Hasta el momento de la explosión, el viaje había sido tranquilo. A pesar de las graves secuelas que había dejado la guerra, nadie previó la posibilidad de un atentado terrorista. La guerra había interrumpido durante varios años la conexión ferroviaria entre Sarajevo y Belgrado. Ahora, recuperada la línea, con las fronteras de Serbia y Bosnia Herzegovina bien definidas, pocos eran los que se subían a este tren que también cruzaba Croacia y que tardaba nueve horas en hacer su recorrido.DSC_4372

A Goran la guerra le había robado a casi todas las personas a las que quería. Tan sólo le quedaba viva su tía abuela, a la que iba a ver a Belgrado cada domingo. Aquello era un viaje hacia el pasado. Por las ventanillas del tren, mientras contemplaba los Balcanes, Goran sentía el olor de la pólvora y escuchaba el llanto de los niños sin padres, pero también podía ver ondeando la bandera de Yugoslavia en tiempos de paz y convivencia tranquila. Sabía que nada de eso tenía sentido ya, que lo mejor era enterrar el pasado. Calmaba su nostalgia y pensaba en la oración católica que su tía entonaría antes de comer. Él, musulmán no practicante, escucharía con respeto.

Los trozos de metal volaron hasta aterrizar a cientos de metros de distancia. Hubo mucha sangre y muchos llantos. Sangraban y lloraban dijo Goran a los policías que le visitaron en el hospital. ¿Qué sentido tiene esto? preguntó en voz alta. Nadie le dio una respuesta.

Había muertos y heridos. Goran formaba parte de los segundos. Pero, ¿qué habría pasado con la chica? La había estado mirando durante todo el trayecto. Tenía decidido que la abordaría al bajar del tren. Evidentemente, esto no fue posible. Todavía podía recordar cómo se tapó los oídos al escuchar el estallido. Luego la vio saltar por los aires y la perdió de vista.

La Policía le preguntó por ella. Los agentes querían saber si la chica hablaba serbio o bosnio, si quizás se hubiese expresado en árabe. Goran lo único que quería saber es que ella estaba bien y si pensaba en él. No pensaba que ella pudiese ser una terrorista suicida.

Los médicos le dieron el alta, pero no se fue a casa de su tía, que le estaba esperando. No sabía el nombre de la chica, sólo podía buscarla por su descripción física. Empezó por la planta de cuidados intensivos. Rezó para no tener que buscarla en la unidad de quemados. No quiso plantearse la posibilidad de tener que reconocer el cadáver.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/en-portada/portada-bosnia-ekspres/812819/http://www.rtve.es/alacarta/videos/en-portada/portada-bosnia-ekspres/812819/

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Un comentario sobre “La chica del tren (cuento renovado, día 5)

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