300_el_origen_de_un_imperio-cartel-5367Sí, esta crítica de cine es una broma pero la película también lo es. Si te gustó 300, no puedes tomarte muy en serio su secuela 300: El origen de un imperio.

Y eso es lo que yo voy a hacer. Así que ésta es una crítica de broma para una película de broma.

302 -llamémosla así ya que es la segunda parte de 300– narra la historia de las guerras médicas en las que se vieron pocos médicos y muchos medos o persas (de ahí el nombre). De su predecesora, 302 recoge cuatro planos del -ayomá- rey Leónidas y a la mala de Xerxes con toda su bisutería de mercadillo. Bueno, y a la señora de Leónidas, una MILF de categoría.

Se añaden aquí dos personajes protagonistas entre los que hay tensión sexual (obsérvese que no he añadido la coletilla “no resuelta”), como son Temístocles de Atenas y Artemisia de… ¿de dónde? Bueno, ella dice que es de sangre griega pero de corazón persa, y no lo dice pero el chocho lo tenía universal, que la muchacha era libertina. Temístocles, en cambio, era más frío (era hasta que se cruza con ella). Él mismo lo dice: “No m’a dao tiempo a formar una familia.”

Total, que la lucha es entre Grecia y Persia. Entre la DEMOCRACIA y la TIRANÍA. ¿Os suena? ¿Quién escribió el guión? ¿Bush? ¿Obama? ¿O, tal vez, Rajoy? Porque, a mí Esparta me parece un poquito Cataluña: “Somos 300 pero no vamos a luchar con vosotros, unitarios de mierda. Sparta is not Greece. Esparta, nuevo Estado de Europa.” Por cierto, hay un momentazo increíble cuando el bueno de Temístocles se adelanta 25 siglos a su época y pronuncia la frase de Ernesto Che Guevara “Prefiero morir de pie antes que vivir arrodillado.”

Hay en el film un abuso del slow motion, un intento no conseguido de colorear la fotografía de azul ateniense en contraposición al rojo espartano de la primera entrega, hay un Xerxes totalmente desaprovechado, mucha sangre (menos mal que algo respetan), luchas (no tan) épicas y un caballo nadador (sí, en serio). Todo en muy pocos minutos de película, lo cual da la sensación de que el director había quedado y dijo: “Bueno, basta”.

Voy a salvar dos momentos: el polvazo interracial digno de Brazzers y la aparición de la señora de Leónidas a la que le hubiera pegado decir espada del difunto en mano: “¿¿¿A mi marío, cabrones, a mi marío??? Que sea la última vez que me lo matáis, persas de mierda.”

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Un comentario sobre “302

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