Crear y creer

Una copa para cada una.
Una copa para cada una.

El Sevilla Fútbol Club tiene ya tres títulos europeos. Eso es algo que no se consigue por casualidad o por suerte. Poco importa que se clasificara de rebote. Como Dinamarca en 1992, el Sevilla ha creído en lo que nadie creyó; que podía ganar la copa. Creyendo en sí mismos, los jugadores rojiblancos han superados todas las fases previas, la liguilla y las eliminatorias finales. Entre ellas, la remontada en campo del Betis y el gol milagroso de M’Bia en el minuto 94 frente al Valencia. Y, también, el acierto en la tanda de penaltis de la final.

El Real Betis Balompié, en cambio, ha sumado esta temporada un nuevo descenso a Segunda División. Ya es el club que más veces ha perdido la primera categoría del fútbol español. Es un equipo ascensor, tal y como lo definió su histórico estandarte Rafael Gordillo.

Hasta hace siete años, el palmarés de los dos clubes sevillanos no era tan diferente. El Sevilla había jugado más temporadas en Primera División y tenía un título más de Copa (3 por 2 del Betis) y las mismas ligas que su máximo rival (1). Una ligera ventaja a favor de los de Nervión. Los béticos sabíamos que, históricamente, éramos segundos en la ciudad aunque por poco. Nos consolábamos pensando que teníamos un origen humilde, que éramos una afición más fiel que la sevillista y que habíamos tenido que luchar contra fuerzas ajenas para levantarnos una y mil veces.

Desde ent0nces, el Sevilla ha ganado tres títulos europeos y el Betis ha descendido dos veces a Segunda División.

Yo soy bético y lo voy a seguir siendo por muy mal que le vaya a mi equipo. No sabría defender otros colores. Siento que ser bético define buena parte de mi personalidad y que es el mejor club al que yo podría animar. Pero ya estoy harto de ver cómo las finales las juegan otros. Tenemos más de cien años de historia y no hemos sido nunca grandes salvo en momentos puntuales. Al Betis le toca cambiar su destino. Una afición tan numerosa no merece otra cosa.

La próxima temporada jugaremos en el infierno, la Segunda División. Se me antoja que será una campaña difícil y que el Betis deambulará por la mitad de la tabla. Llámenme pesimista si quieren pero en agosto de 2013, en plena euforia verdiblanca, pronostiqué que bajaríamos y no me he equivocado.

El Betis es un club sin rumbo en estos momentos. Nadie tiene claro quién manda, quién es el dueño. El destino de esta institución centenaria se perfila en los juzgados desde hace cuatro años y a la jueza Alaya no parece entrarle la prisa por dictar sentencia.

Quienes salimos a manifestarnos el 15 de junio de 2009 para exigir la marcha de Manuel Ruiz de Lopera, acogimos de buen agrado las primeras medidas judiciales que anularon la venta del club al empresario de dudoso honor Luis Oliver. La nueva directiva que se gestó en 2010, llevó al club de regreso a Primera División y a Europa de la mano de un entrenador que siente los colores del Betis: Pepe Mel. Todo se rompió en la primera vuelta de esta ruinosa campaña 2013-2014. Un estúpido error en el último minuto del defensa Jordi Figueras (quedará desvinculado gracias al descenso) evitó que el Betis ganase en casa al Rayo Vallecano y supuso la destitución de Mel, que se marchó llorando.

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Stephen Andersen, no para ni los taxis.

A partir de entonces, el esperpento se apoderó de nuevo de las trece barras del escudo verdiblanco. Despedir a Mel significaba echarle las culpas al entrenador y validar la labor de Vlada Stosic, el director deportivo que había confeccionado un equipo nuevo con fichajes que no satisfacían los deseos de Mel ni de la afición bética. Llegó al banquillo Juan Carlos Garrido, cuya última experiencia en España había dado con los huesos del Villarreal en Segunda División. Salió Garrido tras cinco partidos en los que sólo obtuvo un punto. Ya antes había dimitido Stosic y la directiva había cesado a José Antonio Bosch, puesto por la jueza Alaya para gestionar las cuentas del club. A Bosch, que no es hombre de fútbol ni tampoco bético, se le subió la gloria a la cabeza y se fue creyendo el nuevo dios del Betis. Todo se lo había consentido el presidente Miguel Guillén, quien también dimitió más tarde cuando ya se había contratado al tercer entrenador de la temporada, Gabriel Humberto Calderón, que no tuvo suerte ni supo cambiar el destino del equipo aunque nos permitió soñar levemente durante algunos partidos (fin del sueño: Betis 1-2 Málaga, jornada 31). En medio de todas estas dimisiones y cambios de entrenador, salieron también algunos de los jugadores que fueron fichados por Stosic en verano. Es decir; la planificación había sido un desastre y el Betis descendía a Segunda División por méritos propios, aunque a mayor velocidad de la prevista gracias a los errores arbitrales en su contra.

Ésta es la crónica de la temporada 2013-2014 pero puede ser muy parecida a la de otros descensos. Los béticos hemos visto a nuestro equipo bajar a Segunda teniendo en la plantilla a futbolistas de la talla de Gordillo, Esnaola, Pepe Mel, Alfonso, Finidi, Jarni o Rubén Castro. No importa. Hay algo en el Betis que le hace volver a caer cuando uno menos se lo espera (o no, que ya nos conocemos).

Entonces, ¿se puede hacer algo para revertir esta cíclica historia de ascensos y descensos? Yo pienso que sí. Creo que un club con un millón de seguidores en todo el mundo y que (normalmente) genera simpatías en otras aficiones, debe ser un equipo que aspire a conseguir cuotas más altas que las logradas por el Real Betis en la última década. Se necesitan tan  sólo dos cosas: crear un proyecto y creer en las posibilidades de éste.

Crear y creer son, por tanto, los verbos que deben conjugar el Betis para ponerse a la altura de su afición. Una afición que tiene que exigir más. No vale permanecer eternamente en el ‘manque pierda’. Éste sólo debe ser un lema circunstancial que usemos cuando un mal árbitro o la mala suerte se crucen en nuestro camino. Nunca se debe entonar el ‘manque pierda’ cuando lo que nos impida crecer sea un mal gobernante o un mal futbolista.

El Betis debe crear un equipo y creer que puede ser el mejor equipo de esta ciudad, el mejor equipo de Andalucía y de Europa cuando se tercie jugar competición continental. Porque eso es lo que ha hecho el Sevilla y lo que le ha llevado a conquistar tres veces el viejo continente.

La temporada pasada, el Betis logró en el campo su clasificación para la Europa League. El Sevilla la obtuvo gracias a los despachos (sin tener culpa de ello) por la negativa de la UEFA a que Málaga y Rayo Vallecano (clasificados por encima del Sevilla) pudieran disputar competición europea. Unos llegamos por méritos propios y los otros entraron de rebote. ¿Qué más da eso? La cuestión es que para el Betis era un premio jugar la Europa League mientras que para el Sevilla el único premio posible era llevarse el trofeo, porque no existe la derrota en el corazón de los valientes y el Sevilla es un equipo valiente. Mientras tanto, el Betis… ¡Valiente, Betis!

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