Buen provecho

Desde que imparto un taller de radio para jóvenes ha dejado de sorprenderme el descarado mensaje sexual que recibe la chavalada a través de sus canciones favoritas. El sexo está en todas (o casi todas) las canciones que escuchan cada día. Temas como Anaconda de Nicki Minaj, Despacito de Luis Fonsi o Side to Side de Ariana Grande dejan claro con más o menos metáforas que aquí se viene más a erotizar a la peña que a cantarle un bolero de amor imposible. Y, ojo, a mí me gustan estas canciones que acabo e nombrar. Bueno, en realidad de Luis Fonsi estoy hasta la “pieza”, pero ¡Arriba Nicki y Ariana!

Otra que me gusta mucho y me hace parecer más joven en cuanto a preferencias musicales es Katy Perry. Su último éxito se llama Bon Appétit. El videoclip promete ser uno de los más vistos de la historia de YouTube. No sé cuántas veces lo he visionado antes de escribir esto. Tampoco sé qué pensar de él. Lo único que tengo claro es que es un escándalo. Una locura ideada por mentes sin frenos y que hace aún más rotundo el mensaje (explícitamente sexual) de la canción.

Sin ánimo de hacer spoiler, trato de resumir: Katy Perry aparece en una cama, con el culo al aire y envuelta en plástico de cocina. De ahí es llevada en hombros por un grupo de cocineros y cocineras a una inmensa piscina de harina donde la amasan como si fuese una base de pizza.

KatyLas caras de Katy Perry son verdaderamente cómicas mientras un grupo de extraños, que la ha sacado de la cama sin pedir permiso, la pone a punto para convertirla en la especialidad del menú de un restaurante de postín. Al mismo tiempo, Katy canta

Looks like you’ve been starving

You’ve got those hungry eyes

You could use some sugar

‘Cause your levels ain’t right

I’m a five-star Michelin

A Kobe flown in

You want what I’m cooking, boy

Let me take you

Under candle light

We can wine and dine

A table for two

And it’s okay.

En resumidas cuentas, algo así como, soy 5 estrellas Michelin y vas a querer comerte lo que estoy cocinando (ella misma es el producto).

En ningún momento se la ve incómoda ni da la sensación de estar siendo molestada a pesar de que, claramente, está siendo usada como un objeto (o un alimento en este caso).

Más avanzado el videoclip se presentan tres raperos empeñados en mostrar que tienen mucha pasta y que “ellos controlan”. La intervención de los tres MC se limita a declarar toda la alta cocina que pretenden montarse con la señorita Perry. Nuevamente ella es el menú.

Al final, la historia se da la vuelta (OJO SPOILER) y Katy termina cenándose a quienes pensaban que se la iban a comer a ella.

Y yo me pregunto, ¿es machista este vídeo? ¿incita a la violencia de género? Tengo motivos para decir que sí. Pero también me pregunto ¿no es acaso un juego en el que ella termina dominando a quienes se creían sus dueños? ¿incita a las mujeres a tomar las riendas y no dejarse cocinar por nadie? También tengo motivos para responder que sí. Y, así en general, ¿qué mierda (brillante) de música está escuchando la generación que nos va a pagar las pensiones (LOL)? Vamos, que estoy hecho un lío y no sé qué pensar. Porque, a pesar de lo que nos quieren hacer creer, no estamos obligados a saber de todas las cosas que pasan en el mundo todo el tiempo. Así que Bon Appétit es uno de esos agujeros negros de la incertidumbre que me hacen clavar los codos encima de la mesa y apretarme bien fuerte la mollera para intentar extraer unas conclusiones que no llegan. No sé qué pensar del vídeo de Katy Perry. A ratos me encanta y a ratos lo aborrezco. El hecho es que no puedo dejar de verlo y de plantearme qué debería pensar, cuál debería ser mi postura como hombre feminista. Y ¿tú qué piensas de todo esto?

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Seis coplas y ocho chanclas para un concierto de diez

El sonido agropó vuelve a estar de moda. Ha pasado una década desde que No me pises que llevo chanclas se separó. Diez años después, con más tripita y la misma guasa, el grupo palaciego que revolucionó la España musical de los 90 ha decidido volver con nuevas coplas.

Una legión de nostálgicos de veinte a cincuenta años se dio cita en la FNAC de Sevilla para vivir en carne propia un regreso tan inesperado como feliz. La sala estaba abarrotada cuando, a las ocho de la tarde, Pepe Begines y su grupo hicieron acto de presencia en el escenario y el cantante dijo estar muy contento por tocar esa “noche tarde, muy noche tarde, en Nueva York. Perdón, Sevilla capital”.

Los Chanclas se presentaron al más puro estilo agropó: camiseta negra y sombrero cordobés. La banda abrió el concierto con dos temas nuevos: primero, el sencillo 24 horas y segundo, Polisía. Mucho ojo o mucho oído con esta última canción, cuya letra narra las peripecias de un policía de tráfico gitano natural de Jerez. Su estribillo “Soy polisía y pongo multas to los días. Toma que toma” lo memorizó de inmediato un público entregado a sus ídolos desde el primer verso de una copla  de la que Pepe Begines dijo que era “más mala que la anterior” pero menos mala que la siguiente.

Fueron dos canciones muy enérgicas. Dos temas nuevos a los que siguió un trío de clásicos de la época dorada del, ahora, cuarteto de Los Palacios. No sé qué tenía pensado cantar Pepe Begines, pero, a los quince minutos de concierto, alguien le obligó a entonar el añejo Bolillón. Tres veces se dejó la voz el anónimo mozo hasta que el patrón dio su brazo a torcer y dijo: “Vamos a cantar Bolillón”. El entusiasmo de los fieles “chancleros” hizo temblar los cimientos de la FNAC. Antes ya había habido tiempo para la nostalgia con Chicago, la canción de Los Chanclas que mejor se presta a la participación del público.

Al Bolillón, momento más espectacular del concierto, le siguió, también por petición popular, Tengo una tasquita en Triana y ahí se acabó el repertorio clásico, que no el espectáculo, cuyo fin anunció Pepe Begines hasta en tres ocasiones.

Al final llegó el fin que diría Sabina. La sexta y última canción de la “noche tarde” fue En China, uno de los temas nuevos del disco Superhéroe Agropó que supone la vuelta de No me pises que llevo chanclas. En China merece ser incorporado desde ya a la lista de éxitos de este mítico grupo al que ahora le toca volver a la carretera.

Tras diez años de silencio (no para Pepe Begines que sacó dos discos en solitario), es inevitable hacer comparaciones entre lo nuevo y lo antiguo de No me pises que llevo chanclas.

Así podríamos decir que si antes se negaron a viajar a Japón (“Está mu lejo, joé”), ahora tienen obsesión por todo lo que haya sido fabricado En China.

Ellos que tuvieron que recurrir al dolalgial para soportar a una vieja tan pesada como la que les preguntaba una y otra vez Y tú, ¿de quién eres?, ahora se han convertido en agentes de la ley que quitan puntos y ponen multas sin hacer preguntas.

Por otro lado, si en los 90 tuvieron problemas para ver un concierto por culpa de un Cabezón que se les puso en medio, ahora nadie puede molestarles porque navegan 24 horas en Internet.

Por último, viendo el título de su nuevo disco, Superhéroe Agropó, cabe preguntarse si tendrán poderes para resucitar al malogrado Canario. Anoche, al menos, no se le oyó trinar. Conciertazo.

 

Buen provecho.

El chico triste de ayer y siempre

Siempre que alguien fallece, sobre todo si se trata de un artista, todo el mundo se afana en situarse vistosamente alrededor de su figura y honrarla desmedidamente. La mayoría lo hacen sin saber de quién se trata realmente el cadáver al que llevan flores. El último ídolo muerto es Antonio Vega.

Escribo ahora desde la distancia que proporciona su cuerpo ya sepultado con la intención, precisamente, de evitar eso de lo que acabo de hablar. Yo, lo reconozco, no seguí especialmente a Vega. De él conozco las tres canciones que estos últimos días han repetido hasta el infinito todos los informativos. La chica de ayer, Se dejaba llevar y El sitio de mi recreo. De ahí, lamentablemente, no salgo. No importa, me bastan esas tres canciones para calibrar la importancia de Antonio Vega.   

Su nombre siempre irá ligado a Nacha Pop, el grupo que lideró la movida madrileña, un movimiento musical al que se le dio más bombo del que merecía si lo comparamos con el rock andaluz, muy denostado por el centralismo informativo.

Muchos grupos, al separarse, someten a sus componentes a un proceso de selección natural. Antonio Vega debió evolucionar bien, puesto que se adaptó al entorno y sobrepasó la estela de Nacha Pop, llegando hasta 2009 muerto en vida pero vivo musicalmente.

La heroína le quitó la vida hace unos días, antes ya le había quitado la salud y el amor (su pareja también murió a causa de las drogas). Pero la heroína le respetó dos cosas fundamentales: la voz y su eterna tristeza. El mundo, en parte, es de los tristes. Ellos saben escribir lo que todos sentimos. Antonio Vega era un bendito chico melancólico.

Descanse en paz. Buen provecho.