Lo que me llevé del SEFF

La XIII edición del Sevilla Festival de Cine Europeo (SEFF por sus siglas en inglés) se llevó a cabo en la ciudad hispalense del 4 al 12 de noviembre de 2016. Durante esa semana larga de cine tuve la oportunidad de ver hasta trece títulos distintos de muy diferentes temas y narrativas. A continuación, hago un breve resumen de lo que me llevé del SEFF a través de esas trece películas que me dio tiempo a visionar.

DOGS, Bodgan Mirica. Rumanía, Francia, Bulgaria y Catar, 2016. 104 minutos.

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A las primeras de cambio llegó la primera decepción del SEFF. Dogs tenía una pinta estupenda pero resultó un despropósito enorme. Se trata de un thriller rumano en el que no se explica nada y en el que parece que lo único que le interesa al director es vender muerte e imágenes morbosas pero olvidándose de la historia y de las necesidades del espectador al que deja totalmente desamparado cuando los títulos de crédito hacen su aparición en escena. Es entonces cuando uno se pregunta: y todo esto, ¿por qué?

Por cierto, sensación que ya me ocurrió el año pasado con otra película rumana: One Floor Below de Alexandru Baciu.

THE BALLAD OF GENESIS AND LADY JAYE, Marie Losier. Estados Unidos, Francia, Alemania, Bélgica, Holanda y Reino Unido, 2011. 72 minutos.

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Lo más extraño que he visto en el SEFF ha sido esta película documental que explora el concepto de pandroginia. Genesis P-Orridge, nacida Neil Andrew Megson, conoció a Lady Jaye en una habitación de tortura BDSM, se enamoró de ella y descubrió quién era realmente. Desde entonces, ambas se sometieron a varias operaciones de cirugía estética para convertirse en gemelas perfectas. La pareja se redescubrió en la pandroginia, una ruptura de la dualidad hombre-mujer y un canto hermoso y raro a las nuevas realidades de género. Esta balada de Marie Losier me pareció una locura maravillosa.

LA MANO INVISIBLE, David Macián. España, 2016. 84 minutos.

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Isaac Rosa es uno de los mejores escritores españoles contemporáneos, un excelente periodista comprometido con su sociedad y uno de los más certeros retratistas de la ruptura humana que ha provocado la crisis en nuestro país. Sus novelas están escritas desde las entrañas pero usando toda la materia gris del cerebro de un escritor de izquierdas. Llevar una novela de Isaac Rosa al cine no es algo que pueda hacer cualquiera. Sin embargo, David Macián sale triunfante del envite en La mano invisible, una película que es carne cruda y que merece estar en todas las salas nacionales. El mérito es aun mayor si tenemos en cuenta que ha sido realizada mediante crowfunding. Al final de la cinta uno sale preguntándose si el guión no lo ha escrito Jordi Évole y, cabizbajo y herido, surgen otras cuestiones: ¿cuándo nos robaron la conciencia de clase? ¿Qué tiene que pasar para que renazca la solidaridad obrera? ¿En qué momento los pobres aceptamos que estaba bien enfrentarnos a nuestros semejantes y no a quien nos explota?

AMERICAN HONEY, Andrea Arnold. Reino Unido y Estados Unidos, 2016. 158 minutos.

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Vi el trailer de American Honey varias semanas antes de plantearme mi agenda en el SEFF y tuve claro que no me la iba a perder, así que la marqué en rojo cuando tuve el abono del festival en mis manos. Asistí un lunes por la noche con la sensación de que me iba a ir contento de la sala de cine. Nada más lejos de la realidad. American Honey es una promesa que no se cumple. Una road movie en la que el espectador se pasa 158 minutos esperando a que llegue el momento de quiebra que lo cambie todo. El resultado es una película plana con una banda sonora para enmarcar y unas ganas terribles de preguntarle a Andrea Arnold si nos ha tomado por tontos. Hacer películas, no sé, pero venderlas se le da muy bien.

SORDAS, Génesis Lence. España, 2016. 15 minutos.

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No es más que un cortometraje de quince minutos en el que lo más importante son los pequeños detalles que el film va mostrando. Sordas podría definirse como un catálogo de situaciones cotidianas para las personas no oyentes en las que seguramente no habrás reparado antes si tienes intacto el sentido del oído. A su favor habría que decir que deja con ganas de más. Habrá que estar atento al recorrido profesional de Génesis Lence, quien no duda en prestarse a proyectos de temática social tan necesarios en nuestro cine.

MARISA EN LOS BOSQUES, Antonio Morales, 2016. 90 minutos.

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Marisa es una Amélie a la española. La protagonista de esta película se dedica a solucionar las crisis personales de los demás mientras no termina de solucionar sus propios problemas. A veces ñoño, no se le puede negar la belleza visual a este largometraje que tiene un toque absurdo bastante cómico y que presenta al espectador varias formas de vivir sobre el alambre. Algunos de los personajes mantienen el equilibrio mejor que otros pero ninguno acaba impactando contra el suelo. Una cinta correcta, aprueba sin nota.

SECUESTRO, Mar Taragona. España, 2016. 105 minutos.

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Antonio Dechent fue galardonado con el premio Canal Sur Radio y Televisión a la Trayectoria Profesional. No vamos a descubrir a Antonio a estas alturas. Huelga decir que el premio es más que merecido. Como colofón a la gala en la que se le rindió homenaje, se proyectó Secuestro, una muy buena película digna de la sobremesa de Antena 3, en la que Dechent es un policía encargado de investigar un caso cada vez más enrevesado. Blanca Portillo, José Coronado, Vicente Romero (Con el culo al aire) y Macarena Gómez completan el reparto de una película digna de ser vista.

EL DÍA MÁS FELIZ EN LA VIDA DE OLLI MÄKI, Juho Kuosmanen. Finlandia, Suecia y Alemania, 2016. 92 minutos.

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Creedme si os digo que no me gusta el boxeo pero, en cambio, me encantan las películas de boxeadores. Debe ser por la épica narrativa que suele acompañarlas. El día más feliz en la vida de Olli Mäki se salta un poco los cánones del género. Para su protagonista, lo importante no es el combate por el campeonato del mundo, sino haberse dado cuenta de que está enamorado. Basada en hechos reales y rodada en blanco y negro, esta película aguanta dieciocho asaltos sin besar la lona pero tampoco gana por K.O. Divertida, hermosa y brillante, eso es El día más feliz en la vida de Olli Mäki.

IN BED WITH VICTORIA, VICTORIA, Justine Triet. Francia, 2016. 97 minutos.

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Casi la incluí por casualidad en mi selección del SEFF. Me faltaba una entrada por canjear y me venían bien el sitio y la hora. Gracias a los planetas por alinearse a mi favor. Me reí muchísimo con In bed with Victoria y me marché a casa muy contento. Lo que vi fue una comedia fresca, en un pequeño apartamento de locos que a veces parece el camarote de los hermanos Marx y en el que vive Victoria, una abogada a la que un amigo mete en el mayor marrón de su carrera profesional. En sus 97 minutos subyace un análisis de las relaciones de pareja desde tres perspectivas bien distintas: los que se llevan a matar pero viven en un ni contigo ni sin ti, el exnovio obsesivo y acosador, y aquellos a los que los fracasos anteriores les llevan a poner en riesgo el verdadero amor. Incluye un juicio surrealista en el que llegan a declarar un dálmata y un chimpancé.

KEEPER, Gillaume Senez, Bélgica, Suiza y Francia, 2015. 95 minutos.

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Keeper no es una película para adolescentes aunque tenga todos los ingredientes para ello: protagonistas de quince años, primer amor, embarazo no deseado de una menor de edad y un prometedor portero de fútbol que sueña con jugar en la élite y hacerse millonario. Sin embargo, Keeper es un dramón para todos los públicos y también un buen número de sonrisas de complicidad con la joven pareja protagonista, que parece vivir un amor indestructible. Plantea muchas preguntas y rompe ciertos estereotipos recurrentes en el caso que nos ocupa. El mayor éxito de Keeper es que consigue mover al espectador de la butaca y colocarlo en el centro de la pantalla. ¿Qué haría yo en el lugar de él o de ella? Altamente recomendable.

UNITED STATES OF LOVE, Tomasz Wasilewski. Polonia y Suecia, 2016. 104 minutos.

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Situación inicial: Polonia ha dejado atrás el comunismo y se abre al mundo. Sus protagonistas también desean hacerlo: se habla de viajar al extranjero y de la posibilidad de comprar un coche mientras las mujeres se empoderan en una sociedad cien por cien machista y ultracatólica. La fotografía nos muestra una ciudad helada, desértica y decadente en la que conviven personas con ansias de libertad y modernidad. Parte de esas ansías encuentran respuesta en el sexo y, sobre todo, en las relaciones prohibidas. Eso es United States of Love, cuatro maneras de amor prohibido. Buena película situada en el siglo pasado pero con una temática bastante actual.

LAND OF MINE, BAJO LA ARENA, Martin Zandvliet. Dinamarca, 2015. 100 minutos.

Under sandet (Martin Pieter Zandvliet, DK/DE, 2015)
Under sandet (Martin Pieter Zandvliet, DK/DE, 2015)

Lo mejor que vi en el SEFF se llama Land of Mine, que en su versión en castellano se ha titulado Bajo la arena. Ahí, bajo la arena de una playa danesa, es donde se sitúa la acción. La II Guerra Mundial ha finalizado y un grupo de soldados alemanes menores de edad es obligado a encontrar y desactivar las minas antipersona que han dejado sepultadas sus camaradas durante la invasión nazi de Dinamarca. Al grupo lo vigila un sargento muy agresivo, al estilo de La chaqueta metálica, cuyo corazón no es tan de piedra como parece a simple vista. Enorme trabajo de Martin Zandlievt y del reparto al completo para hacer de Land of Mine una película digna de enmarcar. Aplaudan de pie si la ven. Se lo merece.

NOCTURAMA, Bertrand Bonello. Francia, 2016. 130 minutos.

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Película prohibida en Francia. ¿Cómo no sucumbir ante tal reclamo? Nocturama “cuenta” la historia de un grupo de jóvenes que no tienen demasiado en común y que, no se sabe por qué, decide cometer en París una serie de atentados de forma sincronizada para luego, tampoco se sabe por qué, esconderse en un centro comercial a esperar que pase la noche. Necesito explicar cuánta rabia me produjo perder 130 minutos de mi vida viendo semejante despropósito. Mi reacción fue dormirme varias veces ante algo tan infumable. Me parece una tomadura de pelo. No hay más que morbo y violencia gratuita jugando con el sentimiento de millones de personas que se vieron afectadas de una u otra forma por los  auténticos atentados de París hace un año. Por mí, como si la prohíben en Arkansas o en Navalmoral de la Mata. Les estarían haciendo un favor a los cinéfilos del lugar.

EN RESUMEN

No ha sido para mí la mejor edición del SEFF pero siempre resulta una suerte poder visitar en noviembre varias de las cinematografías que se están dando en el viejo continente. Me quedé con ganas de ver Gurumbé, Canciones de tu memoria negra; La voz en lucha; Sólo el fin del mundo; La prunelle de mes yeux; Le cancre; Ma loute; Personal Shopper; Albüm; Belle dormant; Europe, she loves; Toni Erdmann; Aunque tú no lo sepas, la poesía de Luis García Montero;Mister Universo. Llamadme fatiguita si queréis pero es que me encanta el cine.

Se confirma mi maldición con el Giraldillo de Oro. Nunca he visto la película ganadora del festival. Parece que no se me da bien elegir. Este año, el premio más importante del SEFF se lo llevó Ma loute, de Bruno Dumond.

 

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El mundo no es nuestro

De izquierda a derecha: Alberto López, el 'Culebra' y Alfonso Sánchez, el 'Cabesa'.
De izquierda a derecha: Alberto López, el ‘Culebra’ y Alfonso Sánchez, el ‘Cabeza’, creadores de El mundo es nuestro.

Conforme aumenta el número de veces que uno ha visto la película El mundo es nuestro, la apariencia de comedia se va diluyendo para dar paso al impresionante trasfondo social del largometraje del que, por cierto, se ha hablado bastante poco.

Pero esto es algo habitual en el cine español. Pasó en su época con Bienvenido, Mister Marshall (Luis García Berlanga, 1953) y con la obra cumbre de José Luis Cuerda: Amanece, que no es poco (1989).

El público español está acostumbrado a reírse de su propia idiosincrasia pero no a analizar el doble fondo de las comedias patrias.

Fundido en negro, El mundo es nuestro comienza con un lamento esclarecedor: “Aquí se vive muy mal, muy mal, muy mal. Aquí se vive muy malamente, oiga, que estamos viviendo como animales”. Es la voz del tío Juanini, un traficante de droga familia del ‘Culebra’ y el ‘Cabeza’, los protagonistas del film. Ambos se quejan de su “situación precaria” mientras van camino de la calle San Jacinto en Sevilla para cometer un robo en una sucursal bancaria. En este paseo en moto, el ‘Culebra’ y el ‘Cabeza’ desgranan con su jerga cani los ingredientes de la crisis: corrupción, falta de oportunidades, hipotecas a treinta años, niños y perros a los que hay que recoger la mierda mientras tu vida se convierte precisamente en eso.

Es entonces cuando estos dos delincuentes de tres al cuarto llegan al centro de su discurso: “Ante el terrorismo financiero, expropiación bancaria”. ¿Se puede seguir afirmando tras escuchar esta frase que El mundo es nuestro no es más que una comedia quinqui? Imposible. Estamos ante la película española más reivindicativa de la clase trabajadora en la última década. Habría que remontarse a Los lunes al sol  (Fernando Léon de Aranoa, 2002) para encontrarse con algo parecido.

El grueso de la película se desarrolla en una sucursal bancaria adonde el ‘Culebra’ y el ‘Cabeza’ entran confiados en dar un palo sencillo y rápido. La cosa se complica cuando aparece Fermín, un supuesto terrorista que amenaza con hacerse inmolar en el banco si no llaman inmediatamente a la televisión.

Pero a quienes vemos primero en el banco es al director de la oficina y a su cliente número uno, los cuales hablan sin tapujos de la explotación laboral y la justifican sin remilgos. “Despedir a alguien cuesta mucho dinero. A mí como empresario y al país, por eso lo que hay que buscar es gente sin papeles que te trabaje al 200% y cuando te den algún tipo de problemita… al carajo y punto” le dice el cliente al director del banco antes de mostrarle un maletín más negro que los cuadernos de Bárcenas. Cualquiera diría que esa parte del guión la escribió Díaz Ferrán, expresidente de la CEOE.

La película es una enciclopedia ilustrada de la picaresca española del siglo XXI, que no difiere demasiado de aquella que le valía de ganapán al Lazarillo de Tormes. En El mundo es nuestro vemos cláusulas bancarias abusivas, negocios ocultos, economía sumergida, tratos de favor, cobro fraudulento de subsidios, explotación laboral, intrusismo y degradación de la categoría profesional entre otras artimañas de las que se valen miles de españoles cada día para saborear su trozo de un podrido pastel cuyo olor enturbia el aire que respiramos.

El mundo es nuestro es también un canto a la ineptitud de los altos mandos. Sabemos que vivimos en un país en el que hay más jefes que indios y en el que los jefes no siempre están todo lo cualificados que deberían. Ocurre así con los atracadores, que ninguno de los dos sabe quién está al mando ni qué es lo que hay que hacer. Lo mismo pasa en las filas de la Policía; en el banco, donde se produce un escandaloso motín; y entre las corruptas autoridades locales.

El mundo es nuestro, Alfonso Sánchez, 2012.
El mundo es nuestro, Alfonso Sánchez, 2012.

Pero no todo es crítica. Hay tiempo para el elogio. Sobre todo, pasados los primeros cuarenta minutos de metraje, cuando se conocen las verdaderas razones de Fermín para amenazar con la inmolación. Es entonces cuando aparece implícitamente el movimiento 15-M. Quizás estemos hablando de la primera película de ficción en la que se registró el lema “No hay pan pa tanto chorizo”.

El mundo es nuestro se vuelve a partir de ese momento una oda al derecho al pataleo, único derecho que permanece todavía en pie del derrumbado Estado del Bienestar con el que nos habían endulzado la vida hasta que comenzó la crisis.

El ‘Culebra’ y el ‘Cabeza’, cuyo máximo referente es el ‘Dioni’, se transforman de la noche a la mañana en adalides de la justicia social e inician su propia cruzada en contra del ‘mamoneo’ de los bancos y de los políticos.

En medio de la carcajada, las pequeñas reivindicaciones de los personajes implicados en el secuestro ponen los vellos de punta. Porque, no se puede negar que cuando la limpiadora del banco levanta la bayeta a su jefe y le espeta “Que los tiempos de Franco ya pasaron” un escalofrío de emoción, de empatía de clase, recorre fugazmente la piel del currito que asiste al desarrollo de los hechos al otro lado de la pantalla. El mundo es nuestro es tan vergonzosamente sonrojante, que quien juegue en la vida real el papel de antagonista, odiará en su fuero interno esta película, aunque se cuidará mucho de declararlo en público.

Antonio Dechent, caracterizado como el subdelegado del Gobierno, junto a Alfonso Sánchez, director de la película.
Antonio Dechent, caracterizado como el delegado del Gobierno Antonio de la Lastra, junto a Alfonso Sánchez, director de la película.

Finalmente, El mundo es nuestro supone un retrato esperpéntico de la realidad social sevillana. Quizás por eso la película no ha traspasado todas las fronteras que debería. Sin embargo, la verdad es que el lenguaje del largometraje es más universal de lo que se piensa. Podríamos conmutar la Semana Santa de Sevilla por el Mardi Gras de Nueva Orleans o por la peregrinación a La Meca y nada cambiaría. En cualquier lugar del mundo hay costumbres ancestrales que están por encima de las leyes y del sentido común. Lo que el mundo necesita son más personas dispuestas a reírse de sí mismas. Y mucha más comedia-denuncia.

Gracias, Robin

En un sólo momento se nos han ido la risa y el llanto. Robin Williams murió la noche del lunes en Tiburón, California. Parece que se ha marchado por su propia voluntad. La natural afición de algunos medios de comunicación por la miseria humana destaca sus problemas con el alcohol y las drogas. ¿De verdad merece alguien que nos ha hecho reír y llorar que se hurgue en sus desgracias de una forma tan gratuita?

Aunque la generación de los 80 le reclame como suyo y la de los 90 haga lo mismo, la verdad es que Robin Williams fue la risa del mundo durante más de 30 años desde que interpretase a Popeye en 1980. Su grandeza no se suscribe a una generación, sino a todas las que tuvieron la suerte de ser sus contemporáneas.

Y no sólo risa nos dejó. Robin también nos provocó el llanto. Si no, paraos a ver El indomable Will Hunting (Oscar al Mejor Actor Secundario) El club de los poetas muertos. Pendiente de visionar me queda a mí, por ejemplo, Good morning, Vietnam. Afortunadamente, Robin Williams siempre estará esperándonos en el videoclub.

Creo que hay pocos actores que hayan despertado en mí los mismos sentimientos que Robin Williams. Pienso en algunos nombres: Robert De Niro, Jack Nicholson o Anthony Hopkins. Creo que pocos más pueden estar a la altura de Robin Williams.

Yo lo conocí a Robin. Esto es algo que nunca he contado. Aunque no es del todo cierto. Quizás por eso no lo haya confesado hasta ahora. Pero recuerdo un día en que visitó mi instituto un musicólogo que tenía la cara de Robin Williams. Evidentemente, yo sabía que no era él. Hablaba español y se llamaba de otra forma, pero en cuanto empezó su show y nos mostró decenas y decenas de instrumentos de todo el mundo, me hice a la idea de que era él. En parte porque el tipo parecía un profesor chiflado o un científico loco. No podéis ni imaginar cuánto disfruté aquella mañana. Quizás os esté contando una anécdota muy tonta pero creo que así os podéis hacer una idea de la chispa que Robin Williams prendió en mí.

Se nos ha ido y sólo nos queda cantarle. Entonemos nuestro verso.

¡Oh, capitán, mi capitán! Allá donde haya necesidad de una sonrisa o urgencia de una lágrima, llevaremos sus películas. Gracias por haber existido, señor Williams.

Desde aquí podemos asegurarle que el mundo sigue siendo una selva. ¡¡¡JUMANJI!!!

El enano

Guillermo Francella asombró al mundo del cine con su interpretación de un jurista alcohólico en la oscarizada El secreto de sus ojos en la que compartió cartel con Ricardo Darín y Soledad Villamil. Brillar en una película en la que te hacen sombra dos monstruos de la talla de Darín y Villamil no es nada fácil, por eso Francella, ampliamente reconocido en Argentina, se ganó el aplauso del público internacional.

Ahora vuelve este experimentado a actor a los cines de España con Corazón de león, la última película de Marcos Carnevale. En ella el registro de Francella es totalmente diferente pues encarna a León Godoy, un afamado arquitecto que es todo lo que espera una mujer como la abogada Ivana Cornejo (Julieta Díaz) salvo por una cosa: mide 136 centímetros de altura. Un ‘pequeño’ detalle que hace que la relación entre Ivana y León se complique desde el principio.

Para colmo, Ivana trabaja en el mismo bufete de abogados que su exmarido, el cual sigue obsesionado con ella. El choque entre León y el exmarido de Ivana no se hará esperar y deparará una de las mejores escenas de humor de la película.

Aunque se la puede clasificar como comedia, Corazón de león tiene también un marcado sentimentalismo sin caer para nada en la lástima. Se trata de una película en la que el protagonista enano se muestra tal y como es y pretende ser aceptado por una sociedad empeñada en señalar al que es diferente. León Godoy supera los 40 centímetros de altura que le faltan con carisma y determinación, con una sonrisa en la que expresa “Este soy yo, si no te valgo, tranquila, sigamos cada uno su camino. Pero si te valgo, recuerda, este soy yo y te va a encantar conocerme”. Es un hombre que ha luchado para conseguir todo lo que tiene pero no es un superhéroe. Carnevale no ha querido vestir a Superman de enano, sino que ha dotado al personaje de Francella de humanidad pura y dura y eso es lo que lo hace real, creíble, a la par que admirado por el espectador.

Corazón de león tiene algunas de las mejores escenas cómicas que se vayan a poder ver este año en la gran pantalla al mismo tiempo que nos recuerda que no vale reírse de todo.

La película también sirve de presentación para Nicolás Francella, el hijo de Guillermo (también su hijo en este film). Habrá que seguir la carrera del joven Nicolás porque apunta maneras.

La ventana indiscreta

Si Hitchcock levantara la cabeza estaría orgulloso de Nacho Vigalondo, pues Open Windows es algo así como La ventana indiscreta del siglo XXI.

El director español regresa a las pantallas con un largometraje en el que pone bajo sus órdenes al siempre eficaz Elijah Wood y a la, ahora actriz, antiguamente diva porno Sasha Grey.

Open Windows es un enrevesado y bien trabajado guión sobre un hacker que ignora a otros hackers mientras maneja como a un títere a un pobre fan del personaje encarnado por Grey.

Destaca la interpretación que Elijah Wood hace de un pardillo webmaster enamorado de una actriz caprichosa a la que la fama se le ha subido totalmente a la cabeza. Por su parte, Sasha Grey demuestra que, si bien el porno ha perdido una estrella, el cine ‘normal’ ha ganado un diamante por pulir. Habrá que esperar a verla en papeles en los que no sea objeto de deseo sexual para comprobar si su adaptación al cine comercial resulta del todo satisfactoria.

En cuanto a la película en sí, vale la pena avisar de que todo el metraje está montado como si lo observásemos desde la pantalla de un ordenador en el que se van abriendo y cerrando diversas ventanas. Esto convierte al espectador en un voyeur a medio camino entre los deseos del hacker y la desesperación del pobre webmaster que nunca en su vida ha pretendido hacerle daño a nadie.

Gestionando el miedo a las nuevas tecnologías y a los avances que éstas procuran a favor del espionaje casero, Vigalondo imprime una tensión exasperante que asfixia al que se sienta con un bol de palomitas en la, aparentemente, cómoda butaca del cine.

Incursión a lo Hitchcock incluida, aunque con más protagonismo del que se daba a sí mismo el director británico, Vigalondo demuestra que la dirección de cine en España pasa por un gran momento. Además, en los primeros minutos de la película se permite la bendita licencia de mostrarnos a Raúl Cimas y Carlos Areces como víctimas de un extraño virus del futuro mientras juegan a los bolos. Como para avisarnos de que Open Windows es la ‘ventana’ de entrada a un mundo de freaks tan loco como peligroso.

Tragicomedia de altura

Kamikaze-729300330-largeEclipsada por el éxito de Ocho apellidos vascos aparece en la cartelera otro título español en el que también participa Carmen Machi. Estoy hablando de Kamikaze, una tragicomedia candidata desde ya a los Goya, sobre todo al de Mejor Actor para Álex García que está impecable haciendo de terrorista de Karadjistán, una región imaginaria que quiere desprenderse de Rusia.

Rodada entre un avión y un hotel de montaña y bajo el manto blanco de la nieve moscovita, Kamikaze es un pelotazo que, me temo, va a pasar desapercibido. Ojalá me equivoque porque Álex Pina, su director, ha logrado rodar una historia memorable. Este es el primer largometraje de Pina, conocido por haber puesto orden en algunas de las series más recordadas de los últimos años en la televisión en España: Los SerranoLos hombres de PacoEl barco, entre otras.

Los diferentes trailers que se han podido ver antes del estreno venden una comedia que no lo es tanto. Tiene puntos muy divertidos, sobre todo los protagonizados por el argentino Eduardo Blanco, un viejo roquero de la risa, pero no es sólo humor esta película. De hecho, es mucho más melodrama que comedia.

Kamikaze emociona y divierte, pone la piel de gallina por amor y por miedo. En definitiva, es un cóctel explosivo que sacude corazones y conciencias. Además, merece la pena dejarse enamorar por una torpe suicida encarnada por Verónica Echegui y echarle un vistazo de nostalgia al cada vez más mito, cada vez más leyenda, Héctor Alterio.

Vayan a verla antes de que otras ‘bombas’ de mayor presupuesto la hagan volar de la cartelera.

Clemente no es vasco

 La comedia española vive días de cine. Tras películas como El mundo es nuestro, ¿Quién mató a Bambi? o Tres bodas de más, llega ahora a la pantalla grande Ocho apellidos vascos, de Emilio Martínez-Lázaro, director de la saga de El otro lado de la cama y de la hermosa Las trece rosas.

Ocho apellidos vascos (Clemente no es uno de ellos) es una película protagonizada por la madrileña Clara Lago, que hace de vasca, y el malagueño y cómico Dani Rovira, que hace de sevillano y de actor. Les acompañan Karra Elejalde, Carmen Machi, Alberto López y Alfonso Sánchez.

La elección de Rovira parece estar condicionada por la enorme y merecida popularidad del humorista malagueño. Aunque hace un amago de monólogo, Rovi se mantiene dentro de los límites cinematográficos e interpreta su papel. No es el mejor actor del mundo pero se le da muy bien poner caritas y mostrarse confuso o asustado, detalles que ya conocíamos de su actividad como monologuista.

En cuanto a Clara Lago, qué decir de ella sin mencionar su belleza. Pues muchas cosas, hay va la hostia. Por ejemplo, que logra encajar perfectamente como una euskera más; que le va bien el papel de mujer manipuladora aunque, al mismo tiempo, en apuros; y que si es lista podrá labrarse una gran carrera en el cine español. Si es lista.

Siguen a la pareja principal cuatro secundarios de lujo. El mejor de todos, un bruto, torpe y entrañable Karra Elejalde, bien acompañado por Carmen Machi, mujer odiosa a primera vista pero fácilmente querida una vez que la ves actuar. Y por el sur acuden los compadres Alberto López y Alfonso Sánchez con una versión 2.0 de sus míticos personajes Rafa y Fali con acento al estilo Manuel Ruiz de Lopera (¿por qué?).

La película está salpicada de muy buenas dosis de humor y es ideal para echar un buen rato. Me parece, además, una gran iniciativa que se haga cine de ‘unión’ entre el norte (Euskadi) y el sur (Andalucía) de España. Somos un país dividido y separatista (no sólo por los nacionalismos) que no está acostumbrado a crear sinergias entre los pueblos que componen el Estado. Sólo por eso ya merece la pena brindar por el éxito de Ocho apellidos vascos. Eso sí, no nos chupemos las pollas todavía, hablando mal y usando la jerga tarantina. No estamos ante una película memorable como sí lo fue El mundo es nuestro de la que proceden Alberto López y Alfonso Sánchez. Tampoco, mucho menos, llega este título al nivel de una gran comedia europea como la francesa Bienvenidos al norte, una película referencia para Ocho apellidos vascos y a la que se le rinde cierto tributo con una escena de tormenta repentina junto al cartel de carretera que reza “Bienvenidos al País Vasco”.

Floja en la trama, con exhibiciones de desconocimiento del enterismo sevillano (un bar en el muelle de Nueva York con salida trasera a la calle Betis o fuegos artificiales de Feria de Abril lanzados desde el Parque de María Luisa), mucho beticismo y kale borroka, Ocho apellidos vascos es una película que merece la pena ser vista, reída y recomendada pero no alzada al olimpo de la comedia española, ya ampliamente copado, aunque siempre con huecos libres para nuevos visitantes.

302

300_el_origen_de_un_imperio-cartel-5367Sí, esta crítica de cine es una broma pero la película también lo es. Si te gustó 300, no puedes tomarte muy en serio su secuela 300: El origen de un imperio.

Y eso es lo que yo voy a hacer. Así que ésta es una crítica de broma para una película de broma.

302 -llamémosla así ya que es la segunda parte de 300– narra la historia de las guerras médicas en las que se vieron pocos médicos y muchos medos o persas (de ahí el nombre). De su predecesora, 302 recoge cuatro planos del -ayomá- rey Leónidas y a la mala de Xerxes con toda su bisutería de mercadillo. Bueno, y a la señora de Leónidas, una MILF de categoría.

Se añaden aquí dos personajes protagonistas entre los que hay tensión sexual (obsérvese que no he añadido la coletilla “no resuelta”), como son Temístocles de Atenas y Artemisia de… ¿de dónde? Bueno, ella dice que es de sangre griega pero de corazón persa, y no lo dice pero el chocho lo tenía universal, que la muchacha era libertina. Temístocles, en cambio, era más frío (era hasta que se cruza con ella). Él mismo lo dice: “No m’a dao tiempo a formar una familia.”

Total, que la lucha es entre Grecia y Persia. Entre la DEMOCRACIA y la TIRANÍA. ¿Os suena? ¿Quién escribió el guión? ¿Bush? ¿Obama? ¿O, tal vez, Rajoy? Porque, a mí Esparta me parece un poquito Cataluña: “Somos 300 pero no vamos a luchar con vosotros, unitarios de mierda. Sparta is not Greece. Esparta, nuevo Estado de Europa.” Por cierto, hay un momentazo increíble cuando el bueno de Temístocles se adelanta 25 siglos a su época y pronuncia la frase de Ernesto Che Guevara “Prefiero morir de pie antes que vivir arrodillado.”

Hay en el film un abuso del slow motion, un intento no conseguido de colorear la fotografía de azul ateniense en contraposición al rojo espartano de la primera entrega, hay un Xerxes totalmente desaprovechado, mucha sangre (menos mal que algo respetan), luchas (no tan) épicas y un caballo nadador (sí, en serio). Todo en muy pocos minutos de película, lo cual da la sensación de que el director había quedado y dijo: “Bueno, basta”.

Voy a salvar dos momentos: el polvazo interracial digno de Brazzers y la aparición de la señora de Leónidas a la que le hubiera pegado decir espada del difunto en mano: “¿¿¿A mi marío, cabrones, a mi marío??? Que sea la última vez que me lo matáis, persas de mierda.”

No abras el armario

Si estáis buscando una película de miedo, tenéis que ver Mamá. No hay otra más acojonante ahora mismo en la gran pantalla. Presentada por Guillermo del Toro, Mamá es una coproducción hispano-canadiense que ha servido de lanzamiento para el director argentino Andrés Muschietti, quien ya rodó en 2008 un corto homónimo en lengua castellana.mama-cartel1

El reparto principal lo componen Jessica Chastain, Nikolaj Coster-Waldau, las niñas Megan Charpentier e Isabelle Nélisse y el español Javier Botet como Mamá. Botet fue quien nos generó las mayores pesadillas con su interpretación de la niña Medeiros en Rec. En esta ocasión, igual que hicieran Jaume Balagueró y Paco Plaza en Rec, Muschietti se ha valido de la extraña fisionomía de Botet para meter miedo. Asimismo, en el rodaje usaron poleas para producir en las niñas movimientos extraños.

Tensa, oscura, fantástica y, sobre todo, bien acabada, Mamá es la terrorífica historia de unas niñas que son rescatadas del estado de vida salvaje en el que se encuentran desde que su padre las llevó a una casa en el bosque después de matar a sus socios y a su esposa. Lucas (Coster-Waldu), el tío de las niñas se hace con su custodia a pesar del comportamiento antisocial que muestran sus sobrinas. A Anabelle (Jessica Chastain), la novia de Lucas, no le hace mucha gracia compartir su casa con las niñas, ni mucho menos tener que mudarse por ellas, pero finalmente será quien asuma el cuidado de las pequeñas y la primera que se dé cuenta de lo que está pasando.

Con un final hermosamente trágico al mismo tiempo que espeluznante,  Mamá te hará revolverte de miedo en la butaca del cine pero, también, salir con la sensación de que hasta los fantasmas tienen corazón porque “el amor de una madre es para siempre.”

¡Ah! Y sigue el consejo de las niñas: “No mires dentro del armario.”

Comedia pasajera

La última película de Pedro Almodóvar ha sido muy esperada en España. Lo demuestran los casi dos millones de euros recaudados en su primer fin de semana en la gran pantalla nacional. Volvía a la comedia el director manchego después de una etapa dramática en la que llevaba instalado mucho tiempo.

Los_amantes_pasajeros-885537816-largeLos Amantes Pasajeros es una película que pasa levemente del 5 en una escala del 1 al 10. No es la cagada que hizo con La Mala Educación. Claro que, tampoco es la obra maestra de Todo Sobre Mi Madre. Se trata de una comedia divertida con algún altibajo que puede dar lugar al bostezo y carente de un mensaje trascendente consolidado por mucho que Cecilia Roth dijera que ese avión en el que van es España.

A Almodóvar se le ha ido la pinza. Ha hecho una obra de hora y media en la que ha mostrado y ha dicho lo que quería. Se pasa de absurda y picante, se pasa de alcohol y drogas. Un pasote en toda regla que es gracioso pero poco más. Aunque, en los tiempos que corren, hacer reír no es mérito menor.

Quizás lo mejor de Los Amantes Pasajeros sea el casting. Desde los cameos de Paz Vega, Penélope Cruz, Antonio Banderas y Carmen Machi fuera del avión, a los azafatos Raúl Arévalo, Carlos Areces y Javier Cámara, pasando por el resto de la tripulación compuesta por Hugo Silva, Antonio de La Torre y la Terremoto de Alcorcón y parte del pasaje con la ya nombrada Cecilia Roth, Miguel Ángel Silvestre, Willy Toledo, el mexicano José María Yazpik y una estupenda Lola Dueñas; con toda seguridad, la estrella en la sombra de esta película.

Pequeño homenaje a Chavela Vargas en el morro del avión y velada crítica a los aeropuertos sin aviones de España incluidos, Los Amantes Pasajeros no es una película que trascienda a los altares del cine español pero tampoco hay que condenarla a la hoguera.