Génesis Lence nació en Vigo en 1984 pero para nada pertenece a una generación perdida. Su trabajo como fotógrafa la ha llevado a conocer y explorar lugares como Rumanía, Macedonia y el continente helado de la Antártida. Ya lleva varios años afincada en Sevilla, donde tiene su estudio fotográfico y prepara su primer cortometraje de nombre Sordas. También participa en otros proyectos como el largometraje Tarántula Blues.

Génesis Lence en la Antártida. Foto: Julio Casta.
Génesis Lence en la Antártida. Foto: Julio Casta.

JOSÉ: ¿Qué es la gente real?

GÉNESIS: Todos somos gente real. Cuando yo me refiero a que me gusta fotografiar gente real, lo que quiero decir es que la fotografía que a mí me gusta es sin aderezo, sin maquillajes, sin pretensiones. Yo quiero que a mí me acepten con mis defectos, del mismo modo en que acepto los defectos del que tengo enfrente, por esos mis retratos son cristalinos.

J: ¿Photoshop es el demonio?

G: No, para nada. Es una herramienta. Toda imagen tiene que ser procesada igual que todavía lo hago yo en ampliadora. No me gustan los montajes, por ejemplo, pero no desprecio el trabajo de otros. Yo disfruto la preproducción, pero el procesado es totalmente necesario y Photoshop es una herramienta más.

J: ¿Qué prefieres, la fotografía en estudio o en la calle?

G: Son completamente diferentes. El estudio sirve para que tú y la otra personas os desnudéis. En el estudio puedo crear la realidad que yo quiera pero en la calle veo la vida pasar, soy una espectadora que puede captar la realidad.

J: ¿Te gusta estar delante de la cámara?

G: Sí y no. Sí, porque me conozco y sé lo que quiero pero soy muy celosa con la gente que no conozco. No me abro con cualquiera. He sido fotografiada por personas a las que admiro pero aquel al que no admiro no me interesa que me fotografíe.

J: Dime una hora del día y una fecha del año para fotografiar en Sevilla.

G: (Se lo piensa) Enero a las 2 de la tarde porque el sol cae más oblicuo y te da una sombra proyectada que da mucho volumen.

J: ¿Qué no fotografiarías nunca de Sevilla?

G: Un váter ni tampoco la Semana Santa, que es algo que no me llega ni emociona, pero no la odio. A mí no me emociona.

J: ¿Cómo te sientes en Sevilla?

G: Yo siempre me siento de paso. En cualquier sitio en el que he estado me he sentido de paso. Considero que nada es eterno. Pero me siento bien en Sevilla, esta ciudad me ha acogido y me siento a gusto. He crecido aquí.

J: ¿Qué tal en la Antártida?

Foto: Génesis Lence.
Foto: Génesis Lence.

G: Es lo mejor que me ha pasado en la vida, llegar allí y saber que has llegado después de pelear mucho para conseguir estar en un proyecto tan grande. La Antártida es algo que al principio no asimilas, pasan muchos días hasta que te das cuenta de dónde estás. Fue un proyecto bellísimo a pesar de las dificultades y las restricciones. Ese proyecto no hubiera sido posible sin mi compañero Julio Castaño. Luego hicimos la exposición en Sevilla, en el Foro de la Biodiversidad del CSIC, donde se registraron 6.300 visitas en tres meses… La Antártida está en mí, no he vuelto a ser la misma. Ya no veo la vida igual.

J: ¿Se puede salir a la aventura para hacer fotos o hay que ir con un plan establecido siempre?

G: Yo nunca he podido estar sola. Es imposible, improbable y peligroso. Hay que tenerlo todo controlado. Ni en la Antártida estuve sola. A veces te ponen restricciones y hay que entablar pequeñas luchas que se ganan con unas risas, un paquete de tabaco… y, otras veces, son más difíciles de ganar.

J: ¿Qué sitio te queda por fotografiar?

G: La Luna. Yo quiero llegar a la luna. Pero, bueno, un objetivo más cercano es, por ejemplo, Kirguizistán, donde tengo a una amiga, un país muy pequeño al norte de China con unas condiciones morfológicas y religiosas que lo hacen muy interesante. Todo es cambiante y todo se puede volver a fotografiar.

J: ¿Cuál es el mejor momento que has fotografiado?

G: Todavía no ha llegado ese momento.

J: ¿La gente aprecia el valor de la fotografía?

G: Quiero creer que sí.

J: Eso de que cualquiera pueda convertirse en fotógrafo por un momento utilizando tan sólo un teléfono móvil, ¿cómo lo llevas?

G: La fotografía es súper natural en el ser humano. Todos queremos fotografiar el mundo que vemos. La tecnología hace salir a la luz a mucha gente con aspiraciones. Lo difícil no es usar la técnica, sino emocionar. En ese camino estamos todos; yo también.

J: ¿Prefieres la fotografía digital o la analógica?

G: El digital es un avance, permite hacer en medio día lo que antes hacías en dos, pero yo he disfrutado el revelado y la incertidumbre y eso es una pequeña droga. Eso te hace ser más concreto, controlar más cada disparo. Yo creo que todos los fotógrafos deberían primero pasar por carrete. Yo veo una diferencia entre los que han pasado por carrete y los que no.

J: ¿Vives la fotografía las 24 horas de cada día?

G: Sí. Si en un sitio no me gusta la luz que hay, la cambio.

J: Háblame de Sordas.

G: Es un proyecto mucho más ambicioso de lo que yo hubiera podido imaginar. Al principio era solamente un corto entre dos personas sordas y ahora es parte de mi vida. Trabajamos con ACISO, una asociación con la que estoy aprendiendo lenguaje de signos. Sordas es un corto que cuenta la historia de una madre y una hija sordas que tienen los típicos problemas que una madre puede tener con una hija: la protección, la lucha por la independencia y el mostrarle a tu madre que ella también tiene que aprender algo de ti. Son dos personajes que están solos y que son las mayores amigas y enemigas la una de la otra. Yo quiero que un sordo vea el corto y se pregunte si la actriz protagonista, Irene Pozo, es sorda, que no lo es.

J: ¿Qué otros proyectos tienes ahora?

G: Tengo otro corto sobre Macedonia, otro país en el que estuve viviendo. Trata de un niño que se da cuenta de que hay otro mundo fuera del suyo.

J: ¿Qué sientes cuando fotografías?

G: El sentimiento más especial es cuando encuentras la fotografía que estabas buscando, es como cuando te corres, se te nubla la vista.

J: ¿Cuál es tu luz?

G: Mi luz soy yo. Me costó muchos años darme cuenta de que mi barco estaba donde estuviera yo.

J: A ti, ¿qué te desenfoca el ánimo?

G: La desidia, la dejadez, la no-lucha.

Foto: Génesis Lence.
Foto: Génesis Lence.

J: ¿Hay alguna ventaja en ser gallega para ser fotógrafa?

G: (Se ríe y piensa la respuesta) La ventaja es al revés. A mí la fotografía me ha ayudado a ver Galicia de otra manera. La fotografía me ha ayudado a apreciar todos los momentos cotidianos. Por ejemplo, no como carne, pero me siento a ver la matanza y hacer fotos. Es verdaderamente alucinante volver a un momento como ese y verlo con otra información.

J: Te recordarán mucho o poco, ¿por qué?

G: Por no dejar de luchar. De mí pueden decir que tengo los cojones muy bien puestos.

J: Si sólo pudieras tener una cámara, ¿cuál sería?

G: La que no tengo dentro de la cabeza.

J: ¿Llevas alguna foto en la cartera?

G: Acabo de cambiar, pero suelo llevar a mi sobrina porque la amo y me hace ver el mundo nuevo otra vez.

J: ¿Tú cómo sales en la foto del DNI?

G: Mira… (saca su carné). Normal, ¿no?

J: ¿Hay fotos que te guardas para ti?

G: Si la gente fuera más abierta y menos estúpida, le enseñaría tantas cosas.  Lo he comprobado. La gente se vuelve gilipollas cuando hay algo que le supone un conflicto moral. Por favor, si llevamos viendo desnudos toda la vida de Dios.

J: ¿Dónde te gustaría ver una foto tuya?

G: En mi casa. Me cuesta mucho trabajo poner una foto mía en mi casa. Cuando ponga una, creceré.

Foto: Génesis Lence.
Foto: Génesis Lence.

J: En una situación de emergencia, ¿echarías una mano o harías la foto?

G: No puedo responder ahora. Todo es un instante. A veces te puede dar más por lo humano y a veces, no. Si te da tiempo a hacer la foto y ayudar… Yo he tenido que salir corriendo para que no me destrozaran la cámara.

J: ¿Algo que añadir?

G: Te falta algo que yo le preguntaría a otro fotógrafo.

J: Pregúntatelo y lo respondes.

G: Alguien a quién admiras y por qué. ¿Alguien a quien admiro? Un fotógrafo que cambió la historia del mundo. Se llama Lewis Hine, es de principios del XIX, e iba con una excusa a las fábricas diciendo que quería fotografiar los avances tecnológicos, cuando en realidad estaba documentando la explotación infantil. Su trabajo se publicó en The New York Times y ayudó a que se firmara la Declaración de los Derechos del Niño. Él utilizó verdaderamente la fotografía para cambiar el mundo.

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