La oferta cultural de Buenos Aires es inabarcable. Desde ayer, por ejemplo, se está celebrando un festival de jazz en el que algunos conciertos son gratuitos, el Centro Cultural de la Cooperación celebra su décimo aniversario, mañana llegan los estrenos a las salas de cine, el sábado hay un concierto a una cuadra de mi casa y, por supuesto, hay miles de propuestas diferentes en las salas de teatro del circuito Corrientes, el off Corrientes y el oficial con el Teatro Colón a la cabeza.

Yo hoy quiero hablar del cine, de una forma no comercial de entender el séptimo arte. Se trata de una serie de salas, no demasiadas, que me recuerdan al Avenida de Sevilla y a lo que, a veces, hace el Ábaco de Camas. Me estoy refiriendo al cine Lorca y al Arteplex, también a las salas del INCAA (aunque a éstas todavía no he ido).

En todos estos cines se pueden ver películas que ni se llegan a estrenar en el circuito comercial. Películas como Y, ahora ¿dónde vamos? de la que hablé hace unos días o como Moonrise Kingdom, que ya tuve ocasión de ver en Sevilla. También se permiten el lujo de reestrenar grandes joyas de la historia del cine como Casablanca y, por supuesto, todo el cine argentino pasa por la cartelera del Lorca, el Arteplex y el INCAA.

Quiero volver al último título que acabo de nombrar. Se cumplen 70 años del estreno de Casablanca. Yo, lo confieso, nunca antes la había visto. Estaba en pecado mortal hasta la tarde de ayer. Creo que no descubro nada si digo que estamos ante una de las mejores películas de la historia. Tendré que ser más personal si quiero transmitir lo que yo sentí al ver Casablanca.

Pues bien, llevo todo el día tarareando la melodía de A time goes by y no puedo ni quiero borrarme de la memoria el rostro de Ingrid Bergman como pasado por un filtro de seda mirando al sentimental de Humphrey Bogart.

A pesar de ser una ficción, creo que jamás había sido testigo de una historia de amor tan verdadera. El cine tiene estos logros. Que los siga manteniendo depende, en gran parte, de que existan salas no comerciales como el Lorca, el Arteplex y el INCAA en Buenos Aires o el Avenida en Sevilla.

Siempre nos quedará el cine no comercial.

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Un comentario sobre “El cine no comercial

  1. Digamos que el apelativo de clásico no suele regalarse. Y si alguna película es digna de representarlo con letras de oro….Seria esta. Obra maestra sin duda. SAludos

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