Hasta el momento de la explosión, el viaje había sido tranquilo. A pesar de las graves secuelas que había dejado la guerra, nadie previó la posibilidad de un atentado terrorista. Saliendo de Sarajevo, la capital de Bosnia Herzegovina, el tren había cruzado primero la frontera de Croacia y la de Serbia después; cada vez más cerca de Belgrado, destino final que no llegaría a alcanzar esa tarde de domingo.

A Goran la guerra le había robado todas las personas a las que quería salvo a su tía abuela, a la que visitaba cada domingo. Aquel era un viaje hacia el pasado, un trayecto silencioso en el que los pasajeros apenas cruzaban unas cuantas palabras de cortesía. Goran calmaba su nostalgia o, tal vez, la alimentaba, pensando en la oración católica que su tía entonaría antes de comer. Él, musulmán no practicante, escucharía con respeto.

El silencio se rompió cuando los trozos de metal y las ventanas del tren saltaron por los aires hasta aterrizar a cientos de metros de distancia. Hubo mucha sangre y muchos llantos. Sangraban y lloraban dijo Goran a los policías que le visitaron en el hospital. ¿Qué sentido tiene esto? preguntó en voz alta. Nadie le dio una respuesta. Él también había salido despedido por la fuerza de la onda expansiva que provocó la bomba. Tenía algunos rasguños y varios puntos de sutura. Tuvo usted mucha suerte le dijo uno de los policías. ¿Sabe? Yo tengo familia en Sarajevo. Son serbios, como yo, pero no se fueron ni cuando la guerra le decía el agente.

Él sólo estaba herido y el médico estaba dispuesto a darle el alta en cuestión de horas, pero ¿qué habría pasado con la chica? La había estado mirando durante todo el trayecto. Tenía decidido que la abordaría al bajar del tren. Pensaba en recitarle unos versículos del Corán, pero nunca se le había dado bien.

Todavía recordaba cómo ella se tapó los oídos al escuchar el estruendo. Luego, mientras volaba en dirección contraria, vio cómo salía despedida hasta perderla de vista en cuestión de segundos.

La Policía le preguntó por ella. Los agentes querían saber si la chica hablaba serbio o bosnio, si quizás se hubiese expresado en árabe. Goran lo único que quería saber es que ella estaba bien y si pensaba en él. No menció nada sobre el velo islámico que llevaba puesto.

Al recibir el alta, no fue a casa de su tía, la cual le estaba esperando. Decidió buscarla. Le sería difícil convencer a las enfermeras de que era familiar sin tener una foto. Aun así, empezó por la planta de cuidados intensivos. Pasó con el cuerpo entrecortado por la unidad de quemados. No quiso plantearse la posibilidad de tener que reconocer el cadáver. Antes de entrar en la morgue rezó para que ella hubiese sido un espejismo. Cualquier cosa antes que saberla muerta.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/en-portada/portada-bosnia-ekspres/812819/http://www.rtve.es/alacarta/videos/en-portada/portada-bosnia-ekspres/812819/

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