiempo. Obsérvese que el vasco se expresa con carácter, marcando bien las eses, con seriedad y como  echando el cuerpo hacia delante. Por cierto, espero que os hayáis dado cuenta de que no es lo mismo llamarse Karlos que Carlos.

Tampoco es lo mismo llamarse Andrés que Andreu. Normalmente, si te llamas Andreu, como el cómico de apellido Buenafuente, es porque eres catalán. El acento en este caso también es distinto. Particularmente especial es la forma de marcar la ele, aunque Buenafuente no es en ese aspecto tan catalán como el ex president de la Generalitat Jordi Pujol. Otros ejemplos muy buenos para saber como pronuncia el español un catalán podrían ser la forma que tenía de contar los chistes Eugenio o los programas de televisión de Eduard Punset.

A los argentinos, si acaso, les suena el acento madrileño. Y es curioso, porque en España pensamos que la pronunciación de nuestro idioma más parecida a lo que sería un acento estándar es la de Valladolid. Por lo menos, así me lo aprendí yo, que decían en Noche Hache, el programa que presentaba la mujer a la que voy a poner de ejemplo para el acento castellano, la segoviana Eva Hache.

Acentos en España hay muchos. Son dignos de estudio cualquiera de ellos, desde el murciano al canario pasando por el extremeño y el gallego, por ejemplo. Pero, sin duda, yo me quedo con el mío, el andaluz, aunque sea bastante difícil definir el acento andaluz porque creo que no miento si digo que en cada pueblo de Andalucía se habla de una forma diferente. Aun así hay normas comunes y algunas de ellas las explica Dani Rovira cuando cuenta la versión andaluza de Caperucita Roja. Quizás, después de ver este último vídeo de hoy, los bonaerenses comprendan por qué yo a su ciudad la llamo ‘Buenojaire’.

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Emprender la literatura

Uno no sabe cómo de interesante puede acabar resultando la tarde cuando sale de casa con prisa. Mi tarde del miércoles veinte de mayo fue muy gratificante. A las siete acudí a la Feria del Libro de Sevilla para asistir a la presentación de El sari rojo la última novela del escritor madrileño Javier Moro.

No conozco la obra de Moro, aunque en mi casa en algún estante, La pasión india aguarda con calma a que me decida a agarrarla bien fuerte por el lomo y me aventure a ojear sus páginas. El libro pertenece a mi madre, no sé si antes fue de mi abuela, pero tiene pinta de que en futuro lo heredaré entre otras cosas que me llevaré junto a mi independencia.

Javier Moro logró venderme su historia. No pasé por caja para comprar el libro, pero ya lo tengo anotado en la lista de la compra. Y aunque sé que no era la intención de Javier Moro, su presentación me llevó a otro libro: La nieta de la maharaní de Maha Akhtar.

Ahí no terminó mi jornada literaria. A las ocho se entregaban en el Paraninfo de la Hispalense los premios Universidad de Sevilla de novela, poesía y teatro. En su decimoquinta edición, los ganadores han sido: en la modalidad de poesía Isaac Páez con Diario de un poeta recién parado; en la modalidad de novela Lorena Chanes con Historia de la NO escritura; y en la modalidad de teatro premio para 237 de José Ordóñez y accésit para El sinsentido de la vida de Martín López.

Sin embargo, los protagonistas de la tarde fueron los ganadores de la pasada edición, porque se presentaban sus obras editadas por el Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. Yo voy a hablar de dos de ellos: Raúl Camarero y Diego Vaya.

Raúl Camarero consiguió engañar a toda España diciendo que había creado una editorial en papel higiénico. Tanto fue así, que Buenafuente le entrevistó en su programa de La Sexta. Al final se dijo así mismo que aquello podía ser un buen negocio y desde entonces existe Literatura en papel higiénico. La obra con la que empezó todo se llama Emprendedores. Raúl Camarero demostró en el Paraninfo sevillano ser un emprendedor con la cara muy dura y con un gran sentido del humor. Tengo la suerte de haber sumado a mi biblioteca su libro “más enrollado”. Le he prometido leerlo y hacerle una crítica, lo mismo que a Diego Vaya, un poeta que cuenta con el premio Ateneo de Sevilla en su curriculum literario.

“Adónde te volviste / para tener / este incendio de sal en la mirada”. Son sólo tres versos de Única herencia, la obra con la que Diego Vaya convenció el año pasado al jurado universitario. Su poesía parece interesante, pero él también lo es y eso significa jugar con una doble ventaja.

Javier Moro, Maha Akhtar, Raúl Camarero, Diego Vaya… la literatura es una fuente inagotable de nombres tras los que se esconden historias que merece la pena descubrir. Yo voy a seguir investigando, tengo una cita pendiente con estos autores.

Buen provecho.