La cruda cebolla es un cortometraje realizado por alumnos de la Universidad Austral de Buenos Aires como un trabajo de clase de la asignatura Taller de Realización Audiovisual. Pero La Cruda Cebolla no es sólo el 10 que el profesor les puso a los alumnos que hicieron estos seis minutos de cine casero. Es una breve y sorprendente muestra de lo que se puede hacer con una pequeña cámara de vídeo, una buena idea y un equipo de rodaje entregado.

Digo sin exagerar que fue un placer asistir al estreno de este corto que terminó ganando el premio al mejor sonido y a la mejor fotografía (a la catalana Vanessa Roca) en La Noche de las Estrellas de la Universidad Austral. Para mí, fue el mejor de los trece cortos que se proyectaron.

Esta minipelícula de Aranzazu Larrinaga, basada en un hecho real, es un catálogo de sentidos visuales y sonoros que se colaron en mí desde el primer segundo. Sentado en mi butaca, en esa oscuridad blanca que tiene el cine, presencié entusiasmado los seis minutos de vida y color de La Cruda Cebolla. Al terminar la proyección supe que acababa de ver algo que nunca olvidaría.

El plano del pie de la cocinera, el rostro borgiano de la abuela, la luz amarilla de las velas (todas rectas salvo una) son las imágenes más recurrentes de una ficción que es poesía.

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