La mujer mundial

Hoy es el día. Es hoy y no otro. El día Internacional de la Mujer Trabajadora es el 8 de marzo y esto lo escribo en el mismo momento en el que mi madre sale de casa para ir a su lugar de trabajo. Y lo escribo yo que soy hombre y estoy desempleado (que no parado). Es hoy y hay que celebrarlo. O no. Porque mañana no será el día pero las mujeres seguirán saliendo a trabajar y ayer también lo hicieron.

No hay nada que celebrar cuando se celebra un día. Las fechas internacionales están para recordarnos las injusticias del mundo en el que vivimos. Y hay tantas que hay días casi a diario, porque en este mundo sufren lesiones de derechos las mujeres, los homosexuales, las personas dependientes, las víctimas del terrorismo, los exiliados, los refugiados… Tantos colectivos, tantas personas sufriendo, que casi no quedan días para reivindicar que queremos un mundo más justo.

No es hoy cuando hay que acordarse de las mujeres. Es hoy y mañana y también lo fue ayer. Os dejo una canción de Andrés Calamaro para que la escuchéis siempre que queráis y os acordéis de la mujer, cualquiera que sea la que a cada uno le guste pensar.

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Un hombre mejor

Me da igual lo que dijera Rousseau en su día. El ser humano es malo por naturaleza. Sólo así se entiende que haya gente sin casa y casas sin gente. O que a las puertas de los supermercados se citen pequeños grupos de personas en busca de la comida que tiran a la basura los grandes almacenes de la alimentación.

Pero este hombre malo tiene remordimientos de conciencia. Al menos, eso es lo que podría estar detrás del interés del genetista George Church en resucitar al neandertal. A mí me gusta pensar que es eso, pero yo soy un romántico.

Los neandertales coincidieron en la tierra con nosotros hasta que se extinguieron hace treinta mil años en Gibraltar, cuando el peñón todavía no era británico y los monos no robaban paquetes de patatas fritas. Muy probablemente la extinción del neandertal tuviera relación con la expansión del homo sapiens. Por eso, tal vez, ahora un homo sapiens llamado George Church pretende descubrir la forma de resucitar a nuestros parientes y de llevarla a cabo.

Federico Gambarini
Foto: Federico Gambarini. Museo Neandertal de Mettmann (Alemania).

Que esta posibilidad sea un planteamiento real me parece fascinante. Obviamente hay una cuestión moral que no se puede pasar por alto. Pero que hayamos llegado a un nivel de desarrollo científico en el que sea cercanamente posible resucitar a una especie extinguida dice mucho a nuestro a favor. A favor de ese hombre malo por y para la naturaleza.

No diré, porque no lo tengo del todo claro, si me parece bien o no la resurrección del neandertal. Sólo sé que me gusta saber que existe la posibilidad de hacerlo y que las cosas serían más sencillas si existiera un paralelo mundo hipotético en el que probar las consecuencias de aquellas decisiones que tanto nos cuesta tomar, y así responder a la pregunta, ¿fue el neandertal un hombre bueno? ¿O todos los homos son malos por naturaleza?

Futuro

El futuro, ese tiempo que nunca llega pero que siempre está a la vuelta de la esquina, se me presenta como un gran interrogante. En realidad, el futuro siempre es una incógnita, pero en la España del 2013 y a punto de cumplir 29 años la incertidumbre adquiere el tamaño de un gigante.

Parece ser que ganarse la vida como periodista va a ser misión imposible. No por eso voy a arrojar la toalla antes de tiempo. Lo que quiero decir es que habrá que ampliar la búsqueda de trabajo a otros campos. Sin avergonzarse ni mucho menos de optar a ser cajero de supermercado o camarero en bodas, bautizos y comuniones.

Una cosa es ganar dinero para seguir viviendo y otra cosa es hacer algo para mantener la ilusión de mi vida. Yo estudié periodismo por vocación, porque quería garantizar la libre formación de la opinión pública. Y me siento periodista. Aunque no tenga un medio de comunicación en el que expresarme, tengo este blog, tengo las redes sociales y tengo, por supuesto, los bares. En uno de ellos me reuní ayer con tres amigos ex compañeros de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. Los cuatro coincidimos en que no queremos dejar de ser periodistas. Los cuatro estamos en paro. Los cuatro tenemos ideas y ganas. De momento sólo puedo decir que estamos preparando un programa de radio en el que reivindicaremos la presencia de nuestra generación (años 80-90) en la vida activa de este país.

Por otro lado, tengo pendiente la publicación de mi segunda novela. Sigo buscando editorial y no voy a rendirme por muchas respuestas negativas que puedan ir llegando a mi correo electrónico. Asimismo tengo una extensa colección de relatos breves en los que quiero trabajar sin prisa pero sin pausa. Y he vuelto a la poesía. Buenos Aires me dio eso, el alma de poeta que tenía perdida. Así que soy más escritor que nunca.

Del mismo modo me gustaría ampliar mi experiencia con el mundo de la cultura. A partir de la semana que viene formaré parte del equipo que va a realizar la película Tarántula Blues del novel director Joaquín Díaz. Nunca he hecho cine y es un reto que me apasiona. Joaquín tendrá que explicarme muchas cosas pero no me van a faltar las ganas de aprender. Además, otro de los objetivos que tengo para 2013 es escribir mi primer guión para una serie de televisión. Quizás no me salga nada interesante, quizás sea algo que se quede guardado en un cajón, pero quiero probar. Sé que no voy a escribir House, Anatomía de Grey o Mad Men, esas series que tanto me gustan. Pero también sé que quiero escribir una ficción seriada. Y siempre quise conocer el mundo del cine por dentro.

Por último, mantengo mi vinculación con la política. Mis compañeros del equipo de comunicación de Equo me han hablado de una etapa de esfuerzo que recién empieza. Espero poder aportar mi granito de arena para que este proyecto que me devolvió la confianza en la política pueda seguir creciendo.

Así que, ya veis, el futuro seguirá sin llegar nunca, pero los frutos no dejarán de madurar mientras nos esforcemos en cuidar el árbol.

Español, ¿yo?

Tanto en mi pasaporte como en mi DNI aparece la palabra España. Español es mi nacionalidad, por tanto. Tengo esa condición con sus correspondientes derechos y obligaciones (cada vez más obligaciones que derechos) simplemente por el lugar en el que nací. Otra cosa es el sentimiento.

Me suelo hacer esta pregunta muchas veces. ¿Soy español? ¿Me siento como tal? Los primeros días de diciembre son propicios para que me asalten las dudas. El 4 de diciembre de 1977 mi pueblo salió a la calle a pedir la autonomía que hoy tenemos. El 6 de diciembre de 1978 el pueblo español aprobó en referéndum su Constitución.

No tengo una respuesta clara. Supongo que no me molesta ser español, pero que tampoco me molestaría dejar de serlo. Ahora que estoy tan lejos de mi casa, me siento andaluz por encima de cualquier otra cosa. Tengo la certeza, además, de que Andalucía ha sido y sigue siendo pisoteada por España (o Castilla). Teníamos varias lenguas y una identidad como pueblo que fueron sepultados con la entrega de las llaves de la ciudad de Granada en 1492. Teníamos un Estatuto de Autonomía en marcha cuando se inició la Guerra Civil Española. Teníamos a Blas Infante y lo fusilaron. En nombre de España le pegaron por la espalda un tiro a Manuel José Caparrós en Málaga sólo por colgar en el balcón de la Diputación Provincial una bandera verdiblanca. Tenemos una forma de hablar de la que se mofan constantemente. Tenemos una fama de vagos injustificada que sólo responde a la envidia de aquellos que viven bajo un clima espantoso. Tenemos más de un millón de paisanos repartidos por todo el mundo. Tenemos una tradición de Gobiernos que han ido negociando en Bruselas políticas agrarias que han matado nuestro campo.

¿Y qué nos da España a nosotros? Andalucía no tiene siquiera una voz en el Congreso de los Diputados como la tienen Cataluña, País Vasco, Galicia, Navarra, Aragón, Canarias, la Comunidad Valencia…

¿Me siento español? Sí cuando juega la Roja. Sí cuando veo que la bandera española se torna morada en su tercera franja. Sí cuando las plazas se llenan de indignación. Sí cuando un grupo de gente detiene un desahucio. Sí cuando mi país avanza en sanidad y educación. Sí cuando leo Mortadelo y Filemón.

¿Me siento español? No cuando hablo con un catalán o un vasco. No cuando miro lo que España hizo en América. No cuando con un 30% de paro desde Madrid nadie enciende la voz de alarma.

Sé que soy andaluz, sé que soy sevillano y sé, como Lorca dijo, que estoy más cerca del chino bueno que del español malo.

Mumalá es nombre de mujer

Cada 25 de noviembre se celebra el día mundial contra la violencia hacia la mujer. Este año he tenido la oportunidad de sumarme a los actos que la organización Mumalá desarrolló dos días antes en la mítica plaza de Mayo, centro de todos los centros de Buenos Aires.

Bajo el nombre “Ponete la camiseta contra la violencia hacia las mujeres” Mumalá organizó partidillos de fútbol sala de equipos mixtos en los que jugaron personalidades de la política, la selección femenina de fútbol, la cultura y la comunicación de Argentina.

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Yo llegué después de un largo recorrido en Subte vestido como un futbolista profesional y como el único español que participaba en el acto lúdico-reivindicativo de la plaza de Mayo. Iba para jugar unos 10 minutos, pero terminé la tarde disputando tres encuentros y haciendo de árbitro (o referí) en otros tres o cuatro.

Quiero decir con esto que las Mumalá son mujeres que te hacen partícipe de su lucha. Uno no puede acercarse y ya está. Esta señoras y señoritas saben cómo transmitir el mensaje.

Mumalá (Mujeres de la Matria Latinoamericana) pretende hacer visible a la mujer en los ámbitos en los que aparentemente sólo existe el hombre.DSC_0234 Por otro lado, esta organización de militantes feministas trabaja para que, por ejemplo, en Argentina no muera una mujer cada dos días a manos de un hombre. Por eso una de las invitadas al acto del día 23 fue la diputada Victoria Donda, impulsora de la ley 26.485 para la declaración de Emergencia Nacional en el Congreso de la Nación que pretende prevenir y erradicar todas las formas de violencia hacia la mujer.

En Argentina hay mucho trabajo por hacer para conseguir la igualdad entre hombres y mujeres. En este país se está discutiendo ahora una ley del aborto, un derecho que en España parecía protegido hasta hace poco.

Mumalá está en una lucha en la que también se discute el tema de la trata de personas. En mi opinión, tener una mujer presidiendo un país no necesariamente ayuda a eliminar las desigualdades de género, pero debería ayudar. Igualmente, sin organizaciones sociales como Mumalá, estos temas ni entrarían en la agenda política, ya presida la nación un hombre o una mujer. En todo caso, la violencia de un sexo sobre el otro es un acto repudiable que deberíamos erradicar entre todos de nuestra sociedad.

Premio Nobel, que no es poco

En menos de una semana, como si se tratara de un chiste, hemos recibo dos noticias; una buena y una mala. La buena, el Premio Nobel de Literatura para Mario Vargas Llosa. La mala, la muerte del actor Manuel Alexandre. La vida confirma así su sabor agridulce.

Al escritor la noticia del Nobel le cogió de madrugada y por sorpresa en Nueva York. Hacía veinte años que el Premio Nobel de Literatura no era para la lengua española. En esas dos décadas ha habido omisiones muy graves. La última ya irremediable fue la de Mario Benedetti, el escritor que menos premios obtuvo en relación a los que hubiera merecido. Por este largo tiempo de espera, el nombramiento de Vargas Llosa por parte de la Academia Sueca debe llenarnos de alegría a todos los hispanoblantes y debe convertirse en aliento de los que escribimos en lengua castellana. Un premio como el Nobel de Literatura no se otorga únicamente a un escritor, sino que es un reconocimiento compartido con el idioma de dicho escritor y con su país. En este caso, aunque se ha recalcado la doble nacionalidad de Vargas Llosa, Perú tiene derecho a reclamar primero el honor de este galardón. Por otra parte, la concesión del Nobel sirve siempre para que millones de lectores se acerquen a la obra del premiado. Llegados a este punto he de reconocer mi escaso conocimiento de los libros de Vargas Llosa. Apenas puedo mencionar Cartas a un joven novelista, un ensayo epistolar del que tomé buena nota hará unos cuatro años y al que tengo que volver pronto para recuperar lo aprendido. No he ido más allá en su literatura, pero sí tuve el placer de verle en la Fundación Tres Culturas de Sevilla junto a Aitana Sánchez Gijón representado Las Mil y Una Noches.

Pero si vamos a hablar del placer, tenemos que volver a la mala noticia. Paradójicamente, la muerte se asocia al placer en este momento. Se ha muerto Manuel Alexandre, el último que quedaba vivo de un trío de actores madrileños que simbolizan una generación del cine español. Alexandre siempre será recordado por sí mismo y al mismo tiempo en compañía de Agustín González y José Luis López Vázquez. Este trío de actores ya fallecidos representa a la perfección el placer del buen cine. La lástima es que en un lustro se nos han ido los tres. De Agustín recuerdo a ese viejo amargado que planeaba y aplazaba constantemente su suicidio en El Abuelo. De José Luis es imposible olvidar su interpretación en El Verdugo. Y de Manuel me quedo con su papel de pregonero y aquella escena de la levitación en Amanece, que no es poco. Desde luego Manuel Alexandre nos hizo disfrutar en el cine. Si hubiese que repasar su diversa y extensa filmografía el resumen sería tan surrealista como la película de José Luis Cuerda. No es tiempo para llorar esta última pérdida, es tiempo para seguir amando al cine así como a la literatura y a la vida, aunque sea esta última como una montaña rusa y nunca alcancemos la felicidad absoluta.

Tenemos un premio Nobel en lengua española y un actor que se ha ganado sobrevivir en el recuerdo colectivo. Leamos, veamos cine, escribamos, volemos, que no es poco.

Me gusta esto

LobatónAyer tenía puesta la radio mientras iba conduciendo. Paré el motor y dejé la radio encendida porque me sedujo lo que estaba escuchando. En la Cadena Ser estaban entrevistando a Paco Lobatón, que narraba con mucha humildad cómo pasó de Radio Nacional de España a presentar ¿Quién sabe dónde? en la primera cadena de Televisión Española, el programa que lo lanzó a la fama y por el que todos lo recordamos. Lobatón comentaba que su nombre fue el último que pensaron para conducir aquel espacio, pero que son esas pequeñas casualidades de la vida las que hacen que triunfemos cuando menos lo esperamos. Mientras trataba de explicar el éxito de ¿Quién sabe dónde? Lobatón dijo: “La clave estaba en no añadir dolor al dolor”.

“La clave” como lo llamó ayer este periodista andaluz, es uno de los axiomas básicos de la ética periodística. Los periodistas estamos para informar, no para dramatizar la información. Lobatón dijo otra verdad que es necesario aplicar al periodismo: “El periodista no debe convertirse en protagonista de la noticia”. No creo que sea necesario añadir mucho más, sólo que a veces el profesionalismo y la ética están tan perdidos detrás de los niveles de audiencia que ni Lobatón y su antiguo equipo de ¿Quién sabe dónde? podrían encontrarlo.

Buen provecho.

Graduados

GraduadosHan pasado cinco años desde que pisamos por primera vez la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. Un lustro da para mucho, pero la carrera universitaria tiene que terminar en algún momento y los que aparecemos en esta foto ya enfilamos la última recta.

Ahí estamos los siete de siempre, los que a pesar de todo hemos seguido juntos. La vida nos lo va a poner cada vez más difícil para mantenernos unidos, pero si no lo conseguimos no será porque dejemos de intentarlo. Estoy seguro de que los siete tenemos el firme propósito de seguirles la pista a los otros. Ahora tenemos que sustituir las cabinas de edición digital, las aulas de la tercera planta, los despachos de la cuarta y el parque de atrás por otros lugares de mayor interés cultural y turístico. Desde luego es una ventaja que nuestros próximos encuentros vayan a realizarse bajo los efectos de la cerveza sin los agobios de los plazos de entrega de prácticas o las fechas de exámenes.

Somos siete en esa foto y cada uno tiene su historia. De izquierda a derecha: Verónica Martín, Anicha Olivares, Begoña Quinteiro, Julio Martínez, Margarita Pérez-Calderón, Inma Luna y José Ibáñez, un servidor. No voy a extenderme demasiado. Trataré de ser breve resumiendo cinco años en una frase que explique mi vinculación con cada uno.

Vero es como un rayo de luz, brillante y cálida. La primera palabra con la que la relaciono es la ternura. Siempre con un cigarrillo a mano y preparada para irse a Madrid, pero ella sabe que en Sevilla también nos hace falta.

Anicha es la más añorada, siempre pidiendo que le pongamos al día de todo lo que ocurre en el grupo. Desde el principio fue la más loca. Si algo produce su presencia es una sonrisa. Geográficamente es la que tengo más cerca, pero, como todos, está a sólo una llamada de teléfono de distancia.

Begoña es la madre del grupo. Ella lo tiene asumido. También es una idealista. Pero sobre todo es literatura. No es una persona, es un libro. Sus genes están hechos de papel y llevan impresos millones de palabras, pero la primera de ellas es albaricoque.

Julio no quería estudiar periodismo, pero todos nos alegramos de que lo hiciera porque es una suerte haberle conocido. Tiene un pacto con el diablo que le permite lucir moreno todo el año.

Marga es la más competitiva, aunque está claro que en un grupo de amigos no se trata de ganar sino de compartir. Con ella hemos compartidos muchas risas.

Inma se ha superado a sí misma y lo seguirá haciendo toda la vida. Ella es la voz despierta. Para nosotros su nombre está ligado al de Dulce Chacón, lo que demuestra que el grupo también ha funcionado como biblioteca. Rosa Aguilar la ha traicionado, pero yo seguiré fiel a sus ideales revolucionarios. A los de Inma, claro.

De José no voy a hablar, porque ya lo he hecho. Al hablar de mis amigos me he definido a mí mismo. En esta foto estamos siete, los más cercanos, pero en mi lista también están Emilio Antolín, Isabel Barrera, Yéssica Brea, Laura Carmona, Amparo Castilla, Carmen Castillo, Josele Castro, Paco Chacón, Elena Correa, Sara Domínguez, Elena Fernández, Lourdes García, Priscila Gago, Salva Gómez, Pepelu Jiménez, Lola Jurado, María Lobo, José Mari López, Juan López, Nada Kahfi, Chiki Mancera, Gloria Martínez, Manuel Minero, Laura Montes, Gema Moreno, Inés Muñoz, Violeta Muñoz, Pepe Oropesa, Fran Orta, María Pachón, Miguel Pérez, Marala Persán, Flora Picón, Manu “Topatilla” y Juanma Walls.

Buen provecho.