I love San juan de Aznalfarache

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Foto: Carlos Amado para el grupo de Facebook “Sanjuaneros por San Juan”.

Soy de San Juan de Aznalfarache, un pueblo inusual con un nombre igualmente poco frecuente. Los castellanos quisieron domar cristianamente su antiguo nombre árabe y se ve que no les bastó con imponer al santo Juan con el que llegó la Orden de Malta, sino que le dieron vuelta al Hins-Al Faray que designaba hasta entonces la villa. Así que tenemos un nombre propio bastante complicado de pronunciar Az-nal-fa-ra-che. No intenten pronunciarlo como un autóctono si no son del sur porque pueden hacerse daño en la boca. La zeta se transforma en una hache aspirada y la última sílaba hay que pronunciarla por bulerías con un sonido de ese más que de ce-hache.

Más difícil que pronunciar su nombre es entender su idiosincrasia (otro palabro). Somos el pueblo con mayor inmigración de la provincia de Sevilla, somos el pueblo que está más cerca de Sevilla capital y más lejos de sus otros vecinos (Mairena del Aljarafe, Tomares, Gelves…). Somos el pueblo con más centros comerciales por metro cuadrado y más parados mirando escaparates. Somos el pueblo del “todo gratis”, el pueblo donde se tardan más de veinte años en construir un teatro, el pueblo donde siempre gana el PSOE (salvo una experiencia homosexual entre IU y PP en los noventa) pero todo el mundo critica al alcalde de turno. Somos ciudad dormitorio con ruidos que no dejan a muchos dormir. Somos cuna de escritores (Mateo Alemán y Cano Pavón, también adoptamos a José de Zorrilla para que terminase su don Juan), cantantes (Miguel Rodríguez, el ‘Sevilla’, Patricia Vela), deportistas campeones de Europa (el futbolista del Atlético de Madrid Enrique Collar y el atleta “Penti”, presunto y reciente doping aparte). Somos la orilla donde la luna más pura brilla y se respira mejor. Somos punto de venta de drogas, sede de Canal Sur Televisión, rifa casi diaria de 500 euros para la papeleta que coincida con las tres últimas cifras del Cupón de los Ciegos, Cristo del Sagrado Corazón mirando a Sevilla sobre la tumba del fascista Cardenal Segura (nuestro particular y querido Valle de los Caídos), muralla árabe de Almanzor a la que le dejan crecer las malas yerbas, dos (Betis y Sevilla) y otros dos (CMD San Juan y Loreto) equipos de fútbol, escenario cinematográfico (7 Vírgenes, Padre Coraje, Juncal…), Semana Santa con calendario propio, barrio alto y barrio bajo (cuestas y más cuestas), feria y mercadillo ambulantes según el año, sanjuaneros todos nacidos en Sevilla desde hace décadas con hospitales en Sevilla y Bormujos, elija usted.
Tenemos mil necesidades, un millón de promesas incumplidas e incalculables sueños rotos. Pero también tenemos fuerza y esperanza. Al menos yo pienso así y trato de poner mi granito de arena para cambiar nuestra realidad y nuestra imagen. Por eso no comprendo ni comprenderé al que se va a vivir fuera de San Juan y reniega de su origen. Yo he hecho patria de San Juan allá donde he ido o vivido. Mi pueblo no es el mejor pero podemos mejorarlo, depende de nosotros.
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El amor de mi vida

Busco y no encuentro una compañía fiel. Busco y no encuentro a quién devolverle esa fidelidad. Me han defraudado varias mujeres y varios hombres. He defraudado a varias mujeres y a varios hombres. A veces he dicho “te quiero”. A veces he sentido que quería a alguien. He reído y llorado. He sudado amor. He estado más vivo que nunca y también al borde de la muerte. He saltado de alegría y he rodado por el suelo tirándome del pelo (cuando tenía, no fue por eso que lo perdí). He compartido un hogar, dos butacas de cine, el asiento trasero de algunos coches, hoteles y casas ajenas en París, Sevilla, Granada, Buenos Aires… He dejado que me engañaran y he engañado. Me he dejado ilusionar y he ilusionado. He escrito poemas y me los han dedicado a mí. He perdonado, he sido perdonado, no he tenido perdón. He buscado en pieles blancas, morenas y negras. He buscado en cabellos rubios, castaños, morenos y pelirrojos. También en ausencia de cabellos. He buscado cuerpos gruesos y delgados, acentos del sur y del norte. He ganado por momentos y he acumulado siglos de derrotas.
No he encontrado el amor de mi vida. Lo más parecido que tengo se llama Betis.

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Clemente no es vasco

 La comedia española vive días de cine. Tras películas como El mundo es nuestro, ¿Quién mató a Bambi? o Tres bodas de más, llega ahora a la pantalla grande Ocho apellidos vascos, de Emilio Martínez-Lázaro, director de la saga de El otro lado de la cama y de la hermosa Las trece rosas.

Ocho apellidos vascos (Clemente no es uno de ellos) es una película protagonizada por la madrileña Clara Lago, que hace de vasca, y el malagueño y cómico Dani Rovira, que hace de sevillano y de actor. Les acompañan Karra Elejalde, Carmen Machi, Alberto López y Alfonso Sánchez.

La elección de Rovira parece estar condicionada por la enorme y merecida popularidad del humorista malagueño. Aunque hace un amago de monólogo, Rovi se mantiene dentro de los límites cinematográficos e interpreta su papel. No es el mejor actor del mundo pero se le da muy bien poner caritas y mostrarse confuso o asustado, detalles que ya conocíamos de su actividad como monologuista.

En cuanto a Clara Lago, qué decir de ella sin mencionar su belleza. Pues muchas cosas, hay va la hostia. Por ejemplo, que logra encajar perfectamente como una euskera más; que le va bien el papel de mujer manipuladora aunque, al mismo tiempo, en apuros; y que si es lista podrá labrarse una gran carrera en el cine español. Si es lista.

Siguen a la pareja principal cuatro secundarios de lujo. El mejor de todos, un bruto, torpe y entrañable Karra Elejalde, bien acompañado por Carmen Machi, mujer odiosa a primera vista pero fácilmente querida una vez que la ves actuar. Y por el sur acuden los compadres Alberto López y Alfonso Sánchez con una versión 2.0 de sus míticos personajes Rafa y Fali con acento al estilo Manuel Ruiz de Lopera (¿por qué?).

La película está salpicada de muy buenas dosis de humor y es ideal para echar un buen rato. Me parece, además, una gran iniciativa que se haga cine de ‘unión’ entre el norte (Euskadi) y el sur (Andalucía) de España. Somos un país dividido y separatista (no sólo por los nacionalismos) que no está acostumbrado a crear sinergias entre los pueblos que componen el Estado. Sólo por eso ya merece la pena brindar por el éxito de Ocho apellidos vascos. Eso sí, no nos chupemos las pollas todavía, hablando mal y usando la jerga tarantina. No estamos ante una película memorable como sí lo fue El mundo es nuestro de la que proceden Alberto López y Alfonso Sánchez. Tampoco, mucho menos, llega este título al nivel de una gran comedia europea como la francesa Bienvenidos al norte, una película referencia para Ocho apellidos vascos y a la que se le rinde cierto tributo con una escena de tormenta repentina junto al cartel de carretera que reza “Bienvenidos al País Vasco”.

Floja en la trama, con exhibiciones de desconocimiento del enterismo sevillano (un bar en el muelle de Nueva York con salida trasera a la calle Betis o fuegos artificiales de Feria de Abril lanzados desde el Parque de María Luisa), mucho beticismo y kale borroka, Ocho apellidos vascos es una película que merece la pena ser vista, reída y recomendada pero no alzada al olimpo de la comedia española, ya ampliamente copado, aunque siempre con huecos libres para nuevos visitantes.

302

300_el_origen_de_un_imperio-cartel-5367Sí, esta crítica de cine es una broma pero la película también lo es. Si te gustó 300, no puedes tomarte muy en serio su secuela 300: El origen de un imperio.

Y eso es lo que yo voy a hacer. Así que ésta es una crítica de broma para una película de broma.

302 -llamémosla así ya que es la segunda parte de 300– narra la historia de las guerras médicas en las que se vieron pocos médicos y muchos medos o persas (de ahí el nombre). De su predecesora, 302 recoge cuatro planos del -ayomá- rey Leónidas y a la mala de Xerxes con toda su bisutería de mercadillo. Bueno, y a la señora de Leónidas, una MILF de categoría.

Se añaden aquí dos personajes protagonistas entre los que hay tensión sexual (obsérvese que no he añadido la coletilla “no resuelta”), como son Temístocles de Atenas y Artemisia de… ¿de dónde? Bueno, ella dice que es de sangre griega pero de corazón persa, y no lo dice pero el chocho lo tenía universal, que la muchacha era libertina. Temístocles, en cambio, era más frío (era hasta que se cruza con ella). Él mismo lo dice: “No m’a dao tiempo a formar una familia.”

Total, que la lucha es entre Grecia y Persia. Entre la DEMOCRACIA y la TIRANÍA. ¿Os suena? ¿Quién escribió el guión? ¿Bush? ¿Obama? ¿O, tal vez, Rajoy? Porque, a mí Esparta me parece un poquito Cataluña: “Somos 300 pero no vamos a luchar con vosotros, unitarios de mierda. Sparta is not Greece. Esparta, nuevo Estado de Europa.” Por cierto, hay un momentazo increíble cuando el bueno de Temístocles se adelanta 25 siglos a su época y pronuncia la frase de Ernesto Che Guevara “Prefiero morir de pie antes que vivir arrodillado.”

Hay en el film un abuso del slow motion, un intento no conseguido de colorear la fotografía de azul ateniense en contraposición al rojo espartano de la primera entrega, hay un Xerxes totalmente desaprovechado, mucha sangre (menos mal que algo respetan), luchas (no tan) épicas y un caballo nadador (sí, en serio). Todo en muy pocos minutos de película, lo cual da la sensación de que el director había quedado y dijo: “Bueno, basta”.

Voy a salvar dos momentos: el polvazo interracial digno de Brazzers y la aparición de la señora de Leónidas a la que le hubiera pegado decir espada del difunto en mano: “¿¿¿A mi marío, cabrones, a mi marío??? Que sea la última vez que me lo matáis, persas de mierda.”

Euroderbi

Sevilla (3)¿Sevilla tiene un color especial? No, Sevilla tiene dos colores especiales: el rojo y el verde. Y cada uno se corresponde con un equipo de fútbol totalmente diferente al otro. El rojo pertenece al Sevilla Fútbol Club y el verde al Real Betis Balompié. Hermano rico y hermano pobre respectivamente. Aunque estos hermanos están mucho más igualados que otros del fútbol patrio como pueden ser Real Madrid y Atlético de Madrid, Fútbol Club Barcelona y Real Club Deportivo Espanyol o Valencia Club de Fútbol y Unión Deportiva Levante.

En Sevilla hay diferencias históricas entre el rojo y el verde. Los palanganas son más antiguos (2 años de diferencia), tienen más copas, más temporadas en Primera División, más triunfos en los enfrentamientos directos y más títulos europeos (tres). De hecho, son los únicos de Sevilla que tienen títulos europeos. El Betis a lo máximo que ha llegado ha sido a cuartos de final de la extinta Recopa de Europa (cayó ante el Dinamo de Moscú en 1978 y ante el Chelsea Football Club en 1998). Igualan, eso sí, en títulos de Liga, que tristemente son uno por cada bando.

Los verderones, en cambio, suelen ser los primeros en llegar. Así fueron el primer equipo sevillano y andaluz en jugar una final de Copa, en subir a Primera División, en jugar la Champions League (el Sevilla había jugado antes la Copa de Europa). Fue también el Betis el primer campeón de la Copa del Rey.

Diferencias las hay y más esta temporada en la que el Betis es colista y depende de un milagro para salvarse del descenso. Pero existe un momento en el que las diferencias no importan y en el que la palabra favorito carece de significado. Ese momento son los derbis. Ha habido muchos, dos por cada temporada en la que Betis y Sevilla han coincidido en la misma categoría ya fuera en Primera o en Segunda, los ha habido también en el torneo de Copa, pero nunca los ha habido en Europa. Y eso es lo que viene esta noche, euroderbi. Lo nunca visto.

Esta noche se juega el primer asalto en el Ramón Sánchez Pizjuán, propiedad del Sevilla y el jueves que viene se disputará la vuelta en el Benito Villamarín, casa del Betis. Ni en esto fueron capaces de ponerse de acuerdo porque Sevilla y Betis podían llevar años compartiendo el estadio de La Cartuja pero eso en esta ciudad es impensable. ¿Hermanos compartiendo casa? Nunca.

Sevilla tendrá hoy sus dos colores especiales brillando ante los ojos de Europa. Conviene que las aficiones se comporten, conviene que el partido y la eliminatoria sean disputados hasta el último minuto, conviene que las gradas se llenen, conviene que la televisión haga primeros planos de la palabra que ambos equipos lucirán en sus camisetas: “ANDALUCÍA”. El fútbol, desgraciadamente, es un negocio y en este primer euroderbi la ciudad se juega mucho. Sevilla tiene que mostrar ante Europa una imagen impecable de rivalidad sana. Parece que estas cosas generan turismo. Pues nada, aprovechemos el momento.

Salvo goleada de escándalo, todo quedará pendiente de lo que ocurra el próximo jueves en Heliópolis. Lo que no quedará pendiente serán las bromas del día después. Mañana habrá chistes, codazos y mucha guasa en los bares, en el trabajo, en la casa (muchas familias están divididas) y en la cola del paro, que en Sevilla es tan larga que podría darle la vuelta a Europa.