Subir al cielo (o casi)

DSC_3134Me habían comentado que si iba a Córdoba no podía dejar de visitar su sierra. Quienes los hicieron llevaban razón  La sierra de Córdoba es un espectáculo de la naturaleza. Y lo digo habiendo visto tan sólo el pueblo de Carlos Paz, el más cercano a la capital de provincia.

Llegar a Carlos Paz desde Córdoba es muy fácil y muy económico. Hay dos empresas de micro que realizan viajes durante todo el día: CARCOR y Fonobús. El billete cuesta menos de 30 pesos ida y vuelta; poco más de cinco euros.

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Lo mejor es salir temprano y aprovechar todo el día para hacer una visita por el pueblo sin prisa. Desde cualquier sitio de Carlos Paz se puede divisar el cerro y la cruz que lo corona. Mi objetivo fue encontrar por mis propios medios el camino y la forma de llegar hasta aquella cima. Me costó un poco pero al final lo conseguí.

El vía crucis se inauguró en la Semana Santa del año 1936. Es una subida larga, de unos 40-45 minutos para mi ritmo. La bajada es prácticamente igual porque el camino no es fácil ni hacia arriba ni hacia abajo. No es sencillo pero es hermoso. El calor del verano apretaba bien fuerte. No es extraño ver a la gente sin camiseta. Tampoco es raro ver a gente corriendo, algo digno de reconocimiento porque si el camino es dificultoso para andar, corriendo se hace más trabajoso.

Al final se obtiene la recompensa. Ver Carlos Paz desde lo alto del cerro es uno de eso milagros de la naturaleza que cada vez son más escasos en nuestro planeta. Sin duda, allá arriba, uno está tocando el cielo (o casi).

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La nueva Córdoba

Madre nada más que hay una, pero ciudades con el nombre de Córdoba hay, al menos, dos. Yo conocía la andaluza. Desde ayer conozco también la Córdoba argentina.

imageEn esta ciudad no hay judería ni mezquita-catedral, aunque sí hay unas iglesias impresionantes y un callejón de la memoria en el que recuerdan a los asesinados por la mano del conquistador español, de la dictadura militar y de otras manos igualmente sangrientas. Tampoco hay en la Córdoba argentina salmorejo, pero tienen acá unos hojaldres llamados criollos que están muy buenos.

La nueva Córdoba, que ya no es tan nueva pero que está bien maquillada, se diferencia no sólo de la vieja Córdoba, sino también de Buenos Aires, la única ciudad argentina que le gana en tamaño y población. Córdoba es más limpia que Buenos Aires y menos ruidosa. Su arquitectura no es tan caótica y el acento de su gente es distinto. Acá no se marca el “yo” ni la “lluvia”.

Por cierto que la lluvia está amenazando. De momento es sólo un augurio. Espero que se quede en eso porque dentro de un rato voy a salir de viaje para Villa Carlos Paz, un pueblo de la sierra.

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Si los encantos de esta ciudad pudieran parecer pocos, ayer tuve el placer de reencontrarme acá con una amiga cordobesa recién llegada de Sevilla. Suele pasar desde que españoles y argentinos decidieron no dejar nunca de moverse de un lado al otro
del Atlántico.

La noche y los libros

El 15 de diciembre Buenos Aires se dividía a grandes rasgos entre la Noche de las Librerías y el concierto de Serrat y Sabina. El primer evento tenía lugar a lo largo de la calle Corrientes en torno al centro de la ciudad y el segundo, en el estadio de Boca Juniors. Del primero tuve consciencia directa. Del segundo me llegó un recordatorio luminoso cuando terminaba para mí la noche.

A las 7 de la tarde llegué a la librería Sudeste (Corrientes al 1773, casi esquina con Callao) para asistir a la charla “Desmitificación del acto de escribir” de Gustavo di Pace, quien, además, firmó ejemplares de su libro de relatos Mi Yo Multiplicado. Con un título tan egocéntrico parece mentira que di Pace dijera “escribir es un trabajo contra el ego de uno mismo”. Pero, ¿qué otra cosa iba a decir alguien que enseña a quienes quieren aprender a escribir? A la gran obra se llega por medio del ensayo y error y en medio de ese aprendizaje es recomendable pasar los textos por el ojo revisor de un amigo, un familiar o un crítico. Capaz que no siempre nos gustarán las opiniones que otros tengan de lo que nosotros habíamos escrito. ¿Y qué? ¿Debe eso desanimarnos para continuar creando? Ni mucho menos. Aunque, como dijo Tito Cosa, “la gran escena escrita con la ginebra de la noche es una mierda con el mate de la mañana”. No importa. Los resultados llegarán después de muchas probaturas.

Como yo me dedico a escribir, a ustedes les invito ahora a leer unos versos míos que han nacido en Buenos Aires este diciembre de 2012. Ya están avisados de que me pueden criticar si quieren pero no por eso harán que pierda el ánimo de seguir ficcionando.

EXTRAÑAR TUS DEDOS (FRAGMENTO)

He quedado con vos

para soñar tus labios

para contar tus años

y rejuvenecer contigo.

[…]

Voy a quedar sin vos

para esperarte

para extrañar tus dedos

para cantar la ausencia

de tu frente.

Buenos Aires (935)Salí de Sudeste con una idea que sugiere un cuento y que, ahora que lo pienso, puse en práctica sólo media hora más tarde. ¿Casualidad? También salí de Sudeste con una bolsa llena de libros. Todos ellos de autores argentinos: Tres Jueces para un Largo Silencio de Andrés Lizarraga; El Señor Galíndez de Eduardo Pavlovsky; El Oro de los Tigres de Jorge Luis Borges; Libros Sin Tapas de Felisberto Hernández; Todos los Fuegos, el Fuego de Julio Cortázar; Boquitas Pintadas de Manuel Puig; y Los Siete Locos de Roberto Arlt. Esta larga colección de literatura argentina añade un problema más al sobrepeso de mi equipaje para el retorno a Sevilla. Ya veremos cómo me apaño.

La noche siguió en La Boca (que no en La Bombonera), terminó en Barracas en casa de unos amigos y mientras esperaba el colectivo en parque Lezama, unos fuegos artificiales me recordaron que habían pasado por Buenos Aires Serrat y Sabina.

El guerrero

Ojear libros ajenos es un pasatiempo bastante entretenido. Hace ya varios días que cayó en mis manos El Oráculo del Guerrero de Lucas Estrella. Apenas leí un capítulo. Se trata de una especie de libro de consulta que aconseja al lector o guerrero qué hacer en determinadas situaciones. La dinámica consiste en sacar un número al azar y leer el capítulo correspondiente después de haber realizado una pregunta.

Yo me salté la pregunta y agarré un número que resultó ser el del día de mi nacimiento. Fui al capítulo en cuestión y leí el título del mismo: “El guerrero disfruta del vino y de las mujeres”. Pensé; “Ya estamos”. Sin embargo, tras leer las recomendaciones del oráculo sentí que podía aplicar a mi vida algunas de sus frases.

Empezaba diciendo: “Ahora es el tiempo de desbocarse, de derrochar placeres, no de escatimarlos”. Y en eso estoy desde que llegué a Buenos Aires. También estoy sintiendo “el vértigo de la noche que te llama a extraviarte en ella y sus mil oscuras caras” pero volviendo “a tu alcoba noche tras noche”.

Dice más cosas el oráculo sobre la mujer, pero eso me lo guardo para mí sin afirmar ni desmentir que esté siguiendo sus indicaciones en ese aspecto. En lo que sí estoy totalmente de acuerdo es en que “durante tu enajenación sólo una cosa: […] Que algo, un mínimo de conciencia y dignidad quede encerrada en ese espacio. Eso significará para ti el puente entre la muerte y el control del carruaje cuando hayas llegado al borde del precipicio. […] Luego deberá venir el tiempo de sentarse y reorganizar los ejércitos. Sólo así podrás seguir en la senda.”

De modo que este guerrero está disfrutando hoy sin dejar de tener un ojo en el mañana cuando haya que tomar decisiones estratégicas para no perder el camino.

Una cebolla de cine

La cruda cebolla es un cortometraje realizado por alumnos de la Universidad Austral de Buenos Aires como un trabajo de clase de la asignatura Taller de Realización Audiovisual. Pero La Cruda Cebolla no es sólo el 10 que el profesor les puso a los alumnos que hicieron estos seis minutos de cine casero. Es una breve y sorprendente muestra de lo que se puede hacer con una pequeña cámara de vídeo, una buena idea y un equipo de rodaje entregado.

Digo sin exagerar que fue un placer asistir al estreno de este corto que terminó ganando el premio al mejor sonido y a la mejor fotografía (a la catalana Vanessa Roca) en La Noche de las Estrellas de la Universidad Austral. Para mí, fue el mejor de los trece cortos que se proyectaron.

Esta minipelícula de Aranzazu Larrinaga, basada en un hecho real, es un catálogo de sentidos visuales y sonoros que se colaron en mí desde el primer segundo. Sentado en mi butaca, en esa oscuridad blanca que tiene el cine, presencié entusiasmado los seis minutos de vida y color de La Cruda Cebolla. Al terminar la proyección supe que acababa de ver algo que nunca olvidaría.

El plano del pie de la cocinera, el rostro borgiano de la abuela, la luz amarilla de las velas (todas rectas salvo una) son las imágenes más recurrentes de una ficción que es poesía.

Deporte rey en Buenos Aires

Quizás alguien os diga alguna vez que el deporte rey de Buenos Aires es el fútbol. Os hablarán también de la afición de este pueblo por el rugby, el polo, el tenis o el baloncesto. Nada que ver. El deporte nacional en esta ciudad es colarse en el Subte.

Yo también lo practico. La primera vez lo hice sin querer, sin darme cuenta. No estaba seguro de en qué sentido tenía que viajar dentro de la línea B para llegar a la estación Federico Lacroze desde la estación Medrano. Buscaba un mapa del Subte a mi alrededor, pero no lo encontraba. De pronto vi uno al otro lado de una puerta que me llegaba por la cintura. La puerta estaba abierta. Vi el mapa, iba en dirección correcta. Me di media vuelta y vi que estaba dentro del Subte. Había entrado sin pagar. Era sábado, no había vigilantes ni vendedores en la estación. Vi que otra gente empezó a colarse igual que había hecho yo. Me dije a mí mismo que estaba sentando un mal precedente. Más tarde me enteré de que no.

Los bonaerenses se cuelan en el Subte cada vez que pueden. En ocasiones, hasta los vigilantes te dejan pasar si no te queda plata en la SUBE (la tarjeta recargable con la que se paga el transporte público en la ciudad). Incluso otros pasajeros te avisan de que la puerta está abierta para que te metas sin pagar. Hay personas que anda algunas cuadras hasta estaciones donde es más fácil colarse que en las que tienen al lado de sus casas.

Buenos Aires (794)

Colarse en el Subte es el deporte rey en Buenos Aires, pero también hay otros deportes muy extendidos como son los cortes de luz, de agua o del propio Subte cuando llueve, los cortes del Subte por “manifestantes que impiden el normal desarrollo del servicio”, protestar o defender al Gobierno, dejar la basura al lado de un árbol en plena calle o dudar de la honorabilidad de la Policía.

Deportes hay muchos en Buenos Aires. Deportes sucios como los nombrados en el párrafo anterior y limpios como compartir el mate, hablar con verdadero conocimiento de literatura,  comprar y vender libros usados, tomar facturas para desayunar o compartir taxi o remis con un desconocido para ahorrar plata. Lo importante es practicar alguno y llevar una vida sana.

Español, ¿yo?

Tanto en mi pasaporte como en mi DNI aparece la palabra España. Español es mi nacionalidad, por tanto. Tengo esa condición con sus correspondientes derechos y obligaciones (cada vez más obligaciones que derechos) simplemente por el lugar en el que nací. Otra cosa es el sentimiento.

Me suelo hacer esta pregunta muchas veces. ¿Soy español? ¿Me siento como tal? Los primeros días de diciembre son propicios para que me asalten las dudas. El 4 de diciembre de 1977 mi pueblo salió a la calle a pedir la autonomía que hoy tenemos. El 6 de diciembre de 1978 el pueblo español aprobó en referéndum su Constitución.

No tengo una respuesta clara. Supongo que no me molesta ser español, pero que tampoco me molestaría dejar de serlo. Ahora que estoy tan lejos de mi casa, me siento andaluz por encima de cualquier otra cosa. Tengo la certeza, además, de que Andalucía ha sido y sigue siendo pisoteada por España (o Castilla). Teníamos varias lenguas y una identidad como pueblo que fueron sepultados con la entrega de las llaves de la ciudad de Granada en 1492. Teníamos un Estatuto de Autonomía en marcha cuando se inició la Guerra Civil Española. Teníamos a Blas Infante y lo fusilaron. En nombre de España le pegaron por la espalda un tiro a Manuel José Caparrós en Málaga sólo por colgar en el balcón de la Diputación Provincial una bandera verdiblanca. Tenemos una forma de hablar de la que se mofan constantemente. Tenemos una fama de vagos injustificada que sólo responde a la envidia de aquellos que viven bajo un clima espantoso. Tenemos más de un millón de paisanos repartidos por todo el mundo. Tenemos una tradición de Gobiernos que han ido negociando en Bruselas políticas agrarias que han matado nuestro campo.

¿Y qué nos da España a nosotros? Andalucía no tiene siquiera una voz en el Congreso de los Diputados como la tienen Cataluña, País Vasco, Galicia, Navarra, Aragón, Canarias, la Comunidad Valencia…

¿Me siento español? Sí cuando juega la Roja. Sí cuando veo que la bandera española se torna morada en su tercera franja. Sí cuando las plazas se llenan de indignación. Sí cuando un grupo de gente detiene un desahucio. Sí cuando mi país avanza en sanidad y educación. Sí cuando leo Mortadelo y Filemón.

¿Me siento español? No cuando hablo con un catalán o un vasco. No cuando miro lo que España hizo en América. No cuando con un 30% de paro desde Madrid nadie enciende la voz de alarma.

Sé que soy andaluz, sé que soy sevillano y sé, como Lorca dijo, que estoy más cerca del chino bueno que del español malo.

Mumalá es nombre de mujer

Cada 25 de noviembre se celebra el día mundial contra la violencia hacia la mujer. Este año he tenido la oportunidad de sumarme a los actos que la organización Mumalá desarrolló dos días antes en la mítica plaza de Mayo, centro de todos los centros de Buenos Aires.

Bajo el nombre “Ponete la camiseta contra la violencia hacia las mujeres” Mumalá organizó partidillos de fútbol sala de equipos mixtos en los que jugaron personalidades de la política, la selección femenina de fútbol, la cultura y la comunicación de Argentina.

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Yo llegué después de un largo recorrido en Subte vestido como un futbolista profesional y como el único español que participaba en el acto lúdico-reivindicativo de la plaza de Mayo. Iba para jugar unos 10 minutos, pero terminé la tarde disputando tres encuentros y haciendo de árbitro (o referí) en otros tres o cuatro.

Quiero decir con esto que las Mumalá son mujeres que te hacen partícipe de su lucha. Uno no puede acercarse y ya está. Esta señoras y señoritas saben cómo transmitir el mensaje.

Mumalá (Mujeres de la Matria Latinoamericana) pretende hacer visible a la mujer en los ámbitos en los que aparentemente sólo existe el hombre.DSC_0234 Por otro lado, esta organización de militantes feministas trabaja para que, por ejemplo, en Argentina no muera una mujer cada dos días a manos de un hombre. Por eso una de las invitadas al acto del día 23 fue la diputada Victoria Donda, impulsora de la ley 26.485 para la declaración de Emergencia Nacional en el Congreso de la Nación que pretende prevenir y erradicar todas las formas de violencia hacia la mujer.

En Argentina hay mucho trabajo por hacer para conseguir la igualdad entre hombres y mujeres. En este país se está discutiendo ahora una ley del aborto, un derecho que en España parecía protegido hasta hace poco.

Mumalá está en una lucha en la que también se discute el tema de la trata de personas. En mi opinión, tener una mujer presidiendo un país no necesariamente ayuda a eliminar las desigualdades de género, pero debería ayudar. Igualmente, sin organizaciones sociales como Mumalá, estos temas ni entrarían en la agenda política, ya presida la nación un hombre o una mujer. En todo caso, la violencia de un sexo sobre el otro es un acto repudiable que deberíamos erradicar entre todos de nuestra sociedad.