And the Oscar goes to…

Pues sí, Argo me parece una gran película. No sé si era la mejor del 2012 porque no vi todas las nominadas. Sé que Amour me gustó más, pero entiendo que la película de Ben Affleck pueda resultar más meritoria a los ojos de Hollywood que la de Haneke.

Premios aparte, a mí Argo me gustó. Cierto es que este largometraje cuestiona bien poco la actuación de Estados Unidos en Irán y que se olvida por completo del resto de personas que no pudieron escapar de la embajada estadounidense en Teherán. Entiendo que los iraníes puedan estar enfadados. Pero hablamos de cine. Una ficción, aunque esté basada en un hecho que ocurrió realmente. Hay que darle un punto de vista. Y en esta ocasión el punto de vista es el de un agente de la CIA que se ve en la obligación de sacar de Irán a seis compatriotas suyos sea cómo sea. Y lo consigue.

Argo es la narración de una idea estúpidamente brillante. Es tan cómica como el plan que traza Tony Mendez (Ben Affleck) para rescatar a los estadounidenses que lograron refugiarse en casa del embajador de Canadá en Teherán. Y es tan dura como la situación de clandestinidad y terror que viven esas seis personas encerradas en la casa de un diplomático.

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Repite la fórmula de comicidad y tensión que ya usaran otras películas como El Último Rey de Escocia, pero sin ser tan dura como esta otra cinta. No se conforma con el vestuario y atrezzo para ambientar el paso de la década de los 70 a la de los 80, sino que utiliza algunos planos simulando la calidad de grabación de aquella época. Creo que Affleck pretendía dejar claro que estábamos ante una farsa. El espectador sabe de la mentira por el argumento y por cómo se presentan las imágenes y eso lo pone del lado de Mendez y, como él, sufre hasta el final temiendo que Irán se dé cuenta del engaño.

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Una nube con la forma de Groenlandia

Miraba el cielo buscando formas en las nubes. Lo había aprendido de una amiga la vez que visité París. Desde entonces, en cualquier sitio que me encontrase, me empeñaba en alzar la vista para descifrar formas blancas sobre tapices azules, rojos, negros o grises.

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Unos meses atrás, la nube que más llamó mi atención tenía la forma de Groenlandia. Me extrañó ver el mapa de la isla helada sobre el cielo de Mendoza. ¿Qué hacía Groenlandia sobrevolando Sudamérica? Las nubes son caprichosas.

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Como aquella ave fénix de algodón que escupía fuego en el atardecer invernal de Sevilla.

Pero la que estaba contemplando aquella tarde, era una nube medio suicida que se precipitaba desde lo alto hasta rozar el suelo de Aznalfarache.

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Era como un remolino de agua condensada; una especie de escalera al cielo o quizás un tubo de aducir abierto desde una nave extraterrestre. Me encaminé hacia la nube y comprobé asombrado cómo mi cuerpo comenzaba a elevarse. De pronto me vi subiendo cada vez más alto y más alto. Alcancé el origen del tubo y fui escupido hacia una reconfortante nube-cama. Desde aquella alfombra voladora estuve paseando durante días por los cielos de medio mundo. Al final, la nube-cama se hizo lluvia y caí con ella a pocos metros de la península Arábiga.