Si te cruzas con una mujer

No sé cómo has acabado aquí pero me alegro de que estés leyendo esto. Seguro que a lo largo de esta semana, al igual que durante cualquier otra semana del año y de tu vida, vas a cruzarte como muchas mujeres. A todos nos pasa. A no ser que vivas en una cárcel de hombres o seas un monje de clausura, vas a cruzarte tarde o temprano con alguna mujer.

Cuando eso ocurra te darás cuenta de que algunas mujeres te parecen guapas, atractivas. Podrás pensar que se han vestido y maquillado de la forma en que lo han hecho para agradarte. Podrás llegar a pensar que se han vestido y maquillado de la forma en que lo han hecho para que tú te sientas atraído. Si vas más lejos en tus pensamientos, podrás llegar a creer que el objetivo de esas mujeres es excitarte y que eso te da derecho a decirles lo excitado que te sientes al verlas.

Si te ocurre eso, te pido que te pares a reflexionar un momento. Te pido, por favor, que cuentes hasta diez antes de soltar una bravuconada. Haz lo mismo si lo que el cuerpo te pide es que le levantes la falda o que la sigas hasta un descampado y la fuerces a tener sexo contigo. Si te ves impulsado a hacer una cosa así, piénsalo primero. Seguro que si lo piensas te das cuenta de que te estás equivocando.

Trata de no imitar los modos del alcalde de Valladolid. No quieras ser uno más de la pandilla de la feria de Málaga. Nunca golpees ni acabes con la vida de una mujer.

Quizás estés pensando ¿De qué va este tío? Yo nunca mataría a una mujer. Vale, pero, por si acaso, no te consientas a ti mismo mostrarte obsceno con ellas. Ningún maltratador empieza a serlo dando una hostia a su pareja. Lo primero que hacen los maltratadores es ejercer la violencia silenciosa. Miradas, exabruptos, roces y otras muestras de ‘cariño’ que a veces son menos disimuladas que otras.

Te juro que últimamente estoy percibiendo un rebrote de esas actitudes. Me cruzo con machos alfa -ellos creen que lo son- a los que no les importa lo más mínimo mostrar su excitación en público. Y lo hacen delante de las mujeres pero también delante de sus parejas. Me refiero a que hay muchos hombres que ejercen con otras mujeres un tipo de violencia sexual socialmente aceptada -al menos ampliamente aceptada- delante de su propia mujer e incluso delante de la pareja de la mujer a la que acosan.

No te niego que me gusta mirar a las mujeres. Sobre todo a la mía. Tampoco te voy a decir que me importa que la miren. Es muy guapa. Con lo que no estoy de acuerdo es con que un completo desconocido o no tan desconocido pueda gritar -codificado en su idioma de hombre de las cavernas- un soberano “Te ponía a cuatro patas hasta saciarme” por mucha minifalda o maquillaje que lleve una mujer.

El escote, por muy amplío que sea y muy cerca de la vista que te quede al compartir ascensor con tu vecina del tercero, no te da derecho a violentarla.

Si te cruzas con una mujer y te gusta lo que ves, alégrate por haberlo visto. Ya está. No la sigas hasta la puerta de su casa, no le levantes la falda, no hagas ningún comentario soez sobre su escote, no le digas a su novio la envidia que le tienes, no la acorrales en un callejón, no la violes, no le pegues, no la mates. No es tuya ni siquiera cuando acceda libremente a acostarse contigo. Es una mujer y tiene el mismo derecho que tú a sentirse protegida.

En España, el teléfono de atención a la mujer maltratada es el 016. Es gratuito y no deja huella en la factura telefónica, por lo que nadie podrá saber que has marcado ese número.

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Marcas de por vida

Las marcas están por todas partes. Las llevamos en la ropa, nos las comemos, vemos sus anuncios por toda la ciudad. Algunas nos gustan más que otras y, por supuesto, todos tenemos nuestra lista de favoritas.

Yo, como todos, he tenido la oportunidad de probar muchas marcas. No sé exactamente cuántas han sido pero de entre ese número incalculable, he decidido quedarme con diez. He aquí mi lista de marcas preferidas. No están todas las que son pero sí son todas las que están, ¿me explico?

1. HARIBO

HariboTengo un vicio con las chucherías. Es un problema que me supera. Me gusta tanto el azúcar que sin haber terminado de comerme una gomita ya estoy pensando en coger otra.

Para un experto en chuches como yo, elegir una marca no es nada fácil. Y aunque reconozco el valor de otras casas como Fiesta, Sugus, Chupa-Chups y Pictolín, tengo que decir que Haribo ocupa el más glorioso de los altares de la religión azucarera.

Esta marca alemana nos deleita con ositos rellenos de zumo de frutas, grageas de brillantes colores y fresitas entre otras delicatessen. ¿Seguro que no tienes ganas de ir al kiosco y llenar una bolsa con un euro de gomitas?

2. KELLOGG’S

Kellogg'sSin desmerecer la calidad y el sabor (unidos al precio) de los cereales Hacendado, hay una marca que es fija en el desayuno de millones de niños y no tan niños. Estoy hablando de Kellogg’s, esos cereales que fueron creados para alimentar a toda una familia numerosa según los preceptos de los adventistas de Battle Creek, Michigan.

Llevo toda mi vida comiendo Smacks, Choco Krispies, Miel Pops o Frosties y recuerdo con añoranza los multicolores aros Froot Loops, cuya mascota era un tucán. Para conseguir éstos últimos en España hay que acudir a tiendas especializadas como Taste of America.

3. YOIGO

Quiero dejar claro una cosa: Yoigo es la marca de telefonía móvil en la que más confío. Y también quiero haceros una confesión: soy cliente de Vodafone.

yoigoLas compañías de telefonía móvil son las que más quejas reciben de los consumidores. Una de ellas, Vodafone, está especialmente en boca de todo el mundo por los abusos cometidos contra sus clientes. A mí, de momento, me está tratando bien. Sin embargo, ninguna empresa me ha dado mejor servicio que la hispano-sueca Xfera Móviles (la empresa propietaria de la marca Yoigo).

Imagino que querréis saber por qué no soy cliente de Yoigo si tanto me gusta esta casa (y sus anuncios). Cuestiones de permanencia. Mi anterior teléfono murió y la garantía había llegado a su fin, de modo que necesitaba uno nuevo y Yoigo no me dio una oferta satisfactoria. Entonces fue cuando apareció Vodafone y le entregué con resignación mi número de cuenta por segunda vez en la vida (la primera vez se hacía llamar Airtel).

4. CRUZCAMPO

A nadie le gusta la cerveza la primera vez que la prueba. Eso es tan cierto como que las marcas de cerveza en España son territoriales. Sabiendo estas dos cosas no es de extrañar que tardara cuatro o cinco botellines en cogerle el gusto al zumo de cebada y que mi marca favorita sea Cruzcampo, tan sevillana como yo aunque hace tiempo que la compraran los holandeses de Heineken.

CruzcampoSinceramente, no es la cerveza más sabrosa del mundo pero sí es una de las más fáciles de beber y la que mejor acompaña un platito de aceitunas.

La historia de su Gambrinus es verdaderamente entrañable. Si en los últimos años has notado que ha adelgazado, estás en lo cierto. Cruzcampo decidió darle un aspecto ‘más saludable’ para  evitar el tópico de la barriga cervecera.

5. MOLESKINE

moleskineSi hay una marca que me acompaña día a día ésa es Moleskine. Desde que me dijeron (y yo hice caso) que un escritor debe tener un cuaderno de escritor, Moleskine ha sido mi gran aliado.

Mi novela Bébeme, bésame la escribí completamente a mano en tres cuadernos de esta legendaria marca que se define a sí misma como “un sencillo rectángulo negro de puntas redondeadas con una goma elástica que sujeta las cubiertas y un bolsillo en el interior”.

6. PILOTpilot

Dadme un Pilot VBall y escribiré el mundo. Su tinta líquida escribe sola. Hasta mi maldita letra de médico sale ganando con uno de estos bolígrafos. Suelo usar cuatro diferentes: el negro para los títulos, el azul para las narraciones, el rojo para los diálogos y el verde para… ¿para qué uso el verde? Da igual, el verde mola.

¿Cuántos malos poemas hemos escrito juntos, Pilot?

7. PRIMA

Puede que Prima fuese la primera marca que pedí de forma consciente en mi vida.logoPrima Un buen día le dije a mi madre que no comprase otro ketchup que no fuese de la marca Prima. Y desde entonces hasta hoy no quiero otro por mucho Heinz que se ponga por delante.

Hubo un tiempo en que mi locura por este ketchup fue tal que llegué a ponérselo a las albóndigas. Yo era joven y estaba loco. Me lo están tratando.

8. JOT DOWN MAGAZINE

jot down magazineDe las diez marcas que destaco en este artículo, Jot Down Magazine ha sido la última en llegar a mi vida. ¿Cómo se gana una empresa el fervor de un consumidor con tan poco tiempo de relación? Con unas ediciones cuidadas al milímetro, con grandes firmas del periodismo patrio, entrevistas, relatos y artículos esenciales para conocer el mundo de la cultura y la ciencia actuales y con esas fotografías en blanco y negro que tan bien se encargan de escoger de entre los archivos más selectos.

No es ningún secreto que me gustaría escribir para esta revista.

9. PACO RABANNEultraviolet

No recuerdo cuál era mi fragancia antes de conocer los perfumes de Paco Rabanne pero la verdad es que en la última década no me separo de su Ultraviolet y su Black XS.

Por cierto, que mi chica me dijo el otro día que había olido un perfume que le encantaba. El nombre del perfume es One Million y la marca que lo fabrica se llama… Paco Rabanne, está claro, ¿no?

10. PLAYMOBIL

A ninguna otra marca tengo tanto que agradecerle como a Playmobil. Sería imposible calcular el número de horas que me pegué jugando con los ‘clicks’. Yo tuve el barco pirata y el fuerte. Mi colección superaba la centena de muñecos sin rodillas. Aunque, como siempre he sido un poco creativo, el uso que yo le daba a los ‘clicks’ puede resultar particular. Lo que a mí me gustaba era hacer dos porterías de fútbol recortando una caja de zapatos, plantar una canica en medio de mi cama y poner cuatro Playmobil a cada extremo del colchón acompañados de un muñeco más grande como portero para jugar partidos de cinco minutos cronometrados con mi reloj Casio.

playmobilHace unos años mi hermano pequeño se llevó los Playmobil al campo y parece ser que mi abuelo los acabó tirando a la basura. Cada uno de ellos tenía nombre y hasta conseguí que mi hermano Alberto se los aprendiese y los respetase. Hulk, Pirata, Herrero, Raika, Torpedo, Indio, Luiz… os echo de menos.

Uve

Conocí a Uve como el novio de la amiga de mi novia. El caso es que nos hemos seguido viendo más allá de aquellas relaciones de novios que terminaron ya hace tiempo.
Desde el primer momento Uve me mostró su rostro triste. Tenía aspecto de haber nacido perdiendo. Creo que a Uve la realidad le había estropeado los sueños.
Pronto noté que me apreciaba y que tiraba de mí. Me consideró su amigo mucho antes de que yo pudiese decir lo mismo -qué reservado soy a veces-.
Uve tenía barba de tres días, el pelo despeinado, una leve mancha en una paleta, un lunar sucio en la cara, ojos hermosos y tristes. Todo en él se mostraba como una ruina arqueológica: bello pero hundido.
Iba siempre con su cigarrillo de liar, con sus ilusiones rotas, con todo su pasado a cuestas, tratando de creerse que la felicidad estaba a la vuelta de la esquina. Pero Uve no sabía darle la vuelta a la esquina. Él era incapaz de olvidar y arrastraba sobre su espalda todas las experiencias negativas de su vida y cuando hablaba de las cosas bellas que le habían ocurrido, aunque hubiesen acontecido unas horas antes, él siempre las mandaba a la prehistoria de sus recuerdos.
Uve quiso ser feliz pero no supo cómo. Me llamó muchas veces, me escribió y yo no siempre le respondí. Creo que fui sincero con él en todo momento. Y creo que él sabía que yo podía imaginar lo que iba a hacer. Uve se quitó la vida hace unos días, no sé exactamente cuándo. Tampoco sé dónde descansa. Al fin descansas, Uve, al fin. Nunca te voy a olvidar, amigo maldito.

No saber y no ganar

-Hoy es 22, es cuando sales en la tele, ¿no? -me dijo mi madre por la mañana.

Efectivamente, el 22 de enero salí en televisión concursando en Saber y ganar, un concurso que sigo a rachas intermitentes desde que empecé a tener control sobre el mando a distancia.

Hacía ya tiempo que quería verme concursando en la tele. Bueno, ya tuve la experiencia una vez cuando estaba cursando la ESO en un programa de Canal Sur 2 (¿qué han hecho contigo, ‘Canaldó’?), pero aquello fue por equipos con otros dos estudiantes del IES Mateo Alemán y yo no tuve la iniciativa de escribir para participar. Si os lo estáis preguntando, perdimos. Por mucho.

La cuestión es que quería sentir en mis carnes la sensación del que va a jugar. Y eso hice. El concurso no me fue muy bien. Tuve dos contrincantes muy buenos, con varios programas a sus espaldas (Josep ya era “magnífico” antes de empezar a grabar conmigo) y me puse muy nervioso. La verdad es que, aunque perdí, me alegro mucho de haber concursado con Antonio y Josep, porque fueron muy amables y me ayudaron mucho antes de empezar. Lástima que no supiese templar los nervios tan bien como ellos.

Me volví a casa con 50 puntos (o euros, lo mismo es), pero con una experiencia inolvidable de la cual no me arrepiento para nada. Si ahora la gente me recuerda los fallos (revés, casuística, expatriado… algunas me las sabía, lo juro), no me importa, yo me lo pasé muy bien. Mi único lamento es no haber superado el reto para seguir concursando porque ya le empezaba a coger el gustillo cuando me vi fuera de la competición.

Quiero agradecer a todo el equipo de Saber y ganar su atención y el buen trato que me dio. Especialmente al jefe de producción Marc Royo, que estaba pendiente de que no nos faltase de na.

¿Volveré? Tengo que pensarlo, pero puede que sí.

Saber y ganar, 22 de enero de 2014

Tengo Huntington

Esta noche vi La vuelta a la tortilla, un cortometraje de Paco León en beneficio de la lucha contra el cáncer. Me ha parecido un vídeo de una belleza sublime y quiero compartirlo con vosotros.

Hace tiempo que estoy sensibilizado con el cáncer. Sin ir más lejos, el pasado verano se me murió mi amada amiga Inma Luna. A Inma le detectaron el cáncer en cuarto de carrera y eso la hizo salir de la Facultad de Comunicación un año más tarde que el resto. Esta Navidad, como ya es costumbre, espero reunirme con mis ‘periodistas favoritos’, aquellos compañeros de promoción que nos hemos quedado un trocito de Inma dentro de nosotros.

Mi camarada Luna no dejó de luchar nunca. Se marchó dando lecciones de vida. A mí Inma me enseñó mucho. Mientras se moría, me enseñó a vivir. Si coqueteo con el abandono, si pienso en rendirme, me acuerdo de ella y lucho.

Inma tenía cáncer y lo afrontó como la chica de La vuelta a la tortilla, y se lo dijo a todo el mundo. Le dijo al universo que no se iba a rendir.

Hoy quiero confesaros algo. Tengo que hacerlo tras ver este cortometraje. Yo tengo Huntington. Aunque no sé si ésa va a ser la causa de mi muerte. Pero podría serlo.

El Huntington es una enfermedad degenerativa y hereditaria de la que oí hablar por primera vez en mi serie favorita; House M. D. En la cuarta temporada, los seguidores de la serie nos enteramos de que la doctora Trece (Dr. Thirteen en el original) tenía una enfermedad degenerativa de transmisión genética llamada corea de Huntington. Corea en medicina, para los que no sepan griego, no hace referencia a un país de Asia, sino que quiere decir danza. Vulgarmente, la enfermedad ha sido conocida durante siglos como el baile de san Vito puesto que en la Edad Media, los enfermos, con sus característicos espasmos, iban a la capilla de san Vito en Ulm (Alemania) para pedirle al santo que los curara.

Los principales síntomas del Huntington son los movimientos espasmódicos involuntarios, comportamientos antisociales, paranoia, desorientación, pérdida de la memoria, dificultad en el lenguaje. Hay un considerable índice de suicidios.

Según una nota del Servicio Andaluz de Salud, “la Corea de Huntington es una enfermedad genética que afecta al sistema neuronal en tanto es el resultado de una degeneración genética programada de las neuronas en unas áreas concretas del cerebro. Esta degeneración provoca movimientos incontrolados, pérdida de las facultades intelectuales y problemas emocionales.”

Tengo Huntington, pero no tengo ningún miedo. Sí, incertidumbre, porque los médicos no saben decirme si voy a desarrollar o no la enfermedad. Mi análisis genético dio un resultado de 38 repeticiones en un alelo. Los doctores me dijeron que estaba en el límite, que personas con el mismo resultado que yo han desarrollado la enfermedad y otras no la han desarrollado. Y me ofrecieron participar en un estudio clínico. De modo que una vez cada año o año y medio voy a pasar por el área de Neurología del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla para que me analicen. Cuantas más personas afectadas por el Huntington se sometan a este tipo de estudios, más se sabrá sobre la enfermedad y menos incertidumbres habrá en torno a los exámenes genéticos.

Los médicos también me explicaron que voy a tener una juventud y una madurez tranquilas, que el Huntington si ha de preocuparme alguna vez ha de ser en la vejez. Me garantizan muchos años de vida sana. Pero también me advirtieron de algo. Soy transmisor de la enfermedad, mis hijos están prácticamente condenados a sufrir un Huntington mucho más severo que el que pueda afectarme a mí si no tomo una decisión.

La decisión consiste en PLANIFICAR. Ésa fue la palabra que usaron en la consulta. Si quiero ser padre, debo planificarlo. El término médico es diagnóstico genético preimplantacional (DGP) y Andalucía es la única comunidad autónoma de España que garantiza este servicio a sus ciudadanos a través de su sanidad pública.

Yo, en realidad, sólo pretendía una cosa con esta confesión. No quiero que nadie se apiade de mí o me compadezca. Lo único que quiero es recalcar la importancia de la investigación médica. La medicina es una ciencia que necesita avanzar cada día. Hoy el Huntington no tiene remedio y no lo espero, no pongo mis ilusiones en ello, aunque ojalá encuentren la cura lo más pronto posible. Pero hoy yo puedo no transmitirle el Huntington a mis hijos. Y eso es gracias a la investigación médica. Pero eso al Gobierno no le interesa. Por eso mismo abrazo el cortometraje de Paco León en beneficio de la lucha contra el cáncer como si fuese en beneficio de la lucha contra el Huntington, porque las personas que sufren cualquier enfermedad merecen que sus gobiernos doten a los servicios de salud del presupuesto suficiente para que se investigue una cura; cuanto menos un paliativo.

Quizás muera de Huntington, pero no voy a morir de miedo, ni mucho menos de vergüenza. Los que recortan en investigación médica, puede que sí se sonrojen un poco al leer artículos como éste.