Hoy he sufrido los efectos del jet lag. Puse el despertador anoche a las 8 de la mañana pero estaba muy cansado, así que decidí dormir un par de horas más y cambié la alarma a las 10. Se me olvidó activar el botón de nuevo, de modo que a las 10 la alarma no volvió a sonar. Al final desperté pasadas las 12, desayuné, arreglé mis cosas en el armario, me puse un rato con el ordenador y volvió a entrarme sueño. Creo que me dormí a eso de las 2 y pico y no me levanté hasta las 6.

Luego salí a hacer una compra de cosas que me faltaron ayer como espuma de afeitar, miel y azúcar (me equivoqué y compré edulcorante, no sabéis lo difícil que es comprar cuando no conoces ninguna marca). La compra la hice en un supermercado chino. Aquí los negocios chinos son diferentes a los de España (ésos que yo tanto critico). Los dueños son chinos pero los productos no y los precios no son desleales con la competencia. Me queda por averiguar si tienen los mismo horarios, aunque lo dudo. Aquí la gente sale de trabajar a las 6 de la tarde, que es la hora pico (hora punta) y no a las 8 como en España.
Hice un poco más tarde una nueva salida para distraerme un poco. Estuve andando desde mi calle (Jerónimo Salguero) hasta que decidí cruzar en una calle al azar que resultó ser Juan Domingo Perón. Continué por Medrano (paralela a mi calle) y crucé luego en Avenida Rivadavia.

Así estuve caminando un rato, viendo qué negocios hay cerca de mi casa. En el camino recargué el móvil, así que ya tengo un teléfono o celular argentino disponible. Pero lo mejor vino a la vuelta, porque paré en un sitio que vende empanadas para la calle y compré media docena (sí, no conozco el hartazgo). En mi defensa he de decir dos cosas: las empanadas criollas son uno de los pequeños placeres culinarios de Argentina y tampoco me las comí todas. Guardé dos, la vegetal y la de humita (maíz). En la foto podéis ver las que no me comí. Faltan las otras cuatro, que eran de pollo, de carne picante, de queso y jamón york y de roquefort.
Después de la cena, mi compañero de piso me ha dibujado un mapa de la zona

 en la que vivimos. La verdad es que no es difícil manejarse por Buenos Aires porque es una ciudad hecha en cuadrícula. El problema son las distancias. Si quiero ir a correr al Parque Centenario o al Parque Las Heras, tendré que andar dos kilómetros.
Precisamente por las distancias no he ido hoy a una cena a la que me habían invitado en San Telmo. Apenas llevo dos días y necesitaba utilizar el ómnibus para llegar hasta allí. No quería perderme, así que he aplazado la visita a San Telmo para otro día a poder ser en horario diurno.
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