Yo he ido

15-J Yo fui. Yo y miles de béticos más, (al menos cuarenta mil y es posible que hasta sesenta). Por su dignidad y su futuro yo me concentré a los pies de la Giralda para reclamar un Betis de los béticos, el Betis de siempre. Ese equipo perdedor que me regaló mi padre. Ese equipo del que somos manque pierda y también manque gane. Hoy he leído que José de la Tomasa dijo una vez: “Me hice del Betis para perder. Para ganar ya están los bancos”.

José de la Tomasa estuvo en el histórico 15-J, al igual que Jesús Quintero (dueño de sus silencios), Manu Sánchez (Manu, lee mi libro, ayer me lo prometiste), Rafael Gordillo (o cómo decir Dios), Curro Romero (Currobetis), Alfonso Jaramillo (casi tan antiguo como el Betis), Emilio Carrillo, Juan “capitán” Ureña, Vlada “flacucho” Stosic, Hristo Vidakovic, el entrañable José Mari (no el palangana, sino el que vino del Barcelona), Alabanda, héroe López, Cardeñosa (o cómo decir diez), Poli Rincón (o cómo decir gol), Antonio Biosca (ídolo en mi querido San Juan de Aznalfarache), José Manuel Soto que lo dijo todo, Rafa Serna, Pascual González, Jaime Raynaud, Joaquín Parra, Kiko Veneno (vetado por el club, venerado por los béticos), Quino, José Rodríguez de la Borbolla, el médico Víctor López, Jaime Quesada, Ramón Moyano, presidente del Écija, Roberto Ríos (o cómo sacarle dinero a la cantera por única vez en diecisiete años de gestión loperista), Francisco Lola (cómo me hizo reír en su época con Los Morancos), los hermanos Vázquez, hijos del antiguo socio número uno del Betis… Todos ellos y todos los hijos del Betis, del auténtico. Porque, como dijo Gordillo, “Siempre ha habido béticos. Ahora también hay loperistas” y, claro, ésos últimos no estuvieron.

Uno que no pudo estar pero que no por eso dejó de ser aclamado fue Lorenzo Serra Ferrer. De Mallorca vino él dos veces para hacernos un poco más grandes y para hacerse grande a sí mismo. La última vez se fue diciendo: “El Betis será lo que quiera Lopera”. Pero el beticismo se ha cansado de que su equipo sea lo que quiere su máximo accionista.

Hubo una época en España en la que no se podía reivindicar nada. Guillermo Summers, otro bético, reflejó aquella etapa en una viñeta en verdiblanco. La Policía disolvía una manifestación a golpes y un manifestante, un amante de la libertad, un resistente, gritaba: “Viva el Betis manque pierda”. Como en aquella viñeta, ayer entre la Plaza Virgen de los Reyes y la Plaza Nueva gritar Viva el Betis manque pierda era como gritar Libertad.

Una pancarta rezaba: “Lopera, no te quiere ni el Gran Poder”. Y todos le dimos la razón, el Señor de Sevilla no puede querer a quien se cree el Señor del Betis. Mientras una cantidad de béticos mayor a la que salió a celebrar la Copa del Rey de 2005, ésa que Lopera secuestró en su casa durante un año, le gritaban al máximo accionista que su tiempo ya ha pasado y que no le queda otra que marcharse, el Consejero Delegado se recluyó en su casa de la calle Jabugo, sosteniendo su organigrama de chóped y emitiendo una nota de prensa en la que dijo lo de siempre. Y la transmitió a través de la radio oficial del club, ese medio de comunicación en el que yo tomé mi alternativa periodística.

Sí, porque yo que fui el 15-J, empecé en Radio Betis y trabajé por amor al arte (al arte bético) durante más de un año y al final salí por mi propio pie orgulloso de haber hecho feliz a algunos béticos, de haber entrevistado a algunos béticos, de haber dado su primera oportunidad radiofónica a mis amigos béticos Antonio Moreno, Laura Montes y Pepe Oropesa y de haber hechos nuevas amistades béticas como Reyes Aguilar y Nuria Tomás. Y de otras cosas y personas inconfesables.

Y yo que fui el 15-J y que trabajé en Radio Betis renegando de Lopera desde 1999, cuando me di cuenta de quién era semejante personaje, antes de salir ayer de mi casa enfundado en las trece barras de mi corazón verdiblanco, sintonicé Radio Betis por primera vez en cuatro meses (por primera vez desde que abandoné ese barco) y escuché estupefacto mi voz de bético dirigiendo un programa que ya no existe. O tengo el don de la ubicuidad o mucho me temo que Lopera, a través de sus pretores, se sirvió de mi voz de bético en una redifusión con sonido de disco rayado para no dar la cara, para no dar la oportunidad de decir: Aquí estamos, Lopera; pero sin poder evitar que dijéramos: “Aquí estamos, Betis. Por tu dignidad y tu futuro”.

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Graduados

GraduadosHan pasado cinco años desde que pisamos por primera vez la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. Un lustro da para mucho, pero la carrera universitaria tiene que terminar en algún momento y los que aparecemos en esta foto ya enfilamos la última recta.

Ahí estamos los siete de siempre, los que a pesar de todo hemos seguido juntos. La vida nos lo va a poner cada vez más difícil para mantenernos unidos, pero si no lo conseguimos no será porque dejemos de intentarlo. Estoy seguro de que los siete tenemos el firme propósito de seguirles la pista a los otros. Ahora tenemos que sustituir las cabinas de edición digital, las aulas de la tercera planta, los despachos de la cuarta y el parque de atrás por otros lugares de mayor interés cultural y turístico. Desde luego es una ventaja que nuestros próximos encuentros vayan a realizarse bajo los efectos de la cerveza sin los agobios de los plazos de entrega de prácticas o las fechas de exámenes.

Somos siete en esa foto y cada uno tiene su historia. De izquierda a derecha: Verónica Martín, Anicha Olivares, Begoña Quinteiro, Julio Martínez, Margarita Pérez-Calderón, Inma Luna y José Ibáñez, un servidor. No voy a extenderme demasiado. Trataré de ser breve resumiendo cinco años en una frase que explique mi vinculación con cada uno.

Vero es como un rayo de luz, brillante y cálida. La primera palabra con la que la relaciono es la ternura. Siempre con un cigarrillo a mano y preparada para irse a Madrid, pero ella sabe que en Sevilla también nos hace falta.

Anicha es la más añorada, siempre pidiendo que le pongamos al día de todo lo que ocurre en el grupo. Desde el principio fue la más loca. Si algo produce su presencia es una sonrisa. Geográficamente es la que tengo más cerca, pero, como todos, está a sólo una llamada de teléfono de distancia.

Begoña es la madre del grupo. Ella lo tiene asumido. También es una idealista. Pero sobre todo es literatura. No es una persona, es un libro. Sus genes están hechos de papel y llevan impresos millones de palabras, pero la primera de ellas es albaricoque.

Julio no quería estudiar periodismo, pero todos nos alegramos de que lo hiciera porque es una suerte haberle conocido. Tiene un pacto con el diablo que le permite lucir moreno todo el año.

Marga es la más competitiva, aunque está claro que en un grupo de amigos no se trata de ganar sino de compartir. Con ella hemos compartidos muchas risas.

Inma se ha superado a sí misma y lo seguirá haciendo toda la vida. Ella es la voz despierta. Para nosotros su nombre está ligado al de Dulce Chacón, lo que demuestra que el grupo también ha funcionado como biblioteca. Rosa Aguilar la ha traicionado, pero yo seguiré fiel a sus ideales revolucionarios. A los de Inma, claro.

De José no voy a hablar, porque ya lo he hecho. Al hablar de mis amigos me he definido a mí mismo. En esta foto estamos siete, los más cercanos, pero en mi lista también están Emilio Antolín, Isabel Barrera, Yéssica Brea, Laura Carmona, Amparo Castilla, Carmen Castillo, Josele Castro, Paco Chacón, Elena Correa, Sara Domínguez, Elena Fernández, Lourdes García, Priscila Gago, Salva Gómez, Pepelu Jiménez, Lola Jurado, María Lobo, José Mari López, Juan López, Nada Kahfi, Chiki Mancera, Gloria Martínez, Manuel Minero, Laura Montes, Gema Moreno, Inés Muñoz, Violeta Muñoz, Pepe Oropesa, Fran Orta, María Pachón, Miguel Pérez, Marala Persán, Flora Picón, Manu “Topatilla” y Juanma Walls.

Buen provecho.