El cartel de la 3ª Maratón Hispano Argentina lo dejaba bien claro: “No se suspende por lluvia. ¡Te esperamos!”, pero a las 6 de la mañana la tormenta era tan estruendosa que me despertó de golpe. Tenía pensando levantarme una hora después y salir un poco antes de las 8 hacia los bosques de Palermo donde la carrera empezaba a las 9.

Algunos pensaréis, “están locos estos romanos, una carrera un lunes a las 9 de la mañana”. No os precipitéis, los argentinos saben muy bien lo que hacen. Hoy es feriado por el día de la Soberanía Nacional que fue el jueves. Aquí hace tiempo que se celebran las fiestas los lunes como se hará en España a partir del próximo año.

Llovía a mares a primera hora del día pero, por suerte, el cielo se calmó. Incluso había salido el sol cuando llegué al Monumento a los Españoles. A unos doscientos metros de allí estaba la línea de salida. El recorrido de la carrera formaba un total de 10 kilómetros. Sin embargo, en Argentina le llaman Maratón a las carreras populares, aunque la distancia no sea la que recorrió Filípides para anunciar en Atenas el triunfo de Grecia sobre los persas. Así que, aunque sea de mentirijilla, puedo decir que he corrido una Maratón en Buenos Aires.

Después de levantarme a las siete de la mañana un día de fiesta y recorrer media ciudad en Subte (14 estaciones en 2 líneas diferentes), pobre de mí, cometí tres errores en la prueba. El primero fue no llevarme nada de abrigo para cubrirme después de correr. Lo lamenté mucho cuando al llegar vi que habían preparado un guardarropa. El segundo error fue salir demasiado fuerte. Quería ir a un ritmo de 4’30″/km y en los dos mil primeros metros lo conseguí, pero mi velocidad decayó a partir del tercer kilómetro. No demasiado, pues completé la carrera en 48’50” (hubieran sido 45 minutos de mantener el ritmo inicial). Y ahí, en la llegada, me di cuenta del tercer equívoco. El chip que registra el tiempo de los corredores me lo había puesto sobre el pecho, atado al dorsal. Una de las chicas de la organización me aclaró que mi tiempo no quedaría grabado porque el sensor sólo visualiza el chip si lo llevas en el botín. Imagino que oficialmente no habrá constancia de que finalicé felizmente los 10 kilómetros. Lo cual es una lástima porque creo que he sido el primero de mi pueblo. Pero no importa; mis piernas saben que ellas han corrido durante casi 49 minutos sin parar ni un segundo y las he invitado a un relajante baño al llegar a casa.

Al terminar, agotado, un poco frustrado por lo del chip, bebí agua mientras por los altavoces sonaba la sevillana “Yo siempre fui con Triana”. Cuando ya me marchaba de vuelta al Subte de Plaza de Italia, una grabación emitía aquella mítica canción del toro y la luna. Para celebrar este día de hermandad hispano-argentina, os dejo con la voz de oro de Toni López y su grupo Los Centellas.

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