Nada

NADA

Golpea su corazón rutinariamente
contra el mismo muro.
Él no la quiere.
Sólo le ofrece pequeñas ilusiones.
Episódicos momentos bellos
que a ella la mantienen en vilo.
Y se golpea.
Lleva ya el pecho abierto.
El corazón descosido.
Yo la observo con cautela.
Quiero avisarle de que nunca
va a ser feliz con ese tipo.
Pero me callo.
Porque es mi amiga.
Porque conozco sus sentimientos
y, en el fondo, ansío
tanto como ella
que la cosa funcione,
que él no sea él y de verdad la ame.
Y mientras tanto otro hombre
observa a otra mujer
a la que yo también
ofrezco pequeñas ilusiones.
Episódicos momentos de nada
para el futuro.
Malditos hombres callados
hombres sin compromiso.
¿Qué podemos hacer
con nosotros mismos?

Publicado por José Ibáñez

Escritor y periodista.

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